Católicos despiden a su Gran Pastor

  • Misas para pedir por su eterno descanso y exhibición de cuerpo presente en Catedral, para despedirse del arzobispo, parte de los rituales que enmarcan su despedida de esta vida terrenal

Francisco Mendoza / Diario de Chiapas

Una noche llena de sentimientos y emociones encontradas fue lo que se vivió en el interior del Seminario diocesano, desde la llegada de Monseñor a la capilla interina para su despedida.

Los sacerdotes lo esperaban con la túnica morada, la que utilizan en Semana Santa y que representa la muerte de Cristo en la tierra; así recibieron a Monseñor Fabio Martínez Castilla.

Mientras el féretro salía del vehículo que lo transportaba, los padres se veían entre sí, perdiendo la vista a donde yacía el cuerpo de Monseñor; en voz de quien fuera Vicario General de la Arquidiócesis de Tuxtla, José Luis Espinoza Hernández, recibieron al cuerpo para luego hacerle entrada en hombros de seis sacerdotes que trasladaban el féretro al interior de la capilla.

En el atrio, la gente que llegó a acompañar a la familia diocesana veía el paso del féretro mientras algunos más captaban el momento con tristeza en sus miradas.

Al llegar a las puertas de la capilla, el féretro fue bajado y puesto en la base en donde fue escoltado hacia dentro del recinto religioso por los jerarcas de la diócesis hasta los pies de la Virgen de Guadalupe, a un lado de la cruz de Cristo, ese fue su lugar en donde presenció su primera misa.

Coronas de flores adornaban las paredes de la capilla, rosas blancas, amarillas, rojas, girasoles y plantas de ornato; le daban alegría al lugar que, sin decir nada, la gente podía sentir un pesar.

Monseñor José Luis Mendoza Corzo, obispo auxiliar de Tuxtla Gutiérrez fue el que tomó la voz y llevó a cabo la misa en la que la feligresía católica presente escuchó a cada palabra la despedida que la comunidad diocesana le daba a Monseñor Fabio.

Fue una misa cargada de emociones, se podía ver en los asientos a personas pensativas, una más con lagrimas en los ojos y otras más atentas al sermón que al obispo auxiliar daba con respecto a la vida y la travesía que hacemos a la muerte.

Al concluir la Santa Misa, pidieron en orden, a los que quisieran pasar a despedirse de Monseñor Fabio podían hacerlo de forma ordenada; no tardó en organizarse la fila para poder pasar poco a poco.

Cada uno de los feligreses que pasaba, daba a cuenta su sentir al verlo yacido con los ojos cerrados. Susurros, algunas lágrimas y admiración, eran algunas expresiones que las personas hacían al ver a Monseñor.

Toda la madrugada, personas se iban y otras llegaban, las visitas no pararon en todo el tiempo que estuvo en el Seminario diocesano.

Alrededor de las 09:30 de la mañana comenzaron los preparativos para su traslado hacia la Catedral de San Marcos, en una procesión en la que los seminaristas se despedían de quien muchos de ellos señalaron, “fue nuestro padre espiritual”.

Desde su partida de la capilla, las madres que llegaron a acompañar la procesión, padres y los seminaristas, brindaron el último adiós, con lágrimas en los ojos, pero felices porque, “el padre ha llamado a nuestro pastor a su morada, esperando la venida de la resurrección”.

La partida fue pronta, el féretro fue llevado a una camioneta acondicionada para que el féretro fuera expuesto en la procesión y se despidiera en su andar por el boulevard Ángel Albino Corzo.

Los cánticos y alabanzas se escuchaban sin parar acompañando la rodada de la camioneta en la que iba Monseñor, la comitiva era amplia, muchos con banderas blancas y otros con solo la fuerza de sus voces que respondían a cada alabanza.

El camino era largo, pero nadie quería llegar pronto, ya que se acercaba el momento de dejar a Monseñor en donde era su lugar, la Catedral de San Marcos.

Muchísimas personas abarrotaron el atrio esperando la llegada de Monseñor Fabio, querían estar cerca de él, querían verle, muchos gritaron su nombre para despedirse, todo esto mientras el féretro entraba a las puertas de catedral.

Ya adentro se le dejó a los pies del altar mayor, en donde escuchó la misa de exequial, la primera en catedral de 12 que se llevarán a cabo hasta hoy a las 12 del día, hora que partirá a los hangares del aeropuerto para ser trasladado a Quintana Roo.

SEMBLANZA

Monseñor Fabio Martínez Castilla nació el 20 de julio de 1950 en Isla Mujeres, Quintana Roo; hijo de Domingo Martínez Sabido y María Regla Castilla Sánchez. Es el quinto de seis hermanos; Herlinda, Ignacio, Ismael, Patricio, Fabio y Julián.

Realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de San Idelfonso de la Arquidiócesis de Yucatán. Fue ordenado sacerdote el 31 de enero de 1977.

De 1977 a 1986 asumió sucesivamente los siguientes cargos: Vicario parroquial de los “Santos Reyes”, formador en el Seminario, capellán de los Hermanos Maristas; vicario parroquial de “Santa Ana” en Mérida; párroco de “Yaxcabá”, párroco de “Dzitás’’; párroco de Nuestra Señora de Guadalupe en Tizimín.

De 1987 a 1997 fue misionero en la diócesis angolana de Uipe.

De 1997 a 1998 fue párroco de Peto. Durante 1998 a 2007 fue párroco de “San Francisco de Asís” en Umán y, contemporáneamente, director diocesano del movimiento de cursillos de cristiandad.

El 13 de marzo de 2007 fue nombrado por SS Benedicto XVI Obispo de Ciudad Lázaro Cárdenas y consagrado el 4 de mayo del mismo año.

En la Conferencia del Episcopado Mexicano ha sido elegido responsable de la Dimensión de la Pastoral de la Misión para los trienios 2012-2015 y 2015-2018 y miembro del Consejo Pernanente del Episcopado Mexicano 2017-2018. Fue responsable de la Dimensión de la Pastoral Penitenciaria 2018-2021.

El 19 de febrero de 2013, SS Benedicto XVI lo nombró II arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, tomando posesión el 18 de abril del mismo año. Celebró 10 años de presencia en la Arquidiócesis de Tuxtla.

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