En los puestos de mando es de 11%, es decir, por cada 100 pesos que recibe un hombre, una mujer recibe 89
Francisco Mendoza / Diario de Chiapas
Datos que maneja el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), México es el tercer país de América Latina con menor presencia de mujeres en los puestos de mayor nivel jerárquico en el sector público.
Dentro de las secretarías de Estado a nivel federal, las mujeres ocupan 47% de los puestos de enlace –nivel de menor jerarquía–, sin embargo, esta proporción se reduce a 33% en los puestos de mando superior (subsecretarías, jefaturas de unidad y direcciones generales).
Esta baja representación de mujeres se traduce, a nivel agregado, en menores ingresos para las mujeres que trabajan en las secretarías de Estado; la brecha de ingreso por género en los puestos de mando es de 11%, es decir, por cada 100 pesos que recibe un hombre, una mujer recibe 89 pesos en los puestos de mando en las secretarías.
En un contexto donde persisten estereotipos de género, las mujeres son las cuidadoras primarias y frente a un mercado laboral poco flexible, el crecimiento de las mujeres a puestos de mayor jerarquía también se ve limitado por la maternidad y el cuidado de otras personas integrantes de sus familias.
De acuerdo con una encuesta del IMCO sobre crecimiento profesional con perspectiva de género, 51% de las madres respondieron haber pausado su carrera profesional por razones personales en comparación con 20% de los padres.
En este sentido, un artículo publicado recientemente en la revista The Economist aborda cómo la “penalización por la maternidad” impacta la calidad y posibilidad de empleo de las mujeres después del nacimiento del primer hijo y durante la primera década después del parto.
Aunque dicha caída es una tendencia a nivel mundial, en el contexto de México, el impacto de la maternidad en el empleo no muestra una recuperación significativa en los primeros diez años, a diferencia de otros países.
Aunque puede serlo, la elección de interrumpir las carreras profesionales no es meramente una decisión personal, sino que a menudo está motivada por la ausencia de políticas de inclusión y alternativas de cuidados.










