Letras Desnudas
Mario Caballero
¿Quién sucederá a AMLO?
Tras los saldos que dejó la elección del seis de junio, han comenzado ya las especulaciones sobre quiénes son los políticos con mayores probabilidades de relevar a Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia de la República en 2024. Quiero unirme al coro de especuladores empezando con los posibles candidatos de Morena.
Coincido con los analistas de que los resultados de la elección federal han frustrado la posibilidad de reelección o extensión de mandato del presidente López Obrador, si es que alguna vez éste pensó en alargar su gobierno más allá de 2024. Primeramente, porque la merma en el número de votos que obtuvo su partido en la reciente jornada electoral hablan de una caída en la aprobación de su gobierno. Cada vez hay más gente inconforme con su forma de gobernar y con sus decisiones, que en su mayoría apelan más a la ocurrencia que a la razón y el conocimiento técnico.
Segundo, y mayor en el nivel de importancia, porque derivado de esa merma en los votos ahora no tendrá la suficiente fuerza en el Congreso para modificar la Constitución. Necesitará del respaldo del PRI para legislar sobre el tema de la reelección, y, a la verdad, tomando en cuenta la postura de ese partido y de su dirigente nacional, eso parece imposible.
La única alternativa que le queda a AMLO será reformar una ley secundaria, así como hizo para alargar el periodo del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pero tal maniobra será de la más baja estofa, una sinvergüenzada, el peor abuso cometido por un presidente de México que proclama a todas horas ser un verdadero demócrata y respetuoso de las leyes.
Así, habiendo considerado las nulas probabilidades de reelección, ¿quién será entonces el candidato de López Obrador?
LOS TRES ASES DEL PRESIDENTE
Quien aparece como el tercero en la lista de los presidenciales es el zacatecano Ricardo Monreal.
Monreal ha demostrado ser un político con una enorme capacidad, y no de ahora sino de mucho tiempo atrás. Como cuando se juró a sí mismo, viviendo en un cuartucho que rentaba en la Ciudad de México mientras estudiaba la maestría en la Escuela de Derecho de la UNAM, que él iba a ser gobernador de su estado. Algunos años después, en 1998, asumió el Gobierno de Zacatecas.
Ha sido diputado local, diputado federal, gobernador, jefe de la Delegación Cuauhtémoc en la capital del país y actualmente es el operador más eficaz y efectivo del presidente en la Cámara de Senadores. Por lo cual, podemos deducir que ha tenido una carrera política brillante, en la que ha probado saber ganar elecciones, diseñar una campaña política exitosa, ser un buen cabildero y un gran conciliador.
Sin embargo, su relación con López Obrador a lo largo de los años ha sido un tanto agridulce. Hay quienes aseguran que el presidente nunca le ha mostrado afecto. Si no que su vínculo es de intereses, no de amistad, en la que ambos se han venido utilizado en distintos momentos y en distintas situaciones.
En 2018, AMLO le prometió la candidatura a la jefatura de la Ciudad de México, pero terminó dándosela a Claudia Sheinbaum. Esto, desde luego, molestó tanto al zacatecano que hasta amagó con salirse de Morena. No lo hizo, y hoy su nombre suena bastante fuerte entre los morenistas para ser candidato a la presidencia.
Aunque, el otro día, la casi reprimenda que Andrés Manuel lanzó contra los oportunistas de su movimiento, en la que dijo que “se les olvida que estamos viviendo un momento histórico de transformación y son tan irresponsables e inconscientes que por su ambición personal son capaces de apoyar a los conservadores corruptos”, parece que fue dirigida directamente a Ricardo Monreal, quien en las pasadas elecciones apoyó a la candidata de la alianza PRI-PAN-PRD a la alcaldía de Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, y le ganó a la candidata de Morena Dolores Padierna, una política muy cercana al tabasqueño.
Tras esto creo que está pelón que el presidente lo quiera como su candidato.
El segundo en las preferencias es Marcelo Ebrard.
A diferencia de Monreal, es claro el cariño que el presidente le tiene al canciller, al que ha defendido ante las críticas de la prensa tanto nacional como internacional y se ve que es el hombre de todas sus confianzas. Esto último es fácil pensarlo por las múltiples tareas que López Obrador ha delegado en él, como el tema de las vacunas contra el Covid-19.
Sin embargo, hay grandes nubarrones en el cielo de Marcelo. Más allá de que logre ser candidato, luego de la tragedia del Metro se ve muy complicado que su proyecto logre prosperar. El artículo publicado hace unos días por The New York Times fue muy convincente en cuanto a fincar la gran responsabilidad política que Ebrard tiene en la obra de la Línea 12 del Metro que acabó con la vida de 26 personas. Y eso caló muy profundo en la opinión pública.
En las redes sociales la crítica hacia su persona no fue muy buena. Un usuario le dijo “No nos interesa tu solidaridad Marcelo Ebrard, nos interesa tu responsabilidad. Por tu dignidad si es que la tienes, tu carrera política se termina aquí”. Otro fue todavía más severo: “Manifiéstate asesino, opina de tu Línea Dorada”.
Uno más escribió: “Marcelo Ebrard debería ser destituido. Ni siquiera ser destituido, nunca debió tener un cargo en el gabinete del presidente y debió haber pagado por su negligencia al entregar una Línea 12 del Metro de la Ciudad de México ineficiente”.
Si gente común y corriente fue capaz de manifestarse de esta manera en estos tiempos, ahora trate de imaginarse el nivel de la crítica de sus oponentes políticos en una campaña presidencial.
Por último, Claudia Sheinbaum, quien, según comentan los del círculo íntimo del presidente, es la preferida de López Obrador.
Para muchos, Sheinbaum ha hecho un buen trabajo como gobernante de la capital, pero lo cierto es que le fue muy mal el 6 de junio. Perdió la elección y con ello también perdió una parte valiosísima para la izquierda.
También para muchos, los votos contra Morena lo explican como un castigo a AMLO, tal vez así sea. Pero lo cierto es que esta derrota pone en evidencia que la consentida del presidente no tuvo la suficiente fuerza política-electoral para dar mejores resultados para el partido y sobre todo para el lópezobradorismo.
Lo peor del caso fue que Sheinbaum, en lugar de aceptar su responsabilidad ante su terrible fracaso electoral, corrió a Palacio Nacional buscando la protección del presidente. Una actitud indigna para una mujer con poder. Y desde entonces se ha dedicado a echarle la culpa a los medios, a los políticos del pasado y a la corrupción. Sí, el trillado discurso que hemos venido oyendo por los últimos tres años.
Pero, tal vez, por esa actitud de esconderse detrás de la popularidad del presidente, López Obrador la haga candidata sin importar que ella haya fracasado en la elección intermedia. Porque si fue capaz de irlo a buscar ahora que tuvo un problema, si gana la presidencia, AMLO será el poder detrás del trono. El titiritero controlando al títere. Piénselo.
@_MarioCaballero









