Puntos Fiscales
José Luis León Robles
Buenos días distinguidos lectores, el tema de hoy es derivado de la liguilla del futbol mexicano, y que para algunos aficionados puede derivar de un simple espectáculo deportivo a un fanatismo con consecuencias fatales para el o los suyos. Cabe señalar que los lazos de grupo, conexión y pertenencia que existen entre los aficionados deportivos son de los más fuertes, comparados en similitud con los grupos políticos o la religión, aunque pareciera lo contrario, sin embargo, no es así. En este tipo de agrupaciones se puede encontrar un común denominador, el fanatismo llevado al extremo, expresado tanto fuera como dentro de estos espacios. En las gradas de los estadios se encuentra una identidad, la sensación de pertenecer, de ser reconocido socialmente y compartir un mismo interés. La pasión deportiva en exceso que se viraliza en las tribunas no se queda ahí, se extiende a los lugares previos y posteriores a los encuentros, los aficionados apoyan en todo momento a su equipo, siguiendo su trayectoria, integrando la rivalidad a su vida cotidiana, desarrollando un sentido de territorialidad que le da valor a la exaltación de la fuerza. Los actos de #violencia en el futbol por grupos radicales están relacionados con el nivel de compromiso e identificación que el aficionado tiene con su equipo, como una forma de mostrar su lealtad, reafirmando su valía e identidad. Por ejemplo, equipos como América, Cruz Azul, Chivas y Pumas son los equipos de futbol que más fanáticos tienen en el balompié mexicano, eso sin demeritar los equipos Regios, que viven al máximo sus rivalidades deportivas con los de casa. El fanatismo puede originar violencia desde diferentes perspectivas teóricas el fanatismo y la agresividad. El fanatismo puede darse de forma personal o grupal y se presenta de forma contradictoria, por un lado, recoge deseos e idealizaciones, pero por otro, esperanzas fallidas, decepciones, etc. que se proyectan en el ídolo, en el equipo o en el club. Se explica los comportamientos violentos como un intento de satisfacer las necesidades individuales, en el fútbol la violencia se vería favorecida por la convergencia de individuos con las mismas necesidades. Existe una corriente psicológica que matiza que el deporte no es un reflejo aislado de la sociedad, sino parte integral, es decir que el fútbol no genera violencia por sí mismo. La genera una sociedad donde hay incertidumbre política, desempleo, pobreza, nacionalismos exacerbados que despiertan racismo y falta de educación. Toda esta presión contenida en la gente, toma escape en los partidos de fútbol. Otros puntos científicos han tratado de entender la violencia entre los propios jugadores de futbol, por ejemplo, investigadores del Laboratorio de Neurociencia Social de la Universidad de Valencia en 2010, durante la final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica entre España y Holanda, se logró comprobar que los niveles de testosterona y cortisol de los individuos estudiados aumentaban significativamente durante el encuentro. Encontrándose que el aumento de cortisol entre los aficionados durante el partido era interpretado como una respuesta adaptativa que los prepararía para afrontar y soportar las reacciones negativas de su entorno en el caso de perder el partido, representado como una amenaza para su identidad social, de ahí el incremento de cortisol, una hormona relacionada con el estrés y la ansiedad. Por lo tanto, mi distinguido lector le sugiero que esta liguilla disfrute su encuentro deportivo con su familia, que si su equipo perdió recuerde que todavía este deporte es un espectáculo deportivo familiar para disfrutarlo no para estresarse. Si el creador nos lo permite nos estaremos leyendo la siguiente semana en esta su columna de temas de interés general.










