- Una familia promedio consume cerca de 80 garrafones al año, lo que representa un gasto importante en su economía doméstica
- El precio de un garrafón de 20 litros puede oscilar entre 48 y 70 pesos; los purificadores oscilan entre 1,100 y casi 6 mil pesos
Ainer González / Tania Selvas, Marco Alvarado / Edén Gómez
Edición: Francisco Mendoza-Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
“A nadie se le niega un vaso de agua”, dicta la frase popular, pero en la actualidad el agua para consumo humano se ha convertido en todo un negocio, especialmente en México.
En México, beber agua potable es más un acto de desconfianza que de acceso. Aunque el agua que sale del grifo ha pasado por un proceso de potabilización, millones de personas en el país evitan consumirla directamente. Y no es paranoia: las tuberías corroídas, cisternas sucias o tinacos contaminados convierten al agua entubada en un recurso que muchos prefieren no arriesgarse a probar.
Ante este escenario, lo cotidiano es acudir al garrafón, la botella, la jarra purificadora o el filtro de cocina. Sea por salud, por hábito o por falta de confianza en los organismos operadores del agua, México ha consolidado uno de los mercados más grandes del mundo en consumo de agua purificada.
El país no solo lidera este rubro: es el principal consumidor de agua embotellada a nivel global, incluso por encima de economías con mayor poder adquisitivo. El costo, sin embargo, no es menor. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, los hogares mexicanos destinan entre 5 y 10 por ciento de sus ingresos mensuales a la compra de agua embotellada, a pesar de que pagar el servicio público sería hasta 108 veces más barato.
Una familia promedio consume cerca de 80 garrafones al año, lo que representa un gasto importante en su economía doméstica. El precio de un garrafón de 20 litros puede oscilar entre 48 y 70 pesos si se adquiere directamente de una empresa embotelladora. En contraste, rellenarlo en una purificadora cuesta entre 9 y 26 pesos, aunque muchas veces no se tiene certeza de los controles sanitarios que estos negocios mantienen.
En números gruesos, el gasto anual por consumir garrafones nuevos puede superar fácilmente los 7 mil 700 pesos por familia. De ahí que muchas personas estén volteando a ver otras alternativas: los purificadores domésticos, que, aunque requieren inversión inicial, representan un posible ahorro económico a mediano plazo y, además, generan menos residuos.
Pero no todo lo que brilla es limpio. Un reciente estudio de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), realizado en 2024, analizó cinco modelos de purificadores domésticos que no requieren instalación, evaluando 435 pruebas de calidad. El foco estuvo en aspectos como la reducción bacteriana, la eliminación del cloro residual, la variación del pH, y la capacidad de mejorar el sabor del agua.
Uno de los equipos mejor evaluados fue el Unilever Pure-it Compact, fabricado en India; este logró una reducción bacteriana del 99.9 por ciento, eliminó el cloro y ofreció un pH ligeramente alcalino (8.8). Su capacidad de reducir sales disueltas, sin embargo, fue limitada (71 por ciento).
Otros equipos como Ecofiltro (de Guatemala) y Avera PA5L (Corea del Sur) también cumplieron con la norma NOM-244-SSA1-2020, aunque este último no redujo las sales y alcalinizó el agua hasta un pH de 9.5, algo que —según Profeco— no tiene beneficios científicamente comprobados para la salud.
Los precios de estos purificadores oscilan entre 1,100 y casi 6 mil pesos, dependiendo de sus características. Pero si se calcula el gasto anual en garrafones, muchos consumidores podrían recuperar la inversión en menos de un año, siempre y cuando den el uso adecuado al equipo y realicen el mantenimiento correspondiente.
Ahora bien, si el consumidor prefiere seguir con el agua embotellada ¿Qué opciones tiene? De acuerdo con el Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON), que realizó un estudio comparativo con base en las normas NOM-0127-SSA1-2021 y NOM-201-SSA1-2015, las marcas Epura, Bonafont, Vitawa y Ciel cumplen con los parámetros de calidad microbiológica y fisicoquímica. Sin embargo, no todas saben igual.
