Cuando la piel se exponen al calor extremo, sus proteínas constituyentes se desnaturalizan, como si se “cocinaran” y las células de la piel murieran, dando como resultado una respuesta inflamatoria.
Si padeces una quemadura superficial, en primer lugar debes ponerla rápidamente bajo el agua fría durante varios minutos. A continuación, aplica una crema para quemaduras o una crema cicatrizante que hayas adquirido en la farmacia y protege la herida con un apósito estéril. Durante varias semanas tras la quemadura, mientras la piel se está curando, esta será frágil y sensible, y requerirá de cuidados dermocosméticos específicos, como una crema cicatrizante con FPS fuerte para evitar la hiperpigmentación posinflamatoria.
Las quemaduras pueden clasificarse en quemaduras de primer, segundo y tercer grado, dependiendo de su profundidad. Las quemaduras de primer grado son muy superficiales y causan un enrojecimiento parecido al de las quemaduras solares.
Las quemaduras de segundo grado son más profundas y causan ampollas y dolor intenso.
Las quemaduras de tercer grado afectan a la capa interna de la piel y destruyen sus fibras nerviosas, haciendo que sean indoloras. La piel se vuelve blanco ceroso o se carboniza, y puede parecer más gruesa y correosa.
Las quemaduras de primer y segundo grado pueden tratarse en casa con crema para quemaduras y apósitos estériles, siempre que no sean muy extensas y no afecten a la cara o una articulación importante. Las quemaduras de tercer grado requieren atención médica urgentemente.










