ROY GÓMEZ
¿Alguna vez han sentido que les ponen entre la espada y la pared, con una pregunta de la que no saben cómo salir? Los fariseos intentaron tenderle una trampa a Jesús con la pregunta del tributo al César. Pero Jesús, con una respuesta brillante, nos enseña una lección fundamental sobre el equilibrio entre nuestras responsabilidades en este mundo y nuestra relación con Dios. Hoy, el Señor nos pregunta: ¿Qué estamos dando a Dios de lo que le pertenece?
- La Soberanía de Dios en la Historia: Dios es el arquitecto de la historia, incluso cuando no reconocemos su mano. Como Ciro, podemos ser instrumentos de Dios para un bien mayor, a veces sin ser plenamente conscientes. ¿Cómo vivimos la convicción de que Dios actúa en el mundo y en nuestra propia vida, incluso en medio de las dificultades o de los planes de otros?
- La Verdadera Ciudadanía: Jesús nos llama a ser ciudadanos responsables en la sociedad (dar al César lo que es del César), cumpliendo nuestras leyes y deberes. Pero, al mismo tiempo, nos recuerda que nuestra identidad fundamental y nuestro destino final pertenecen a Dios (dar a Dios lo que es de Dios). ¿Cómo logramos conciliar nuestras responsabilidades cívicas con nuestra fe, priorizando siempre lo que es de Dios en nuestras decisiones diarias?
- La Realeza del Servicio: La lectura de Tesalonicenses nos habla de la fe, esperanza y caridad como frutos de la acción del Espíritu. Dar a Dios lo que es de Dios implica vivir estas virtudes, sirviendo a los hermanos como Cristo nos enseñó. ¿Estamos dispuestos a ‘dar nuestro tiempo, talento y tesoro’ para construir el Reino de Dios aquí en la tierra, a través de actos concretos de amor y servicio?
Podemos usar el ejemplo de un billete o una moneda. Preguntarles: ¿De quién es esta moneda? ¿Qué imagen ven? A quién se parece. Así podemos explicar que el César quería que se le devolviera algo que tenía su imagen, pero Jesús nos enseña que nosotros tenemos la imagen de Dios, por eso somos de Dios. Luego, podemos hacer una actividad donde los niños dibujen su propia imagen y luego la ofrezcan a Dios como una forma de decirle «Soy tuyo, Señor». O podemos hacer una colecta simbólica para una obra de caridad, enseñando a compartir «lo que es de Dios» a través de la ayuda al prójimo. Que así sea…Luz.










