México: AMLO y su amarga victoria en las elecciones del 6 de junio (SEGUNDA PARTE)

México: AMLO y su amarga victoria en las elecciones del 6 de junio (SEGUNDA PARTE)

 

Manuel Aguilar Mora

La resurrección del PRIAN

Después de tres años de estar borrados (y en especial en la Ciudad de México) por los resultados de las elecciones del 2018 el PRIAN y en menor medida el PRD volvían triunfantes en el mismo centro de la región que se consideraba inexpugnable, dominio completo del obradorismo. Y no sólo eso, todos los municipios densamente poblados conurbados con la Ciudad de México en la zona poniente (la “azul”) del Estado de México (Tlalnepantla, Naucalpan, Atizapán, los Cuautitlanes, Coacalco, Huitzilucan) también se inclinaron por el PRIAN. Fue como un terremoto político: la zona más poblada del país, el (mal) llamado Valle de México asentamiento de más de 22 millones de habitantes (casi 9 millones de la Ciudad de México y 13 millones del Estado de México) se estremecía electoralmente.

Pero de hecho esta resurrección del PRIAN no se debe tanto a sus méritos y potencial propios, sino que se explica ante todo por la errática y desastrosamente fallida política obradorista.

En realidad, tales resultados no representaron sorpresa para quienes habían seguido con atención crítica las políticas del obradorismo, en especial precisamente sentidas en esta región, principal centro social, económico y cultural de la república mexicana. 2019 y 2020 fueron años de profundas crisis dominadas primero por la recesión económica que se manifestó desde 2019 y después convertida en una depresión brutal, la peor en más de 90 años, coincidente con la emergencia sanitaria planetaria del Covid-19, cuyo impacto fue muy fuerte en el país. Millones de desempleados, cientos de miles de pymes en bancarrota o de plano liquidadas, millones de personas caídas en la pobreza y la pobreza extrema y ante tal colosal conjunto de crisis un gobierno insensible al sufrimiento y dolor que se apoderó de vastos sectores sociales con la detonación de la pandemia muy torpe e irresponsablemente manejada durante los primeros meses por un sistema de salud pública descuidado e infra financiado. Insensibilidad gubernamental demostrada con la puesta en práctica de una contraindicada política de austeridad y no anticíclica, lo cual pronunció más que amortiguó la ruptura social.

Ha sido igualmente en la Ciudad de México en donde el presidente y el obradorismo recogen las viñas de ira de una población muy descontenta con el gobierno morenista pues durante los tres años de su dominación no se ha producido ningún cambio sustancial en la vida social e incluso han surgido nuevos problemas y conmociones trágicas. De los aspectos sociales más relevantes destaca la persistente e implacable violencia homicida, 2019 y 2020 superan las cotas de homicidios de los años anteriores y en 2021 las tendencias de los feminicidios, de los asesinatos de periodistas y del aterrorizamiento y asesinato de inmigrantes no ceden.

El colapso en la estación Olivos

Pero el hecho conmocionante que en gran medida actuó como el detonante decisivo del gran malestar de la población de la Ciudad de México con los gobiernos de los dos palacios gubernamentales del Zócalo, tanto el nacional como el de la ciudad, fue sin duda el colapso del tren de la Línea 12 del Metro en la estación Olivos el 3 de mayo, casi un mes exacto antes de la fecha de las elecciones.

La importancia fundamental de este hecho para explicar la derrota morena en la Ciudad de México se debe a la secuela de acontecimientos que marcaron y marcarán los próximos meses la vida de la ciudad. El colapso de la línea 12 del Metro, bautizada como la Línea dorada por Marcelo Ebrard quien era el jefe del gobierno de la ciudad cuando se construyó en el periodo de 2008-2012, está siendo el origen de comentarios de todo tipo en la opinión pública, fuertes controversias entre funcionarios, conflictos interburgueses y un descontento masivo de la población. Es un hecho que tuvo un efecto decisivo en la votación del 6 de junio. La pregunta que surge de inmediato es ¿por qué la tragedia ocurrida precisamente entre las estaciones Tezonco y Olivos, en la exacta línea divisoria de las dos alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa en el corazón mismo de la zona proletaria del oriente de la ciudad, no se reflejó el 6 de junio con un castigo electoral a Morena en dichas alcaldías?

El desastre que costó 26 muertos y más de cien heridos muchos de ellos de gravedad cayeron en plena víspera electoral completamente en el campo obradorista que impidió que el presidente recurriera a su clásica fórmula de que era una herencia de los gobernantes antecesores del PRIAN. Su construcción fue durante el gobierno de Ebrard, Miguel Ángel Mancera su sucesor se encargó de apreciar sus deficiencias y suspendió su servicio durante más de un año y finalmente el colapso tuvo lugar en los días actuales durante la jefatura de gobierno de Claudia Sheinbaum.

