El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
- La palabra racionalización es peligrosa. Lo que tenemos que hacer es analizar racionalidades específicas, en lugar de invocar siempre el progreso de la racionalización en general.
Michel Foucault
En lo que llevamos de esta década se ha incrementado considerablemente el número de canales de You Tube dedicados a difundir el análisis filosófico en idioma castellano. Los espacios televisivos de los argentinos Ricardo Foster o José Pablo Feinmann, cuyas temporadas completas pueden verse y descargarse en ese sitio web, fueron el parteaguas de esta forma de difundir la filosofía en los albores de este siglo.
Con el paso de los años surgieron otros canales que consolidaron formatos biográficos, para hablar sobre un pensador en particular; monotemáticos, para explicar un tema relevante; bibliográficos, orientados al análisis de una obra en particular; conferencias, que generalmente provienen de espacios académicos; y otros que varían en su tiempo de duración y complejidad en el proceso de producción.
Muchas producciones son sencillas y el filósofo youtuber que se ha adaptado al medio tecnológico, algo que no sería propio para los materialistas históricos, hace uso de su dispositivo móvil en modo selfie para grabarse y subir posteriormente el contenido al sitio web. También hay canales consolidados que son fruto de un equipo de producción integrado por escritores, camarógrafos, iluminadores, editores y quienes controlan las cámaras desde un mixer.
Los gastos de producción que sirven para consolidar la visibilidad de un filósofo youtuber se aseguran con la monetización del canal y para lograrla esta plataforma exige que haya al menos cuatro mil horas de reproducción en un año y tener cautivos a más de mil suscriptores. Desde esta perspectiva hacer filosofía desde un canal de You Tube, sería un acto imperialista propio de las industrias del entretenimiento, pero también es imperativo poner en la mesa la pertinencia de difundir contenidos distintos.
Generalmente, los conductores de esos espacios, explican con apoyo de recursos audiovisuales los temas que fueron del interés de ciertos filósofos y analizan temas que pueden ser sustantivos para el público; al no haber retroalimentación inmediata, ésta se hace en el espacio dedicado a los comentarios. En el libro La filosofía y el barro de la historia, José Pablo Feinmann, expresó que ésta debía sacarse de las aulas, llevarla a la calle y a los medios; su programa Filosofía Aquí y ahora, influyó notablemente para que muchos pensadores se animaran a explorar You Tube y otras redes sociodigitales como Tik Tok para crear contenidos.
En ese ámbito destacan personajes como Darin McNabbn, Darío Sztajnszrajber, Sofía Mónaco, Nicolás Zavadivker, Silvia Castro García, Ernesto Castro, entre otros que con su estilo promueven un consumo digital distinto, ya que es el entretenimiento en sus inagotables manifestaciones lo que lamentablemente predomina en la internet. A fines del siglo pasado Neil Postman apuntó con claridad que vivimos en un mundo con exceso de información y que las nuevas tecnologías cambiarían lo que hoy entendemos por verdad.
Sin embargo, no todo es luz en ese ámbito, ya que poco a poco fue invadido por personajes que aseguraban hacer filosofía, cosa que no era tal. Basta con ver sus producciones para darnos cuenta que su dominio de los temas o la interpretación de los filósofos es cuestionable. You Tube se llenó de intelectuales de ocasión, ideólogos improvisados y de entusiastas expositores apoyados por inteligencias artificiales para exteriorizar sus sofismas y falacias.
Esto es una muestra más de cómo el acto auténtico de divulgar el pensamiento filosófico, de pronto tuvo ante sí a sujetos que no tienen otro propósito que venderse como sujetos portadores de la verdad simplemente para monetizar. El capitalismo devora todas las experiencias auténticas y la internet las convierte en parte de un espectáculo que tiene sus propios entramados, contradicciones y conflictos derivados de la búsqueda de poder.
En ese mundo tecnócrata, lo que se define como amor por la sabiduría quedó atrás para dar paso a un show de entes que más que abrirse al debate para ampliar los horizontes cognitivos de sus seguidores, se limitan al desprestigio y la difamación mutua, a la denostación de las ideas ajenas, a la impostura de sus prejuicios y, sobre todo, a mantenerse en una especie de perifilosofía, es decir, hablar superficialmente sobre el objeto de su atención y no de las profundidades de éste.
Es imperativo cuestionar en qué se basan estos sujetos para asumirse como portadores de la verdad y acusar a la no poca competencia de ser generadora de interpretaciones erróneas de los temas y de los personajes abordados. La filosofía ha sido invisibilizada y lo que queda de ella en esos canales de videos es insuficiente para cuestionar al sistema, ya que lo que predomina es una hegemonía intelectual donde mandan los menos inteligentes.
En su momento, Gramsci afirmó que toda la cultura era un reflejo de la ideología burguesa y quienes gustan de ver estos canales de video tienen ahora la tarea de separar quién está creando contenidos verdaderamente filosóficos y quién o quiénes reproducen su superficialidad. Estos últimos están en una jaula de oro adorando su propia esclavitud, ya que la fama y la monetización de sus posverdades, les impide verse tal cual son: entes que no exploran las profundidades de su mente.
Esos canales pueden ahorrarnos la tarea de leer un libro o de comprender plenamente a un pensador; por el contrario, nos llevan a un mundo que es antítesis de la sabiduría, donde es más válido aparentar ser intelectual que atreverse a analizar en su completitud lo que implica ser y estar en este mundo.










