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Jugar con Fuego

Razones

Jorge Fernández Menéndez

Habrá que recordar la fecha: el dos de agosto de 2022, la lideresa de la cámara de representantes, la aguerrida demócrata de 82 años, Nancy Pelosi, aterrizó en una visita oficial en Taiwán, pese a las amenazas del gobierno chino que considera a la antigua isla de Formosa como parte de su territorio. Quien no comprenda que la guerra comercial de Estados Unidos y China va mucho más allá de la retórica, se equivoca, es una confrontación estratégica, que incluso no cambiará mucho gobiernen republicanos o demócratas en el futuro cercano.

En México paree que no estamos entendiendo nada de lo que pasa en buena parte del mundo y sobre todo en nuestra relación con los Estados Unidos, a pesar de que tenemos funcionarios altamente capacitados tanto en la cancillería como en la embajada de Washington. En Palacio Nacional parecen pensar que es época de hacer política “nacionalista” para ganar votos, de desafiar a un gobierno que ven debilitado, de poner en jaque relaciones económicas, financieras, sociales, políticas muy complejas, incluso de jugar con la geopolítica, de coquetear con Cuba, Venezuela, Rusia y China mientras se desafía a Estados Unidos para así “presionar” a la Casa Blanca y al Capitolio, con el que cada vez tenemos peores relaciones. No comprenden que están jugando con fuego y van a terminar quemados.

El nuevo libro del yerno de Trump, Jared Kushner no dice prácticamente nada nuevo sobre la forma en que el anterior gobierno estadounidense “dobló” (para usar su término, como ya lo había utilizado el propio Trump) al de López Obrador en el tema migratorio, amenazándolo con aranceles e incluso jugando con la posibilidad de una intervención militar si no se detenían los flujos migratorios (y la operación de los grupos criminales). Pero el libro exhibe las palancas de las que dispone una potencia como la Unión Americana para hacerlo.

Ocurrió con México con el tema migratorio, pero ocurre hoy con Taiwán y China o apenas el fin de semana con la muerte por un ataque de drones contra el líder de Al Qaeda y verdadero cerebro de los atentados del 11-S, Al Zarahawi en Kabul, donde los talibanes pensaron que podían violar los acuerdos de Doha que llevaron a la retirada estadounidense de Afganistán sin consecuencias. Lo mismo pensó Vladimir Putin que creyó que podría tomar Kiev y acabar con la intervención en Ucrania en 72 horas y lleva meses estancado en el este de ese país, a un costo social y militar altísimo.

Por supuesto que Estados Unidos es un país debilitado sobre todo por sus propios errores, ninguno tan costoso como la presidencia de Trump, pero no deberíamos equivocarnos: las grandes potencias recuerdan y lo hacen muy bien, cuando son desafiadas y tarde o temprano suelen cobrarse los desaires. México lleva acumulándolos con Biden desde el día de su elección: fuimos de los últimos países en el mundo en reconocer su triunfo, dando alas a los delirios de Trump de que había sufrido un fraude; tardamos en establecer una relación eficiente con el nuevo gobierno; aún en tiempos de Trump en la controvertida visita a la Casa Blanca en plena campaña electoral (otra afrenta para Biden) la demanda explícita fue respetar los compromisos asumidos por México, ya con Biden en el gobierno esa demanda fue ignorada.

La Casa Blanca ha enviado a todo su staff a México, comenzando por Kamala Harris, John Kerry, Alejandro Mayorkas, entre muchos otros y el presidente López Obrador se ha reunido dos veces con Biden, pero no fuimos a la cumbre de las Américas en Los Ángeles porque no fueron invitadas Cuba, Nicaragua y Venezuela, tres dictaduras. El 4 de julio día de la independencia de Estados Unidos pedimos por Julián Assange y el presidente dijo aquello de derribar la estatua de la libertad si se lo detenía, pero el 26 de julio hicimos, en pleno Palacio Nacional, un sentido homenaje al régimen cubano, en el poder desde 1959. Un año antes, el 16 de septiembre pasado, el orador principal de nuestro día de la independencia, junto al secretario de la Defensa Nacional, el general Luis Crescencio Sandoval, fue nada menos que el presidente cubano Miguel Díaz Canel. Un par de días antes, en una reunión de mandatarios latinoamericanos en la ciudad de México, los invitados fueron el propio Díaz Canel y Nicolás Maduro, y por video conferencia el que habló para impulsar la presencia de su país en la región fue el presidente chino Xi Jing Ping.

No sabemos a ciencia exacta que pasó con la detención de Caro Quintero, pero sí sabemos que las agencias estadounidenses participaron. El fiscal general de Estados Unidos celebró lo que llamó la “extradición inmediata” del capo. Pero han pasado las semanas y nada indica que esa extradición será siquiera rápida. Usar a Caro Quintero, un hombre que con razón Estados Unidos reclama desde hace 35 años, como moneda de cambio en la relación bilateral sería un gravísimo error, que convertiría el triunfo de su detención en una controvertida derrota.

Mientras tanto, el 80 por ciento de nuestro comercio es con Estados Unidos, allí viven millones de paisanos que envían al país 50 mil millones de dólares en remesas, y de ahí vienen nuestras principales inversiones extranjeras. Y en Palacio Nacional juegan con fuego.

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