Esta Línea 12 ahora popularmente rebautizada como “maldita” será el centro de pugnas políticas ya directamente vinculadas a la sucesión presidencial de 2024 que los resultados electorales del 6 de junio han puesto de relieve debido a que los dos personajes que venían siendo más señalados del entorno presidencial como sus posibles sucesores son precisamente Ebrard y Sheinbaum, quienes son también los más directamente tocados por la tragedia de la estación Olivos.

Ya las comisiones técnicas, incluida una especial noruega contratada por el gobierno de Sheinbaum, que investigan las causas de la ingeniería civil que produjeron el colapso han comenzado a dar sus primeros resultados, los cuales se filtraron al The New York Times que los dio a conocer mundialmente en su edición del 13 de junio.

Se trata de un informe preliminar, una Fase 1 de otras dos que vendrán los próximos meses. Dice que el accidente fue por una falla de origen estructural, deficiencias en procedimientos y tecnologías en la obra; refiriendo detalles del proceso en el anclaje de trabes de diverso origen en calidad y material, pernos Nelson mal colocados, soldaduras mal hechas, uso de diversos tipos de concretos y cuestiones de fallas de construcción inverosímiles. Señala a Marcelo Ebrard como el promotor de la obra que insistía en su rápida construcción para inaugurarla antes del término de su gobierno y a la constructora Carso propiedad de Carlos Slim, el capitalista más rico de México, como la responsable de las fallas de ingeniería a las que se atribuye el desastre.

Apenas un mes transcurrió entre la tragedia del Metro en la estación Olivos y las elecciones. Iztapalapa y Tláhuac, junto con las demás alcaldías del oriente de la ciudad son el origen del apoyo masivo a Amlo desde hace más de dos décadas. El castigo a lo ocurrido el 3 de mayo en la frontera entre Tláhuac e Iztapalapa ya comenzó incluso en estas alcaldías, aunque su expresión no ha sido tan evidente como en las alcaldías del poniente. Tardíamente, pero con seguridad también se expresará allí contundentemente en la medida que las estelas de la crisis de Morena se desplieguen con toda su fuerza. Y esta crisis ya en pleno desarrollo anuncia rupturas y configuraciones que tendrán consecuencias en la recomposición de las fuerzas de izquierda del país tanto de izquierda la institucional como de la revolucionaria.

La crisis del obradorismo

El cambio político que han provocado estas elecciones se ha sentido de inmediato. Es un cambio profundo, rupturista. Morena sin los aliados no puede apoyar exitosamente a Amlo en sus iniciativas de reformas constitucionales. Y sus aliados no son exactamente confiables. EL Partido del Trabajo, al que no le ha ido bien el 6 de junio, ya ha demostrado en estas mismas elecciones que se puede unir con el PRI si así le conviene. Pero el más dudoso aliado es el Partido Verde, un partido que se ha unido con el mejor postor desde su surgimiento hace treinta años: se ha unido con el PRI, con el gobierno panista de Fox y hoy es el principal aliado con su buena cosecha de diputados, de Amlo quien en 2015 lo definía crudamente como un partido de “juniors, mañosos y corruptos”. Para lograr los 334 votos que necesita para sus objetivos reformistas constitucionales Amlo está dispuesto a cortejar hasta a los priistas que se dejen. Todo es posible en el pantano de los diputados y senadores burgueses y pequeños burgueses que integran las dos cámaras legislativas. Así a la Cuarta Transformación tan grandielocuentemente presentada por Amlo como la heredara de las hazañas épicas de la Reforma de Juárez y la Revolución de 1910 le esperan tiempos prosaicos en los que su destino dependerá no del heroísmo épico de próceres combatientes sino del vulgar mercadeo parlamentario burgués.

Por su parte Amlo también ya está anunciando cuáles son sus objetivos “reformistas”: una reforma electoral para hacerle pagar a los funcionarios del INE las humillaciones a las que sometieron a varios candidatos frustrados de Morena, la conversión de la Guardia Nacional en un cuerpo militar directamente controlado por el ejército, lo cual ya era un hecho y se quiere “legalizar” y finalmente la tercera reforma constitucional para detener la completa privatización de la industria eléctrica.

Como se aprecia son aspiraciones muy alejadas de cualquier transformación de régimen, de un objetivo o hazaña de calibre histórico. Sólo anuncian una mayor y peligrosa militarización del país, un retroceso de los derechos electorales y cualquier intento de enfrentarse a los grandes consorcios de la industria eléctrica transnacional sin el apoyo firme y militante de los trabajadores electricistas y de los usuarios populares de la Comisión Federal de Electricidad será una meta absolutamente ilusoria.

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