· Posibles complicidades entre propietarios de negocios y autoridades han dado origen a hechos delictivos que denigran el de por sí tema de la operatividad de los bares y cantinas; urge transparentar el funcionamiento de estos negocios donde predomina la “ley del garrote…y de muerte”
Enrique Buenrostro/Diario de Chiapas
Dos incidentes ocurridos este mes mostraron la otra cara de la vida nocturna en Tuxtla Gutiérrez, marcada por excesos y abusos que están ocurriendo mientras la autoridad parece haber sido rebasada.
Se habla incluso de complicidades entre meseros y el personal de vigilancia, que actúa como no es debido, llegando a usar la fuerza física aun cuando esto ponga en riesgo la vida de un cliente.
En la zona de antros y bares, entre las calles 15ª y 16ª Poniente, las golpizas no son un mito, mucho menos aquellas que llegan a ocurrir adentro de los establecimientos.
Si bien hay quienes argumentan que los encargados de seguridad “solo cumplen su trabajo”, es sabido que en muchos casos rebasan el límite de su competencia, al golpear a clientes que por su estado de ebriedad se niegan a pagar la cuenta.
No son golpes menores. Se ha observado a personas, la mayoría hombres, que son arrojados afuera de un bar, ya con el rostro ensangrentado, incluso algunos reciben patadas por parte de meseros o vigilantes sin que una autoridad intervenga, porque tampoco se solicita la presencia de la policía o se pone en marcha un protocolo para actuar en estos casos.
No solo es que la ciudad está convertida en una gran cantina, sino que muchos antros son “territorios sin ley” donde se protegen cuando se alteran las cuentas, se cobran propinas indebidas o se retira a una persona alterada por el consumo de alcohol.
En este contexto sucedió el incidente que puso en la mira al “antro banda Leonor”, el pasado 17 de octubre.
En las imágenes difundidas en redes sociales y por medios de comunicación electrónicos, se observa que un grupo de paramédicos atiende a tres personas, entre ellas a un hombre, que luego sería identificado como Óscar, de 30 años, originario de Veracruz, que están fuertemente golpeados afuera de “Leonor”.
Óscar, el más grave, quedó inconsciente y falleció horas después en el Hospital “Dr. Jesús Gilberto Gómez Maza”; sus compañeros aseguraron que el ataque ocurrió en el antro, por negarse a pagar la cuenta ya que lo cobrado no correspondía con el consumo, y que fueron atacados por el personal de vigilancia.
La versión del establecimiento fue otra. Se deslindaron de lo sucedido argumentando que al momento de los hechos, poco antes de las seis de la mañana, ya no había servicio, aunque sí reconocieron que estas personas habían estado bebiendo en sus instalaciones.
Quienes estaban esa madrugada coincidieron en que todo sucedió en el bar, y que no es la primera vez que un cliente es sometido en lugar de ser entregado a la policía.
Por el momento, la Fiscalía General del Estado no ha presentado un informe oficial sobre lo ocurrido ese día, el grado de responsabilidad del establecimiento y quiénes habrían sido los responsables del ataque.
No obstante, durante la madrugada de este jueves, personal de la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios (DIPRIS) colocó sellos de suspensión en las puertas de acceso del antro, un hecho que no responde a la mayor interrogante: ¿Cómo sucedió el ataque que costó la vida de una persona?
A pocos metros de “Leonor” se ubican otros bares y cantinas, algunos de ellos también señalados anteriormente por incidentes similares, aunque no tan graves, pero que demuestran la violencia que envuelve la vida nocturna en la zona de bares.
Rumba es otro lugar señalado. Ahí un joven recibió patadas y puñetazos tras haber ofendido a otro cliente.
En efecto, ante estos casos es importante resguardar a los clientes, pero ¿No es acaso el papel de la policía municipal intervenir y aplicar la ley? ¿Por qué se tolera que meseros y personal de vigilancia ejerzan una autoridad que no tienen?
Burlesque es otro antro donde ha corrido sangre. En este lugar, ubicado en el bulevar Belisario Domínguez y callejón Emiliano Zapata, un joven entró para divertirse y salió con el rostro desfigurado tras recibir una golpiza por parte de un guardia de seguridad, a quien solo despidieron luego de que la víctima presentó una denuncia.
Según el testimonio de la víctima y sus acompañantes, sin medir el uso de su fuerza, el guardia propinó golpes, e incluso utilizó un aparato que emite descargas eléctricas, que colocó en su pene para poder derribarlo. Carlos y Daniel Guirao Pérez, señalados como dueños del establecimiento, fueron puestos en la mira tras este incidente.
Aún no se esclarece lo sucedido en “Leonor”, y otro caso revela como el abuso en el consumo de alcohol es otra constante en las noches de Tuxtla.
Dos jóvenes. aparentemente menores de edad fueron grabados en plena golpiza, uno ataca con tal furia al otro que lo deja prácticamente, afuera del antro “Royce”, donde habían estado bebiendo.
Los excesos, violencia y falta de autoridad son la muestra de que la vida nocturna de la capital tiene otra cara, una faceta que involucra a jóvenes, meseros, guardias y la omisión de las autoridades. La combinación ideal para que sucedan tragedias.










