Cempasúchil se resiste a morir

Cultivos en Chiapa de Corzo, una herencia de más de cuatro décadas que “embellece” las ofrendas en la festividad de Día de Muertos

Tania Selvas / Diario de Chiapas

Fotos: Erick Bustillos / Diario de Chiapas

Enclavados entre la biodiversidad del río Grijalva, y bendecidos por sus aguas, sobreviven los cultivos de cempasúchil en Chiapa de Corzo. Cultivos de la familia Nangusé, saberes heredados de abuelos a padres, y de éstos, a los nietos desde hace más de cuatro décadas.

El saber familiar marca que la flor de los mil pétalos, se inicia con su cultivo desde el mes de julio, dando paso a todo un proceso que permita que el calendario marque del 26 al 28 de octubre el inicio de la corta, adorna y aromatización; de las casas, negocios y por supuesto, de las ofrendas que permiten guiar a nuestros seres queridos a casa.

Jesús Roselio Nagusé Molina, agricultor del cempasúchil, rodeado del dorado de las flores que se refleja con el sol, narra que el ritual del cultivo inicia con el secado de las semillas, que se colectaron de la cosecha del año anterior, “nos lleva un día completo para hacer el almácigo y hay que esperar para que germine la semilla a los dos días. A los 15 o 18 días crece la planta y ya a los 15 días más, ya hay que trasplantarla, cuidarla entre todos como familia. Son tres meses que lleva todo el proceso de la flor”.

Un saber y tradición mexicana, que se resiste a morir, pese a la invasión de la semilla china o también conocida como “marigol”, que orilla a los cultivadores a tener que hacer ambas siembras por la demanda de los consumidores ante su color y tamaño más intenso, aunque esto implique riesgos de la perdida de nuestra semilla criolla, de nuestras culturas y hasta afectaciones económicas.

“La criolla, es la que no debemos de perderla e ir conservando, porque la china es más vistosa, pero no tiene semilla, no huele y no es nuestra”.

Una segunda amenaza del cempasúchil mexicano, es la pérdida de saberes, debido a que la cuarta generación de nuestros campesinos mexicanos, ya se resisten a labrar la tierra, optando por estudiar o dedicarse a otras actividades ajenas al campo. Sumado a ello, la presencia de los famosos coyotes que acosan a los trabajadores de la tierra.

“Esperemos que esto nunca se vaya a perder con las nuevas generaciones. Que es una educación que no debemos de perder. Quisiera pedirles a los jóvenes, que se acerquen al campo. Es lo más maravilloso que puede haber, que conservar nuestras costumbres, nuestras tradiciones de nuestros antepasados, de nuestros ancestros porque de ahí dependemos”.

Día 27, 28 de octubre, inicia la cosecha. Un proceso que la familia Nangusé lo ha convertido en un ritual familiar; hermanos, tíos, sobrinos inician la corta cerca de las 5 de la tarde. Mientras las esposas cocinan la cena, todos alrededor del plantío de flores, que comenzarán a juntarse para cargar las camionetas rumbo a los mercados, florerías y panteones.

José Roselio, maestro de profesión, pero amante de la tierra, la trabaja con la esperanza de que sus próximas generaciones preserven la cultura del cultivo del cempasúchil.

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