El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!, exclamó al sol el sabio Zaratustra tras su autoexilio en las montañas. Como si fuese ese ermitaño, el compositor español Robe Iniesta, fundador del grupo Extremoduro, nos invitó a regocijarnos con nuestra locura y hundirnos en nuestro ocaso; él era un despierto entre los dormidos, alguien que logró vaciarse de sí mismo, abrazar a la nada y cantarle al olvido.
Su crítica a la modernidad quedó plasmada en una abundante discografía que cuestionó el aparente sentido de bienestar que trae consigo el desarrollo tecnológico para el ser humano; Experiencias de un batracio es una canción que versa sobre una rana que soñaba con ser humana, pero que al ver la podredumbre de la sociedad pidió al hada que la regresara a su charca porque ser de una especie avanzada era sinónimo de decadencia.
Como si fuese esa rana desencantada, Iniesta recreó en sus canciones los efectos nocivos de la vida moderna y cantó sobre lo absurdo de la búsqueda de sentido, los momentos dolorosos, la rabia, la desilusión, el dilema existencial y el diálogo interno, todos ellos necesarios para la reconstrucción personal. La canción El hombre pájaro expresa un duelo que caracteriza la aceptación del dolor; para el compositor a la tristeza no le gusta estar sola y ésta desaparece cuando nadie la piensa.
Extremoduro rompió cánones en los finales de los años ochenta, una época en que el rock fue encadenado a la movida española; este cantautor no encajó en esos modos anquilosados de hacer música. Eso le valió ser excluido de un sistema alienante, donde era más rentable económicamente echarle polvos pica pica al adversario de amores que hacer canciones que versaran sobre las contradicciones de la condición humana.
Robe Iniesta desmenuzó los sistemas político, educativo y religioso, fusionando su visceralidad con una lírica poética y filosófica identificada con el super hombre nietzscheano; elevó al rock a un lenguaje artístico y narrativo profundo alejado de las modas y las tendencias impuestas por el gigantesco engranaje musical global. Sus letras desafiaron las tendencias comerciales, los estribillos fáciles y las nociones anquilosadas de la música popular.
Su poesía era honesta, cruda, callejera, existencialista y anti sistémica; ahí tuvieron cabida la rebeldía, el despertar, la marginalidad, los falsos sentidos impuestos a través de los medios de comunicación y, por supuesto, la alienación en todas sus dimensiones. Este anti héroe se distinguió por explorar la condición humana para recrearla con un lenguaje metafórico cargado de autoexilio, soledad y crisis existenciales.
A diferencia de metaleros y punks de plástico, Extremoduro estaba cargado de metáforas y narrativas que abordaron la vida, la muerte, el amor en toda su complejidad y la vulnerabilidad humana; sus seguidores los erigieron como las voces de los marginados y de los excluidos. La genialidad de Iniesta hizo que el rock callejero llegara a un público más amplio sin necesidad de marketing o campañas costosas.
Durante casi cuatro décadas, Extremoduro imprimió un estilo propio que mezcló el hard rock, el punk y elementos progresivos que desafiaron las convenciones del mercadotécnico rock en tu idioma; la agrupación se mantuvo fiel a su filosofía de libertad creativa y rechazó las presiones comerciales de la industria incluyendo premios y homenajes.
Tras la separación de Extremoduro en el año 2019, Roberto Iniesta exploró con composiciones más complejas; Mayéutica es un álbum experimental con una mezcla única entre filosofía y música. Todas las canciones están provistas de una estética que no encaja dentro de los gustos de las mayorías.
Aparte de la música, Roberto Iniesta exploró otros ámbitos como la literatura. Su novela El viaje íntimo de la locura recreó un proceso de desintoxicación y una visión nihilista de la vida; en esa historia abandona una existencia monótona para experimentar una transformación radical donde la cordura no tenía cabida. La locura no aparece como una patología, sino como un estado del alma que da paso a acciones consideradas como extremas.
Robe Iniesta vivió intensamente en la delgada línea entre la cordura y la locura, siendo esta última la que aparece como la vía para narrar nuestro sin sentido: “El hombre es el único animal que necesita escribir su historia para poder recordarla. Cuando nace no sabe absolutamente nada. Moriría si no aprendiera a vivir. La raza humana es la única en la naturaleza que no transmite ninguna información innata que vaya más allá de lo puramente genético. Carece de auténticos instintos”.
Roberto Iniesta falleció el pasado 10 de diciembre a los 63 años, debido a un tromboembolismo pulmonar. Su mayor legado fue haber vencido a la tecnocracia musical.










