Ayer hubiese cumplido 18 años; la asesinaron cuando tenía 14, no se suicidio, dijo entre llanto la madre
Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
Adriana esperaba este viernes coronar a su hija y celebrar su mayoría de edad.
En cambio, lloró durante varios minutos con una corona de flores en sus manos, mientras observaba el ataúd negro que colocó en la entrada del Instituto del Deporte, el lugar en donde hace cuatro años y siete meses su hija, Jade Guadalupe Yuing Gómez, entonces de 13 años, fue encontrada muerta.
“Jade no se suicidó, a Jade la mataron”, expresó en voz alta ante los reporteros que ayer atestiguaron esta ceremonia, a modo de recordatorio, no sólo porque este 19 de julio Jade habría cumplido 18 años, sino porque la justicia sigue ausente en este caso.
En no pocas ocasiones Adriana Gómez Martínez lloró mientras daba la rueda de prensa, para exigir justicia, y la renuncia de los involucrados en esta muerte, empezando por la titular de este instituto, Tania Valeria Robles Velázquez.
“Tania Robles tiene que entregar cuentas, que diga por qué mataron a mi hija, ella es la directora de este instituto y tiene que dar la cara”, reclamó Gómez Martínez, quien narró el ‘calvario’ de estos años, buscando que la investigación castigue a quien o quienes mataron a su hija.
“He presentado las pruebas de que a Jade primero la estrangularon y fueron a colgar su cuerpo para hacer parecer un suicidio, sin embargo, constantemente enfrento un muro de silencio y de impunidad”.
Fue un 14 de enero del año 2020 cuando Adriana Gómez atendió aquella terrible llamada, en la que era informada por uno de los compañeros de Jade, “que se había suicidado en los baños”; información que no fue clara desde un principio, además que la llamada ocurrió casi tres horas después de que el cuerpo había sido encontrado por un personal de limpieza. De hecho, ningún trabajador del instituto le avisó que su hija había muerto.
Tres horas sin que nadie llamara a la policía, ni a una ambulancia. El estudio forense practicado al cuerpo de la niña no reveló la presencia de jugos gástricos, es decir, Jade no desayunó como era su costumbre, lo que abre la posibilidad de que su feminicidio ocurriera muy temprano en la mañana.
Desde aquel día Adriana no ha parado en su exigencia de justicia. Nada en la versión inicial encaja con los exámenes forenses practicados, que apuntan a que dos personas habrían manipulado el cuerpo de la menor para colgarla, y sostener así la hipótesis de un suicidio, muerte que actualmente está catalogada como feminicidio.
También desde ese momento comenzó un muro de silencio en el Indeporte, enfocados más en minimizar el hecho que en contribuir a esclarecer la muerte de la menor.
“La criminalística de campo realizada por la Fiscalía General de la República (FGR) menciona a una persona más, un asesino y cuatro cómplices”, asegura la madre de Jade, incluso mencionó que los involucrados aún estarían en funciones en el instituto.
Adriana dijo este viernes en repetidas ocasiones que aquel día no sólo mataron a Jade, a ella también la asesinaron, la dejaron “muerta en vida”, y pese a las amenazas en contra de los abogados que han intervenido y contra ella, no va a parar en su búsqueda de justicia.
A la fecha no hay un sólo detenido. La impunidad y el silencio han vuelto este tiempo una tortura para Adriana Gómez Martínez, quien este viernes colocó la corona que tenía pensada para su hija, en un ataúd negro que pusieron en la entrada del Indeporte.
Jade no se suicidó, reitera su madre. A Jade la mataron en las instalaciones del Indeporte, y mientras este crimen no reciba el castigo necesario, Jade será una víctima más de la indolencia del Estado mexicano y de sus instituciones.










