Una vez más sobre los vientos del cambio

LA OTRA MIRADA

Por: Julio Romaní Cortés  

@romanicortes

Las propuestas para reformar al poder judicial, especialmente la que se refiere a elegir a jueces y magistrados a través del voto popular, no garantizan necesariamente la erradicación de la corrupción al interior del poder judicial.  La prueba está en que los actos de corrupción, igualmente se siguen presentado en los otros dos poderes elegidos a través del sufragio.

El sufragio directo para elegir a jueces y magistrados no los hará inmaculados, y tampoco garantizará una justicia pronta, expedita y sin yerros. Sin embargo, lo que, si parce evidente y necesario es sacudir el avispero, de tal forma que quizá con los cambios que se propongan surja algo mejor de lo que tenemos hoy día, en materia de justicia.

Repetir los datos que son de dominio público respecto a los costos y los presupuestos para mantener el aparto judicial en su conjunto, me parece ocioso y que poco aporta al debate, y creo que este no debe ser el principal motivo, por el que se deben someter a la voluntad popular a través del sufragio la elección de los cargos de jueces y magistrados.

Finalmente, esa decisión en breve estará en manos del poder legislativo de ambas cámaras, quienes representan la voluntad popular de mayorías y minorías, y quienes tendrán que debatir y evaluar todos los aportes en pro y en contra que se han expuesto en los diversos foros realizados a lo largo y ancho del país para tal efecto, aunque de antemano se adviertan los resultados.

Lo ciudadanos hemos aprendido que las transformaciones sustantivas y profundas en la nación no se dan como mensajes instantáneos de WhatsApp, estas son parte de un proceso más pausado que va requiriendo maduración, no solo de los cambios mismos sino de la maduración de todos los ciudadanos a quienes dichos cambios nos impactan de una u otra forma.

La historia nos ha enseñado que los cambios, en todas las sociedades modernas y ancestrales, afectan a unos y favorecen a otros. Hasta ahora son pocas, escasas o nulas, las sociedades del mundo democrático donde existan consensos absolutos respecto a las transformaciones. De igual forma en las sociedades más absolutistas y totalitarias, tampoco existen consensos plenos cuando hay cambios al régimen o a sus estructuras.

Por lo tanto, no es de extrañar que las propuestas emanadas del poder ejecutivo y legislativo con relación a la transformación del poder judicial encuentren resistencias, especialmente en la propia estructura del poder judicial, aunque esas resistencias también se manifiesten en un amplio sector de la población ya sea por resistencia ideológica o por un entendimiento real de las afectaciones que les traerán los nuevos vientos del cambio.

No todos los seres humanos sabemos de todo, pocas son las mentes privilegiadas cuyo entendimiento conoce de las diversas artes o profesiones que los humanos hemos desarrollado.  Por ejemplo, en la atención a la salud, será necesario que quien ha desarrollado el arte de la medicina sea quien atienda a los enfermos o la enfermedad, lo mismo en las labores del campo el labrador o el campesino con seguridad conocerá mucho más de cuáles serán los mejores suelos para producir alimentos.

Algo parecido sucede con la disciplina del derecho, serán aquellos que se han especializado en esta materia quienes estarán mejor capacitados para impartir justicia, más ello no significa que a pesar de su capacitación y expertís, no pudieran equivocar sus sentencias como sucede con el médico quien a pesar de su buena fe, profesionalismos y conocimientos ocasionalmente llega a tener equivocaciones en sus diagnósticos.

El campo del derecho es complejo sin duda, tan complejo como el ser humano, tan es así, que el derecho mismo se divide en diversas ramas para las cuales es necesario especializarse si se quiere tener éxito en el propósito de impartir justicia, develando la verdad de los hechos a partir del derecho en sus deviseras ramas cuando existen conflictos entre los ciudadanos.

De ahí mis dudas, sobre cómo se podrá emitir un sufragio con conocimiento de causa de los mejores abogados en derecho familiar, derecho penal, ambiental o económico, o en las distintas ramas del derecho para que ocupen las carteras correspondientes, las cuales requieren una amplia y profunda capacitación que no se obtiene de un día para otro. Cierto que en materia de derecho casi todos los ciudadanos somos ignorantes, pero al respecto, ocurre que no todos ignoramos las mismas cosas.

Sin duda, quienes estarán al frente de instrumentar de los procedimientos, la reglamentación, la instrumentación y la operatividad de un posible sistema jurídico que incorpore la elección de jueces y magistrados a través del sufragio, no solo tendrán una gran responsabilidad para con los ciudadanos actuales, sino para con los que aún no nacen.

Desde que logramos nuestro primer pacto social como nación y se promulgó nuestra primera Constitución en 1824, esta se ha transformado una infinidad de veces en algunos de sus diversos contenidos, no obstante, mantienen la letra y el espíritu que le ha dado cohesión y paz a la nación mexicana hasta la fecha, a pesar las diferencias entre los distintos sectores de la sociedad.

Los ciudadanos de a pie aspiramos a que la justicia, que hoy por hoy está y estará en manos de las y los especializados en las distintas ramas del derecho, sea una realidad, y las modificaciones que se propongan al poder judicial en la Constitución traigan una verdadera transformación que erradique para siempre la incompetencia, la corrupción y las asimetrías, especialmente las económicas.

Esperamos que la transformación a la que se aspira no sea superficial, y se quiera realizar solamente, por quienes hoy detentan el poder, para preservar el orden existente en su esencia, o sea “que todo cambie para que todo siga igual”.

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