Sobre el regreso de Paco Rojas al cabildo

Letras Desnudas

Mario Caballero

 

Sobre el regreso de Paco Rojas al cabildo

Una de dos: o a) Paco Rojas regresó a la regiduría en el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez porque le ganó la avaricia y no quiso dejar de cobrar los últimos tres meses de sueldo, que es el mismo tiempo que le queda de vida al gobierno municipal, o b) el teatrito que armó con eso de la impugnación de los resultados de las votaciones, en el que aseguró que tenía pruebas en la mano de que el candidato ganador había cometido fraude, fue nada más para revolver las aguas para hacerse de una buena pesca.

Si es lo primero, creo que nadie debería sentirse sorprendido y mucho menos traicionado. Es cierto, Paco Rojas salió públicamente a decir que defendería la voluntad de los tuxtlecos y afirmó que daría todo de sí mismo para llevar la impugnación hasta las últimas consecuencias, porque –según él- los ciudadanos fueron estafados en su voto y la democracia había sido violentada.

Pero, a la verdad, nunca nadie debió esperar que cumpliera su palabra. ¿Cuándo lo ha hecho? ¿Lo hizo en 2015 cuando perdió por primera vez la elección a la alcaldía capitalina y levantó todo un movimiento social en contra de la supuesta imposición del candidato del PVEM que resultó ganador en aquellos comicios? No. ¿Lo hizo en 2018 al perder su segunda elección consecutiva y dijo que al asumir el cargo de regidor sería el mayor crítico del gobierno y que se opondría a las malas decisiones y prácticas corruptas del presidente municipal? Tampoco.

Al respecto, hay que dejar bien en claro que al también ginecólogo no se le reprocha ni se le critica que haya decidido retomar sus funciones en el cabildo a menos de una semana después de haber declarado que no aceptaría el triunfo del morenista, no. En primer lugar, porque está en su derecho de hacerlo. Segundo, porque no había ningún impedimento para que lo hiciera, ni legal ni de otra clase, si acaso del tipo moral.

Se le juzga por su evidente, diáfana, cristalina y transparente falta de congruencia.

Alguien con la trayectoria política y edad de Paco Rojas debería saber que en la política, como en cualquier oficio o profesión, la congruencia lo es todo. O casi todo. Pero en el caso de una mujer u hombre que se dedica al arte de gobernar, como llamaba Aristóteles a la política, la congruencia entre el decir y el hacer es parte fundamental de la credibilidad, y el resultado de esto último es el éxito político-electoral que puede llegar a obtener una figura pública.

Me explico. ¿Cómo confiar la construcción de una casa a un ingeniero al que han demando por que se le caen las obras? En ese sentido, ¿cómo confiar en un doctor que confunde la inflamación y síntomas de la colitis con un embarazo (le pasó a la prima de una amiga)? Se supone que este tipo de profesionistas se prepararon durante largos años y lo que se espera de ellos son buenos resultados, como una buena edificación y un diagnóstico certero.

Lo mismo pasa con el político. ¿Cómo confiar en un político que dice que va a combatir la corrupción y es sorprendido desviando dinero público o vacacionando en Las Vegas con los recursos de los ciudadanos? No se puede.

A la sazón, si Paco Rojas prometió ser un aguerrido defensor del voto de los tuxtlecos e impedir que fuera defraudada la democracia que tanto dinero, tiempo y esfuerzo nos ha costado, ¿a qué regresó entonces a la regiduría? Lo mínimo que se esperaba de él era que se mantuviera firme en su postura y, separado del cargo, aguardara los tiempos de los resolutivos de la impugnación.

A estas alturas debería entender que las palabras se arrastran y que no hay nada mejor visto en un político que el que sepa cumplir sus promesas y pelear sus batallas con moralidad y sin dobles discursos.

El hecho de que haya vuelto a su puesto tan sólo nos confirma que sigue siendo el mismo político en el que no se puede confiar y que traicionó el movimiento que él mismo creó en 2015. Sí, a todos aquellos panistas, empresarios, organizaciones sociales y ciudadanos de a pie que confiaron en él y en su palabra y que apoyaron su lucha contra la supuesta imposición que el exgobernador Manuel Velasco Coello hizo en la alcaldía tuxtleca.

¿Y qué pasó? Él, que se decía víctima de un fraude electoral, fue evidenciado mediante grabaciones de video recibiendo moches de dinero en efectivo por parte de un empresario poblano al que le prometió darle todas las obras del Ayuntamiento en retribución a los muchos millones de pesos que según le dieron para financiar su campaña política.

Así hoy: en lugar de ser fiel a su palabra y esperar el fallo de las autoridades electorales, regresó al cabildo a cobrar su sueldo y quién sabe por qué otro motivo.

Se me olvidaba. Algo que también apoya la tesis de que regresó al cabildo por incongruente, ambicioso y posibles acuerdos soterrados, es que él mismo, en varias ocasiones y ante distintos medios de comunicación, dijo que si regresaba no era a ocupar su puesto en el Ayuntamiento, sino que regresaría a dar consultas.

 

SI ES LO SEGUNDO

Si se trata de la opción b), peor tantito. Estamos hablando que el supuesto defensor de la democracia y de la moral pública de la capital chiapaneca no sólo es un fraude, sino también un oportunista profesional.

Sobre este punto habría que machacar otra vez su falta de congruencia. ¿Por qué? Porque cómo era posible que él, habiendo quedado un lejanísimo tercer lugar en las elecciones, estuviera impugnando el resultado. Se creyera de Willy Ochoa, el candidato de la alianza PRI-PAN-PRD, que obtuvo el segundo mayor número de votos. ¿Pero él? Si algo ganaba desconociendo las votaciones y diciendo que tenía pruebas del fraude, era sólo sus cinco minutos de fama. Nada más y nada menos.

Lo que nos lleva a pensar que el teatrito que estelarizó hace diez días fue con la única y exclusiva intención de haber qué pescaba al remover las aguas. Lo mismo que en 2015 y 2018.

No fue sino hasta que volvió a ser candidato a la alcaldía que comenzó nuevamente a denunciar las arbitrariedades de la administración capitalina… y cuando perdió su tercera elección al hilo. Eso, en buen castellano, se llama oportunismo.

En fin, hace casi tres años abandonó la crítica al poder por la supuesta promesa de que este 2021 sería candidato de Morena a la presidencia municipal, ¿qué le habrán prometido o qué habrá negociado esta vez para que luego de mostrarse como un demócrata aguerrido regresara al cabildo como un manso corderito?

 

@_MarioCaballero

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