México ante el reto de diversificar su futuro

Puntos Fiscales

José Luis León Robles                         

[email protected] 

Durante décadas, México ha vivido una realidad económica difícil de ignorar: su prosperidad depende, en gran medida, de lo que ocurra al norte de la frontera. Cerca del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, una cifra que refleja la enorme integración productiva entre ambas naciones, pero que también evidencia una vulnerabilidad estructural. Esta semana, la entrada en vigor del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP o TIPAT) entre México y Reino Unido representa mucho más que una noticia económica. Se trata de una señal política y estratégica sobre el rumbo que busca seguir el país en un contexto internacional cada vez más incierto. El acuerdo permitirá que más del 90% del comercio bilateral quede libre de aranceles y que hasta el 99% de los bienes intercambiados puedan beneficiarse de preferencias comerciales. En términos prácticos, esto significa mayores oportunidades para exportadores mexicanos de productos agroalimentarios, manufacturas, autopartes, maquinaria y bebidas, entre otros sectores. Sin embargo, el verdadero valor de este tratado no se encuentra en las cifras comerciales inmediatas, sino en el mensaje que envía al mundo. México está intentando construir una red de relaciones económicas que reduzca su exposición a los cambios políticos de Washington. La revisión del T-MEC prevista para los próximos años mantiene inquietos a inversionistas, empresarios y gobiernos estatales. Las tensiones comerciales, los debates sobre relocalización industrial, las exigencias en materia de seguridad y las amenazas recurrentes de imponer barreras comerciales han generado incertidumbre sobre el futuro de la relación económica más importante para México. Ante este panorama, diversificar mercados no es un lujo; es una necesidad. No obstante, conviene evitar el triunfalismo. Firmar acuerdos comerciales no garantiza automáticamente crecimiento económico. México ha construido una de las redes de libre comercio más amplias del mundo, con tratados que abarcan más de cincuenta países. Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas continúan concentrando sus ventas exclusivamente en el mercado nacional o estadounidense. La pregunta fundamental es por qué. La respuesta se encuentra en los problemas internos que siguen limitando la competitividad nacional. La inseguridad en carreteras, la insuficiencia de infraestructura logística, los elevados costos energéticos en algunas regiones, la burocracia administrativa y la falta de financiamiento para pequeñas empresas continúan siendo obstáculos que ningún tratado puede resolver por sí solo. Resulta paradójico que México tenga acceso preferencial a algunos de los mercados más importantes del planeta mientras miles de empresas nacionales carecen de la capacidad para aprovechar esas oportunidades. La diversificación comercial exige una estrategia integral. Requiere puertos modernos, carreteras seguras, aduanas eficientes, capacitación tecnológica y políticas públicas orientadas a incrementar la productividad. De poco sirve abrir mercados en Europa o Asia si los productores mexicanos enfrentan condiciones desventajosas desde el momento mismo en que intentan transportar sus mercancías. Por otra parte, la llegada del Reino Unido al CPTPP ofrece una oportunidad adicional: atraer inversión extranjera. En un contexto global donde las cadenas de suministro se están reorganizando y muchas empresas buscan acercar su producción a Norteamérica, México podría consolidarse como una plataforma estratégica para manufactura, innovación y exportación. Pero esa oportunidad tampoco está garantizada. La competencia es intensa. Países como Vietnam, Malasia y otras economías integrantes del CPTPP también buscan captar capitales, desarrollar industrias de alto valor agregado y posicionarse en las cadenas globales de producción. México no compite únicamente con sus vecinos; compite con el mundo entero. La noticia de esta semana debe interpretarse, entonces, como el inicio de una posibilidad y no como una victoria consumada. El tratado con Reino Unido amplía horizontes, abre puertas y fortalece la posición internacional del país. Sin embargo, el crecimiento económico sostenible dependerá menos de los documentos firmados y más de la capacidad nacional para convertir esas oportunidades en inversión, empleo y bienestar. México ha demostrado que sabe negociar acuerdos comerciales. El reto pendiente es demostrar que también sabe aprovecharlos. Porque en el siglo XXI, la verdadera soberanía económica no consiste en cerrar fronteras, sino en tener la capacidad de competir exitosamente en todas ellas.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *