Mtra. María Elena Orantes
La Revolución Francesa marcó un hito en la historia moderna porque buscó la instauración de una sociedad más justa y equitativa; desafortunadamente los derechos de las mujeres no fueron parte de la estructura política y social que devendría de ese movimiento y transformaría a Francia en lo particular y al mundo en lo general. Aunque en ese difícil contexto, Olympe de Gouges se atrevió a desafiar esa exclusión con la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía de 1791 para exigir que las mujeres gozáramos de los mismos derechos que los hombres habían adquirido en 1789. Uno de estas libertades fue la de asociación.
Hasta la actualidad, la valentía de Olympe se sigue reflejando en muchas de nosotras que hemos decidido formar movimientos y organizaciones civiles para abogar por los derechos de las mujeres en sus múltiples acepciones, estas son, superar la brecha de género, romper los techos de cristal, acabar con la violencia hacia la mujer, empoderarlas económicamente y fomentar su participación en la toma de decisiones.
¿Por qué es tan importante el derecho de asociación para nosotras las mujeres? Esta libertad es reconocida como un derecho humano debido a que nos permite asociarnos y organizarnos con otras personas para expresar posturas convergentes o divergentes, defender o promover intereses comunes. Aún más relevante, cuando existen pensamientos o grupos minoritarios, la asociación política desempeña un rol fundamental para protegernos de la discriminación, amenazas o represalias por el simple hecho de expresar dichas ideas.
Los movimientos feministas han sido un claro ejemplo. Históricamente nuestra presencia en la toma de decisiones ha sido subrepresentada, y nos hemos manifestado para promover nuestros derechos, defendernos y cabildear en los parlamentos para impulsar cambios legales. Ejemplos de ello incluyen la manifestación del 6 de abril de 1952, cuando más de 20,000 mujeres exigieron al candidato presidencial Adolfo Ruíz Cortines cumplir su promesa de garantizar el voto femenino en la Constitución mexicana. Otro ejemplo más reciente es el movimiento feminista para la aprobación de la Ley Olimpia que tiene como fin penalizar el acoso digital.
Requerimos continuar incidiendo en la agenda pública, visibilizar los talentos de las mujeres profesionistas y trabajadoras como su impacto económico, además de cuestionar las estructuras que nos imposibilitan participar plenamente y la acción colectiva pacífica y organizada.
Mtra. María Elena Orantes, cónsul general de México en Houston, empresaria mexicana y presidenta internacional de 50+1.










