José Cancino/ Tapachula
Desde diciembre del 2020, migrantes provenientes de Honduras, uno de los países devastados por el huracán Eta e Iota, comenzaron a llegar a Tapachula, en busca de nuevas oportunidades de vida.
Los extranjeros, que perdieron su patrimonio a consecuencia de los fenómenos naturales, permanecen junto a otros cientos de centroamericanos que esperan ser atendidos por el Instituto Nacional de Migración, que a partir del lunes reanudó actividades para quienes programaron citas a través de internet.
Carla Moreno, proveniente del país golpeado por las inclemencias del tiempo, afirmó que tuvo que salir de su tierra junto a su esposo e hija, ya que lo único que quedó entre sus manos fue lodo y escombros. Recordó que pasaron momentos muy difíciles “con el agua hasta el cuello”.
“Estamos aquí en Tapachula esperando que nos ayuden a conseguir un papel para que podamos transitar con regularidad y conseguir un trabajo, una casa en renta”, expresó.
Añadió que tienen esperanza de ser atendidos por las autoridades mexicanas, sin embargo, las demoras no les permiten avanzar en sus planes de supervivencia.
“No tenemos que comer, mire ahora sólo hemos comido un poco de pan que nos han regalado y agua en botellas sucias, pero es eso o morir de hambre”.
Así como la familia de Carla, al menos otras 30 familias en las mismas condiciones permanecen a la expectativa de la disposición de la atención en Migración.
La situación se ha recrudecido para los cientos de centroamericanos, cubanos, haitianos y africanos que siguen a la espera para iniciar sus trámites, mientras los oficiales migratorios y la Guardia Nacional vuelven más complicada la situación.
La tensión no cesa y esto puede originar un escenario de tensión, ya que los migrantes pernoctan desde Navidad en las inmediaciones de las oficinas de regulación dependiente de la Secretaría de Gobernación.










