Letras Desnudas

Mario Caballero

Lo he dicho en otras ocasiones y creo que nadie discrepará conmigo: la mentira es inherente a la política.

No hay modo en que un político no falsee la realidad a su favor, ya sea para maquillar un dato, ocultar un hecho o impulsar sus aspiraciones políticas. Pero una cosa es que mientan y otra muy diferente que se crean sus mentiras.

Los primeros lo hacen por cinismo, mientras que los segundos para manipular a la gente. Los últimos son peligrosos, más todavía si esos políticos están en el gobierno. Puesto que ellos van en sentido contrario hacia donde se dirige la realidad.

Esta disociación puede acabar siendo muy costosa para la sociedad. Fíjese bien.

Si una región necesita fortalecer a sus policías para recuperar la paz y la seguridad, y el gobernante dice que todo va bien y que la prioridad de su gestión es colocar puentes peatonales; en consecuencia, el tejido social se descompone, estalla una grave crisis de inseguridad, la actividad económica se ve afectada y las familias caen en una profunda incertidumbre. Eso sí, si te asaltan arriba de un puente, puedes admirar desde lo alto un paisaje espectacular.

Carlos Morales Vázquez es un ejemplo de ambos vicios, pero destaca en la segunda descripción: es un peligro.

¿POR QUÉ?

Es el típico político que cree que las personas son tontas. Por eso, insiste tanto en la repetición de un mensaje falso, tratando de que la gente lo acepte sin cuestionarlo. O como decía Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del régimen de Hitler: «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».

Morales Vázquez es cínico nada más por pretender ser nuevamente candidato a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez. Sólo un político desvergonzado y sin el mínimo pudor buscaría volver a encabezar un gobierno para el que demostró no tener los tamaños.

Más allá de eso, es un peligro porque en su cabeza enferma de poder se cree la mentira de que su gestión de seis larguísimos años propuso el desarrollo de la ciudad, el mejoramiento de la imagen urbana y hasta proclama haber tenido un gobierno que se preocupó por la conservación del medioambiente.

Argumenta que su administración le devolvió a la capital del estado la dignidad y eficiencia en los servicios básicos. Pero la realidad siempre pone las cosas en su lugar.

En cuanto al agua potable, los problemas de meses recientes exhibieron que su gestión no les dio el debido mantenimiento a los equipos de bombeo y que no atendió las fugas en las redes de distribución. Por ese motivo, el brazo norte tronó y dejó a decenas de colonias sin agua durante varios días, tiempo en que tardaron los trabajos de reparación.

También se llena la boca afirmando que su gobierno solucionó el problema de la recolección de basura mediante el programa de colocación de contenedores en las esquinas de las calles.

Sin embargo, la supuesta solución sólo tenía efecto en su cabeza. Todos los días, en las redes sociales, cientos de personas se quejaban por la falta de servicio, la acumulación de residuos en las colonias y la insuficiencia operativa de la empresa Veolia para prestar el servicio de recolección.

Para mayor inri, Carlos Morales se olvida de mencionar los jugosos negocios que hizo con esa empresa que se convirtió en la favorita de su administración.

Juzgue usted.

En primer lugar, diversos actores políticos (como la exregidora Adriana Guillén Hernández) y medios locales denunciaron el manejo de los contratos y los pagos elevados a dicha empresa, verbigracia, transferencias mensuales millonarias, reestructuraciones de contratos y el reconocimiento de una deuda inexistente, y esto a pesar de las constantes deficiencias en el servicio prestado a la ciudadanía.

Y hablando de los contenedores para basura, “El Coiteco” adquirió de manera directa mencionados recipientes con Veolia a un precio mayor al de otros proveedores y de una calidad inferior.

Esta adquisición fue un baile de muchos millones de pesos que se ejercieron en total opacidad y violando la Ley de Adquisiciones.

Por si fuera poco, Guillén Hernández documentó las irregularidades y corrupción en la compra de los contenedores y mostró evidencias de los 15 millones de pesos que presuntamente se embolsó Carlos Morales en esa transacción.

Tuxtla no vivió buenos tiempos con Veolia, ni antes, ni después y ni en el gobierno de Morales Vázquez. En esos dos trienios, hubo acumulación masiva de basura y contenedores desbordados por rutas mal ejecutadas o escasez de camiones recolectores. Prueba de ello es que la actual gestión municipal se vio en la necesidad de adquirir más camiones para brindar el servicio de recolección en aquellas colonias y lugares donde esta empresa no podía.

SIN INTERÉS POR LA VIDA

Lo más preocupante en Carlos Morales es su falta de interés por la protección de la vida.

Hoy puede pronunciarse por el cuidado del agua, la preservación del medioambiente y exigir visión de futuro para asegurarles un entorno saludable a las próximas generaciones.

Eso es lo que se llama no tener madre, ni tantita.

Cuando fue secretario de Medio Ambiente en el gobierno de Manuel Velasco Coello, le exigía al Ayuntamiento tuxtleco que revisara y cancelara el contrato con Veolia por la contaminación de los mantos freáticos y los recursos hídricos de la ciudad.

Pero cuando llegó al gobierno municipal, defendió a Veolia a costa de la vida de miles de personas.

Y es que el 23 de abril de 2019, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió la medida cautelar número 1498-18 (Resolución 24/2019) en la que obligaba al Estado mexicano, y por ende al Ayuntamiento encabezado en su momento por Morales Vázquez, a tomar medidas inmediatas ante la situación acreditada de gravedad y urgencia.

Tras diversas investigaciones se descubrió que el basurero a cargo de Veolia había fracturado el suelo de piedra caliza debido al uso inadecuado de explosivos para crear celdas, lo cual derivó en la filtración de masiva e ininterrumpida de lixiviados hacia los mantos freáticos, manantiales y arroyos del ejido Emiliano Zapata, específicamente en el predio San Martín Mujular.

No es todo. La CIDH documentó que el consumo y contacto con el agua contaminada provocó de manera prematura el fallecimiento de al menos 21 personas, todas por cáncer, de las cuales nueve eran niños.

Él simplemente desacató la resolución, demostrando con ello que no le importaba la vida de los habitantes de esa zona y mucho menos hacer justicia por las muertes provocadas.

Es más, obligó a punta de amenazas a Héctor Montesinos Cano, dueño del predio mencionado y uno de los mayores críticos de su gestión, a abandonar Chiapas. En las redes sociales puede ver usted mismo los videos donde el también activista narra lo sucedido y las hostilidades empleadas por Carlos Morales en contra de él y su familia.

ES UN PELIGRO

Si antes se decía que Carlos Morales había sido lo peor que le pudo pasar a Tuxtla; ahora hay argumentos de sobra para comprender que es un peligro.

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