• Spotify
  • Mapa Covid19

Nadie gana ni pierde todo

Razones

 

Nadie gana ni pierde todo

 

Jorge Fernández Menéndez

El domingo en la noche todos se declaraban ganadores. Sobraban gobernadores, alcaldes, diputados. La realidad es más fría y a veces más cruel: ninguno de los líderes de los principales partidos acertó en sus previsiones y su futurismo, todos ganaron y perdieron posiciones importantes, no hubo carro completo ni tampoco desplome del oficialismo, el país sigue estando alejado de blancos y negros y compuesto por una amplia gama de grises, nadie ganó todo ni tampoco lo perdió y los nuevos equilibrios confirman que lo que se demanda son soluciones, respuestas a los problemas concretos que vive la ciudadanía y no retórica ideológica.

Morena conservó, con sus aliados, la mayoría en la Cámara de Diputados y el presidente López Obrador podrá tener el margen de gobernabilidad que no tuvieron muchos de sus antecesores. Pero quedó muy lejos de conservar lo que ambicionaba, que era la mayoría constitucional. Incluso la mayoría de la que gozará desde septiembre termina dependiendo seriamente del partido Verde que también se quedó con cartas para jugar en su propio beneficio y con amplias parcelas de poder: una gubernatura, San Luis Potosí, la mayoría de las diputaciones en Chiapas y unos 45 diputados federales. La elección federal para Morena no ha sido buena y se refleja en la pérdida de casi 50 diputaciones respecto a 2018. La lucha interna en el partido, sumado a todo lo que implican estos resultados para el proceso de sucesión, determinará mucho del futuro interno del partido en el poder, donde hay quienes que perciben lo que sigue siendo un triunfo como una suerte de derrota.

Extendió Morena sin embargo su control territorial y ganó estados, algunos de ellos que parecían perdidos. El caso más notable es Baja California Sur que todas las encuestas daban con amplia ventaja para el PAN y si finalmente se confirman los resultados del PREP, ganará por la mínima Campeche. Hizo una buena elección ganando mucho más desahogadamente de lo que se esperaba en Baja California, Sinaloa y Sonora, pero perdió en forma estruendosa en Nuevo León, en San Luis Potosí, en Guadalajara y por supuesto en la ciudad de México.

El PAN hizo una buena elección junto con sus aliados del PRI y PRD ganando sobre todo alcaldías capitalinas, pero perdió inexplicablemente (en realidad por autoconfianza y falta de operación) Baja California Sur y San Luis Potosí. Ganó Chihuahua con Maru Campos, pero su mayor enemigo fue el todavía panista Javier Corral. En antiguos feudos panistas como Nuevo León le fue muy mal, también en Jalisco y su gran triunfo por supuesto es Querétaro, pero no nos equivoquemos: ahí los grandes triunfadores son el gobernador Pancho Domínguez, que termina con uno de los índices de popularidad más altos del país y Mauricio Kuri, ganador con una amplia mayoría.

Si asumimos que los principales triunfos del PAN no tuvieron una participación muy activa de la dirigencia nacional (lo de Santiago Taboada, Mauricio Tabe y Lía Limón y otros candidatos es notable en la CDMX), no creo que el resultado justificara la euforia que exhibió en la tarde de ayer Marko Cortés. Vendrán cambios en el PAN, como debería haberlos en el PRI, donde evidentemente se ganaron más posiciones en el congreso y en varios estados, pero no se ganó ninguna de las gubernaturas donde tenían posibilidades (y perdieron nueve que gobernaban).

Pero hay un dato que no se ha analizado en profundidad y que tendrá fuerte influencia en el equilibrio del poder. Un rápido repaso indica que más allá incluso de triunfos en los estados, la gran mayoría de las ciudades del país no están bajo control de Morena. Es evidente que el oficialismo ha perdido buena parte de la ciudad de México y el cinturón metropolitano, pero también ha perdido claramente Monterrey y Guadalajara. Pero la pérdida de grandes ciudades va más allá: ha perdido Campeche, Chihuahua, Cuernavaca, Guanajuato, Hermosillo, Mérida, Morelia, Puebla, Querétaro, Toluca, San Luis Potosí, y municipios tan importantes como León, Naucalpan, Tlalnepantla.

Lo que estamos viendo no es sólo un resultado que pone de manifiesto la diferencia territorial, regional, entre norte, centro y sur del país, sino entre el mundo urbano y el rural, entre los centros urbanos y la periferia. Es evidente que en los sectores más populares los apoyos que da el gobierno federal mantuvieron el respaldo a Morena, pero en muchos ámbitos urbanos lo que se quiere es trabajo, educación, servicios, que tuvieron golpes traumáticos en los últimos años, sobre todo en el 2020. La ciudad que más sufrió la pandemia en términos de pérdida de vidas, de fuentes de trabajo, de cierre de empresas, fue la ciudad de México y donde también se dio el terrible accidente de la Línea 12 y donde viene gobernando casi ininterrumpidamente una misma corriente política que pasa del PRD a Morena desde 1997. ¿Quién podía esperar que no hubiera un descalabro?

Inició el día de ayer no sólo la segunda mitad de este gobierno, inició una etapa en donde tendrán que cambiar muchas cosas, comenzando por buena parte de los funcionarios federales de una notable ineficacia y ausencia, donde se tendrán que reacomodar a una nueva realidad el congreso y los estados, y donde los partidos son evidentes que no terminarán esta etapa como ayer la comenzaron. Y ni hablemos de la sucesión de cara al 2024.

Compartir:

Última hora

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.