En el Cruce del Camino
Fernando Castellanos Cal y Mayor
Tengo que reconocerlo: hasta esta semana los Juegos Mundiales Nómadas no estaban realmente en mi radar. Había visto alguna imagen, escuchado alguna referencia, pero poco más. Sospecho que a muchos de quienes leen esta columna les ocurrió lo mismo. En nuestro hemisferio tuvieron poca cobertura y es una lástima porque son extraordinariamente entretenidos: arqueros disparando a caballo, luchas tradicionales, carreras, pruebas de fuerza y competencias ecuestres que parecen una mezcla imposible entre polo, rugby y batalla medieval. Unos verdaderos Juegos Olímpicos de las culturas de la estepa.
Me clavé viendo las competencias y terminé estudiando el mapa. Porque después reparé en quiénes estaban ahí: Vladimir Putin, Xi Jinping, Narendra Modi, Masoud Pezeshkian, Shehbaz Sharif, Alexander Lukashenko y buena parte de los presidentes de Asia Central. Más de veinte jefes de Estado y de gobierno llegaron a Kirguistán. Detrás de los caballos estaba ocurriendo una de las reuniones geopolíticas más interesantes de estos días.
Kirguistán hizo coincidir los Juegos con la cumbre por los 25 años de la Organización de Cooperación de Shanghái, la OCS. Confieso también que no era una organización a la que hubiera seguido con la atención que ahora creo que merece. La integran China, Rusia, India, Irán, Pakistán, Bielorrusia y cuatro repúblicas de Asia Central. No es poca cosa: ahí coinciden potencias nucleares, gigantes demográficos, enormes reservas energéticas y buena parte del territorio que conecta Asia con Europa y Medio Oriente.
Tampoco es, como podría pensarse, una especie de OTAN oriental. India y China compiten; India y Pakistán arrastran una rivalidad histórica; las antiguas repúblicas soviéticas procuran mantener su relación con Moscú sin volver a vivir bajo su sombra. Turquía, presente en Bishkek, pertenece a la OTAN. Lo interesante es precisamente eso: no necesitan pensar igual para sentarse a negociar lo que les conviene.
Y no fueron solamente discursos. La cumbre dejó 28 documentos sobre seguridad, narcotráfico, crimen organizado, energía, inteligencia artificial, infraestructura y logística. Avanzaron proyectos de corredores y centros logísticos y continúa la discusión para construir instrumentos financieros propios. Ahí está buena parte de la historia. Un ferrocarril deja de ser solamente transporte cuando abre una nueva ruta entre China y Europa; un banco adquiere otra dimensión cuando permite financiarse reduciendo la exposición a sanciones occidentales.
No creo que estemos viendo nacer un bloque contra Occidente. Me parece algo bastante más interesante: países que quieren depender menos de él sin tener que romper con él. India puede acercarse a Estados Unidos y seguir comprando petróleo ruso. Turquía puede pertenecer a la OTAN y acercarse a la OCS. Asia Central puede recibir capital chino y buscar al mismo tiempo inversión europea. Rusia necesita demostrar que las sanciones la golpearon, pero no consiguieron aislarla. Y China parece entender mejor que nadie que no necesita convertirlos a todos en aliados; le basta con convertirse en un socio que ninguno pueda ignorar.
La guerra en Ucrania inevitablemente apareció en esas conversaciones. No hubo acuerdo de paz ni una ruta formal para terminarla. Modi volvió a hablar con Putin sobre una salida negociada y Turquía mantiene esa peculiar capacidad de conversar tanto con Moscú como con Kiev. Hay, sin embargo, un elemento que vale la pena seguir: algunos de los países que permitieron a Rusia amortiguar el aislamiento occidental tienen también razones económicas y políticas para que la guerra termine. Putin necesita a China y a India, y esa necesidad les concede una influencia que otros interlocutores no tienen.
Cuando creía que ahí terminaba la historia, Xi Jinping tomó un avión rumbo a Egipto.
No visitaba ese país desde hacía diez años y el recorrido terminó de acomodarme las piezas: de Bishkek a El Cairo, de Asia Central al Mediterráneo, de las rutas terrestres de Eurasia al Canal de Suez. Xi acababa de encontrarse con buena parte del poder euroasiático y horas después se sentaba con Abdel Fattah el-Sisi, presidente de uno de los principales socios militares de Estados Unidos en Medio Oriente.
Egipto no está cambiando Washington por Pekín. Está diversificando. China lleva años invirtiendo en infraestructura, industria y energía alrededor de Suez, y durante esta visita se profundizó la cooperación económica y tecnológica. Xi habló incluso de una mayor participación de los propios países de Medio Oriente en la construcción de su seguridad regional.
Ahí encontré el hilo entre Bishkek y El Cairo.
Durante décadas entendimos la política internacional en términos de pertenencia: se estaba de un lado o del otro. El mundo que empieza a aparecer funciona distinto. India puede tratar con Washington y Moscú; Turquía con la OTAN y la OCS; Egipto con Estados Unidos y China. No estamos frente a un mundo posestadounidense ni ante uno dominado por Pekín. Estamos frente a uno donde cada vez más países quieren tener varias puertas abiertas.
Quizá por eso los Juegos Nómadas terminaron siendo una metáfora mucho mejor de lo que imaginé cuando comencé a verlos. Los pueblos de aquellas estepas sobrevivieron durante siglos aprendiendo las rutas, negociando con distintos imperios y convirtiendo su ubicación entre grandes potencias en una ventaja. Hoy Asia Central parece estar redescubriendo exactamente ese valor.
Y Xi hizo algo parecido. No salió de Bishkek anunciando un nuevo bloque ni llegó a Egipto pidiendo romper con Estados Unidos. Simplemente siguió conectando puntos: Asia Central, Rusia, India, Suez, Medio Oriente y África.
Yo llegué esta semana por los caballos y las competencias. Terminé mirando ferrocarriles, petróleo, guerras, puertos y alianzas.
Y quizá esa sea la imagen que me llevo de Kirguistán: el mundo no está cambiando de dueño; está aprendiendo a tener más de uno con quien negociar.
Habrá que acostumbrarnos a mirar esos lugares que durante demasiado tiempo nos parecieron lejanos. Algunos de los caminos que definirán las próximas décadas ya comenzaron a trazarse por ahí.
Y tarde o temprano también nosotros tendremos que decidir cómo queremos llegar a ese nuevo cruce del camino.










