Razones
Jorge Fernández Menéndez
La presidenta Sheinbaum ha perdido el tono que manejaba en las primeras mañaneras y éstas parecen haberse convertido en una mala segunda parte, la primera ya lo era, de las que hacía el presidente López Obrador.
Me gustaba cuando la mandataria contestaba con tranquilidad y con la “cabeza fría” a Trump y a otros, no como ahora que antes de conocer qué dirá Ovidio Guzmán, está ya reclamando al gobierno de Estados Unidos que presente pruebas de sus acusaciones. No tiene sentido que descubran en la mañanera que Julio César Chávez Jr. tenía orden de aprehensión en México desde 2023, y que culpen a Estados Unidos por haberlo detenido, cuando esas órdenes en México no se ejecutaron. O que se siga pidiendo pruebas de porqué se actuó contra Vector, CiBanco e Intercam desde el Tesoro estadounidense, cuando desde hacía semanas las autoridades estaban advertidas de que eso podía ocurrir. O que un año después todavía pidamos información a la Unión Americana sobre lo sucedido con el Mayo Zambada y con Joaquín Guzmán López el 25 de julio del año pasado, cuando esa información tendría que provenir de las propias investigaciones locales sobre lo ocurrido en territorio mexicano.
Se está contestando mal a una situación muy compleja donde el gobierno federal está acosado por las presiones y las acusaciones de la administración Trump; por una economía que está en situación crítica, incluyendo una empresa que se intenta rescatar una y otra vez y que cada vez se hunde más, como PEMEX; por una violencia que se mantiene a pesar de los esfuerzos y avances en varios terrenos, como la reducción del número de homicidios; por un escenario extremadamente complejo que requiere mucha mayor imaginación y buscar acuerdos sustantivos, dentro y fuera del país, para salir adelante.
No nos engañemos: la inversión pública y privada está cayendo en forma notable; no se están creando empleos; la deuda pública crece; las estrategias de seguridad tardarán en implementarse plenamente porque las divisiones internas retrasaron la aprobación de iniciativas y otras, como las de la extorsión, comenzará a discutirse, si bien nos va, hasta septiembre.
Hoy la mayor de las tramas criminales a la que estamos asistiendo, más allá del narcotráfico y la guerra entre cárteles, es la del combustible ilegal, contrabandeado o extraído de los ductos de Pemex: la trama del combustible ilegal, el mal llamado huachicol, genera utilidades de 12 mil millones de dólares y aprovisiona entre el 25 y el 30 por ciento del combustible que utiliza el país. Se han dado golpes durísimos contra esa trama, y cada golpe es una acusación contra la pasada administración que dejó crecer y cobijó ese enorme entramado criminal. Pero por eso mismo, para seguir avanzando, esta administración está obligada a tomar medidas contra quienes fueron protectores, cómplices y beneficiarios en el pasado inmediato.
Tuvimos en la colonia Condesa una movilización prohijada por autoridades locales, que terminó siendo una noticia global por la violencia, el tono xenofóbico y antisemita que golpeó uno de los éxitos que la propia presidenta había tenido en su paso por el gobierno de la ciudad: la llegada de personas de distintos orígenes a la ciudad de México. Esa movilización dejó de ser noticia en pocas horas para darle toda la cobertura, que dura ya una semana, a una mujer con un ataque de estupidez que a los gritos insultó a un policía, cuando en esa misma zona, ese mismo día, esa misma tarde se vandalizaron 57 negocios en la Condesa, se atacó sobre todo a mujeres, se destruyeron patrullas y con banderas palestinas se equiparó a la colonia Condesa con Gaza. Y se generó una reacción hasta edel Homeland Security.
Al mismo tiempo la presidenta cruza una línea que ningún mandatario debería cruzar: el de intervenir directamente en las decisiones judiciales desde el púlpito más alto del país. Se puede tener la opinión que se quiera sobre Ricardo Salinas (trabajo en televisión en adn40, una empresa de grupo Salinas y creo que Salinas Pliego tiene, básicamente, razón en sus reclamos) pero más allá de eso, la jefa del ejecutivo no le puede pedir a los jueces que fallen en contra de un ciudadano. Eso lo tienen que decidir los tribunales, no la presidenta en la mañanera. Pero lo cierto es que con ello se crea un gran distractor con un tema, un personaje, que dista de estar en el centro de una dificilísima coyuntura política, económica y de seguridad que vive el país.
Aparece en un periódico israelí una versión, porque no es información dura, sobre malos manejos de empresas de seguridad, en una disputa entre dos empresarios, donde se infiere que se pagaron sobornos en México (la nota no dice a quién) y ya el tema Peña Nieto se vuelve viral, con carpeta de investigación incluida. Y se le pide al gobierno de Israel que aporte las pruebas. En todo caso, una vez más, son investigaciones que tendrían que hacer nuestras autoridades. Por cierto, todos los gobiernos desde Felipe Calderón hasta López Obrador (y también el actual), con o sin razón, han sido acusado de espiar con el sistema Pegasus o similares.
El escenario está ya demasiado contaminado como para seguir tratando de desviar la atención con distractores. Hay que actuar con sobriedad y seriedad. Y es en Palacio Nacional, porque allí es donde se concentra el poder, en donde debe volver a prevalecer la cabeza fría.