Por ejemplo, Bonafont, aunque cumple con la norma, presentó una concentración más alta de sólidos disueltos totales (SDT), lo que generó un sabor metálico perceptible, incluso desagradable para algunos. En cambio, marcas como Epura y Ciel resultaron ser más neutras: inodoras, insípidas y con niveles bajos de dureza.
En las redes sociales también se libra una batalla por el gusto y la confianza. Según un análisis de la firma Metrics, Bonafont es la más mencionada, aunque también la más criticada por su sabor y por representar, según algunos usuarios, la privatización del agua. Epura, por otro lado, recibe elogios como la mejor opción en garrafones, aunque hay quienes la responsabilizan del acaparamiento de fuentes hídricas. Ciel, propiedad de Coca-Cola, también enfrenta críticas, especialmente por reportes de suciedad en sus envases y su operación en zonas con escasez hídrica como Nuevo León.
Pero el problema va más allá del bolsillo o del sabor: es también ambiental. Greenpeace advierte que una botella de plástico puede tardar hasta 500 años en degradarse. Y mientras permanece en mares o playas, pone en riesgo a especies marinas que pueden ingerir fragmentos plásticos sin valor nutricional, provocándoles daños irreversibles.
El informe “Impacto de la contaminación por plástico en áreas naturales protegidas mexicanas” reveló que el 6 por ciento de los residuos recolectados en costas protegidas del país eran botellas, confirmando que el consumo masivo de agua embotellada también pasa factura a la biodiversidad.
Necesidad social
El impacto económico que representa para las familias el consumo de agua de garrafón, da para que la ciudadanía analice sobre la necesidad de que las autoridades inviertan en una real estructura de agua potable.
Flor de María Gordillo es una señora que diariamente compra por lo menos un garrafón de agua, ya que su familia, que es muy numerosa, consume el vital líquido.
“Está muy caro, porque yo tengo a mis hijos y vienen varios niños, entonces si consumen las criaturas, de la escuela viniendo toman, tienen que recurrir al agua de relleno, ahí se va uno arriesgando; pero si está muy pesado el precio del agua, sobre todo las marcas más reconocidas por decirlo así, no vamos a decir solo de una”.
Comprar agua de marca sí cuesta cada vez más, dijo, a veces recurre uno al relleno de los garrafones, pero se arriesga a enfermarse.
“Creo que han abusado en el precio del agua, antes se hervía el agua de la llave, pero tampoco es económico ahora porque el gas está carísimo; además, las ollas quedan con mucho sarro y creo que eso afecta a los riñones, así que tenemos que comprar agua que cada vez es más cara”.

Por su parte Roberto Marín Marín, consumidor de agua de garrafón dijo que el problema es “que no recibimos agua potable, por eso no podemos tomarla directamente de la llave; ahora bien, en el tema de los rellenos, hay ocasiones en que causan problemas gastrointestinales, y entonces lo que te ahorras en el agua lo gasta en el médico”.
Explicó que potabilizar el agua no es algo dificilísimo, ya que vemos que los gobiernos hablan de millones de pesos en inversiones, pero no han logrado hacer que todos tengamos acceso a agua segura en nuestras casas, entonces favorece un negocio como lo es la venta de garrafones.
“No tenemos opciones, porque el agua potable no es potable, y los garrafones de relleno no son confiables, no paso a traer a nadie específicamente, pero, puedo garantizarle un detalle. Un buen amigo mío de economía alta, mandó a hacer análisis a 4 a 5 marcas de garrafones reconocidos locales y foráneos y nada más dos foráneos pasaron la prueba”.
Purificadoras de agua
En la actualidad derivado de la inestabilidad económica, los sectores sociales han buscado alternativa para que el dinero rinda, esto teniendo que llegar hasta el tema de la alimentación, por lo que se han buscado formas para que el dinero rinda.
Esto se ha trasmitido al tema del agua, donde ahora no solo las grandes empresas tienen cabida en el sector comercial, sino también existen opciones para la denominadas “purificadoras”, que han sido, -la mayoría de estas-, viables para los consumidores.
En este sentido, es de mencionar que en el tema de la calidad, salubridad y precio han sido lacerados en algunas ocasiones, para con esto tener el precio más bajo, pero existen purificadoras que han realizado su trabajo y brindan un servicio excepcional.
Ante esto, Carlos Williams Silva Morales, encargado de una purificadora en la capital del estado, señaló que como prioridad es cumplirle a la gente en la calidad y precio, aunque en la actualidad la competencia desleal y el poco compromiso de la salubridad ha ocasionado afectaciones importantes.
“En este caso la competencia ha sido lo más difícil, ya que el agua la manejan muy baja en cuanto al costo, pero no con la calidad que se requiere, en nuestro punto tenemos una calidad que debería ser regularmente para el consumo humano, siendo una opción viable que muchas purificadoras no tienen”, dijo.
En su caso, mencionó que actualmente el costo de 18 pesos, “porque regularmente estamos en constante mantenimiento de los filtros para mantener la calidad, aunque hay purificadoras que lo manejan en 9 o 10 pesos”.
Finalmente dijo que aun cuando son una alternativa para el tema de economía, la sociedad debe mantener total atención a la calidad, para que esto no se vuelva un riesgo para la salud.
Embotelladoras
Para las embotelladoras trasnacionales que se han apoderado de los grandes mantos acuíferos de México para la fabricación de cervezas, jugos, refrescos y por supuesto agua, este líquido se ha vuelto primordial para su negocio.
Sin embargo, la crisis hídrica está comenzando a alcanzarlos, primero por el mal manejo de sus residuos que está contaminando las zonas de extracción cercanas, y segundo, por la sobre explotación de los mantos, advirtió Romeo Palacios Suárez, coordinador de la Asociación Nacional de Profesionales en Resilencia (Anprogeri) en la región Sur Sureste.
Debido a ello, indicó que es necesario que tanto las autoridades como las mismas embotelladoras, deben aplicar un programa de manejo y control integral del agua, que permita su aprovechamiento sustentable.
Acciones que deberían de desarrollar a corto plazo las grandes embotelladoras que se han instalado en Chiapa de Corzo y San Cristóbal de Las Casas, que en algún momento tampoco tendrán su materia prima principal, el agua.
“Son volúmenes grandes de extracción, donde de alguna forma se compromete el recurso hídrico, pero que si se tuviera un plan hídrico se revierte la problemática, es algo que hemos insistido y hemos propuesto también al grupo FEMSA. Tienen recursos para decir bueno ¿Qué hacemos? Yo les digo: primero hay que empezar por tener un plan hídrico resiliente para poder controlar y manejar el agua. Y tratar de que el agua se quede, tratar de recargar los acuíferos, y eso es positivo para todos. Para ellos y para la población, no porque el negocio de ellos sea sacar agua y producir la Coca-Cola y luego venderla. Sabemos todo el negocio que tienen, pero por eso hemos insistido en este tema, hemos tratado de hablar con todos los sectores”.
Insistió que aun cuando Chiapas, tiene tres veces más agua que la media nacional, y 10 veces más que Baja California (el estado con menor precipitación media anual); la crisis hídrica ya nos alcanzó. Esto debido a que cada año se desperdician en el mar más de 127 mil millones de metros cúbicos que se precipitan, por no permitir que se infiltren y se recarguen los acuíferos.
“Hemos estado trabajando y diciendo bueno propongamos, de alguna forma algunas cuestiones para poder garantizar el agua para las futuras generaciones, que es precisamente el concepto fundamental de resiliencia hídrica, tener agua para las futuras generaciones y defendamos el agua. Lo primero que hay que hacer, es tener un plan hídrico resiliente con una visión de 25 años al 2050, decir bueno al 2050, vamos a ir haciendo estas obras. Primero comenzamos aquí en el siguiente año acá y así lo vamos planeando 25 años para tener un plan hídrico que me pueda garantizar que a 25 años voy a tener agua y me voy a defender del agua”.
Cada año, la demanda mundial de agua aumenta en uno por ciento. Para el 2050 se prevé que entre 4.800 y 5.700 millones de personas vivan en áreas con escasez potencial de agua.
Frente a este panorama, el dilema es cotidiano y personal. Hay quienes eligen el garrafón por comodidad; otros optan por rellenarlo en purificadoras locales, sin saber con certeza si se cumplen las normas sanitarias. Algunos más apuestan por jarras y filtros domésticos, tratando de conciliar salud, economía y medio ambiente.










