Huérfanos por feminicidio, víctimas invisibles

•          Infancias que pierden a sus madres por feminicidio quedan en una situación de alta vulnerabilidad: sin un acompañamiento integral por parte de las autoridades, en muchos casos, atrapados en conflictos legales por la guardia y custodia.

Karla García/ Edén Gómez /Cinthia Ruiz / Marco Alvarado/Diario de Chiapas/ Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

Infancias que pierden a sus madres por feminicidio quedan en una situación de alta vulnerabilidad: sin un acompañamiento integral por parte de las autoridades, en muchos casos, atrapados en conflictos legales por la guardia y custodia.

Familiares víctimas de femincidios enfrentan diversas dificultades al momento de tratar de acceder a la justicia. Sin embargo, hay otras vícitmas indirectas que tambien requieren atención importante: las niñas y los niños huérfanos por el feminicidio de sus madres.

Estas infancias enfrentan no sólo la ausencia irreversible del cuidado materno, sino una cadena de omisiones institucionales que los deja en una condición de vulnerabilidad extrema.

En entrevista, la activista Maricruz Velasco Nájera, presidenta de Fundación Karla Velasco, que brinda acompañamiento a familiares víctimas de feminicidio, explicó que estos menores, al quedar en orfandad, son asumidos por abuelas, tías u otros familiares, en la mayoría de los casos, quienes cargan con una responsabilidad emocional, legal y económica sin recibir el acompañamiento suficiente por parte del Estado.

“Son niños que ya no van a disfrutar de un amor, de una ternura y de ese cuidado que solo una madre puede brindar. Aun así, las autoridades no están poniendo el enfoque que estos casos requieren”, expresó.

Velasco Nájera señaló que, aunque existe una instancia de atención a víctimas, su capacidad resulta limitada y no ha logrado dar un seguimiento efectivo a las familias afectadas.

La instancia encarcada es la Fiscalía General del Estado (FGE) de Chiapas, a través de la Fiscalía de Feminicidio y el Centro de Justicia para las Mujeres (CEJUM), la cual, según indica el Protocolo para la Investigación, Acusación y Asistencia Legal a Víctimas del Delito de Violencia Familiar, establecido en 2020, establece la aplicación de acciones urgentes para proteger a niñas, niños y adolescentes víctimas indirectas de feminicidio. Estas acciones incluyen medidas de protección, atención psicológica, asesoría jurídica y trabajo social.

No obstante, de acuerdo con la experiencia de la fundación, si los familiares no insisten de manera constante ante las autoridades, los procesos se detienen y las carpetas quedan rezagadas.

“Si la familia no impulsa el proceso, si no levanta la voz, el caso se detiene. Y eso no debería suceder, porque hablamos de niñas y niños que ya perdieron a su mamá”, enfatizó.

Uno de los escenarios más complejos ocurre cuando el presunto responsable del feminicidio es el padre de los menores.

Patria potestad de

menores si el padre es el agresor

En caso de que el feminicidio sea perpetrado por el padre de los hijos, en Chiapas está vigente la “Ley Monzón” desde junio 2025, una ley aprobada a nivel nacional desde marzo de ese año, la cual establece la pérdida de la patria potestad, tutela y derechos de convivencia automática tras una sentencia condenatoria por feminicidio.

Asimimo, establece la restricción de derechos sucesorios, impidiendo que el victimario mantenga control sobre el patrimonio de los hijos o sobre la reparación del daño; pues el objetivo es evitar que la influencia legal del padre se convierta en una herramienta de manipulación o violencia económica que continúa.

No obstante, aun cuando los niños quedan bajo el cuidado de la familia paterna, la familia materna también tiene derecho a convivir y a participar en su crianza.

“La familia materna pierde a una hija; además, se le limita el derecho a ver y cuidar a los nietos. Eso también es una forma de violencia que no se ha querido revisar con profundidad”, sostuvo.

En los casos donde no existen familiares que puedan hacerse cargo de los menores, el DIF Estatal asume la responsabilidad; pero, esta alternativa resulta dolorosa, pues los niños son separados de cualquier red afectiva y trasladados a espacios donde enfrentan un nuevo proceso de adaptación.

“Un niño que perdió a su mamá, cuyo papá fue el agresor y que además no tiene familia que lo respalde, termina institucionalizado, esperando ser adoptado. Es una carga emocional que ningún menor debería vivir”, lamentó.

Impacto psicológico

Cuando un niño pierde a su madre de manera violenta, se enfrenta a un trauma complejo que combina el duelo por la pérdida con el impacto de la violencia extrema; explicó la psicóloga Norma Angélica Meléndez.

Señaló que el impacto psicológico en estos niños es devastador y multifacético, a diferencia de un duelo natural, el feminicidio conlleva una carga de estigma, además de la revictimización que sufren durante los procesos legales.

Los menores pueden desarrollar trastornos de estrés postraumático, ansiedad severa, depresión y problemas de conducta.

Meléndez enfatiza que la “herencia” emocional de un feminicidio es un ciclo de dolor que requiere una intervención especializada y prolongada para evitar que la violencia se normalice o se repita en sus propias vidas futuras.

La atención no debe limitarse a la crisis inmediata; se requiere un sistema que garantice educación, salud mental y un entorno estable que les permita reconstruir su identidad más allá de la tragedia que marcó su infancia.

La pérdida de una madre por feminicidio deja una cicatriz que no sana sola; el acompañamiento psicológico debe enfocarse en la validación de sus emociones y en proporcionarles un espacio seguro donde el miedo no sea la constante.

El caso de Jade

Adriana Gómez Martínez, madre de Jade Guadalupe, asesinada el 14 de enero, resume con una frase que explica lo que vive su familia: “No solo muere la víctima, mata a toda la familia, mata sueños, mata planes”.

El impacto también alcanza a Ámbar, su otra hija. Ella está viva, quiere jugar, ir al cine, nadar. Pero el miedo la marcó profundamente. Durante dos años no quiso ir a la escuela porque temía que la mataran como a su hermana. El feminicidio no solo arrebató una vida; sembró terror en otra.

Desde la experiencia de Adriana, lo que pasa en una familia tras un feminicidio es una transformación dolorosa y permanente. Se altera la rutina, se fractura la estabilidad emocional, se cancelan proyectos y se vive entre el duelo y la exigencia de justicia.

Dos de siete casos en Chiapas este año

En lo que va del año, se han registrado siete feminicidos en la entidad, dos de ellos, fueron perpetrados frente a los hijos de la víctima, el primer caso ocurrió en Villa Comatitlán el pasado 26 de enero, cuando la víctima identificada como Betiana ‘N’, recibió impactos de bala frente a sus tres hijos menores de edad, causándole la muerte al instante; el presunto agresor huyó del lugar.

El otro caso sucedió el pasado 21 de febrero, en el que Xóchitl, una mujer de 43 años, fue asesinada a balazos en su domicilio en el municipio de Tuxtla Chico, en la región del Soconusco, presuntamente por su esposo y en presencia de sus hijos. 

Velasco Nájera llamó a las familias a no guardar silencio y a exigir que sus casos no queden en el abandono, sin olvidar que la atención psicológica de las niñas y niños; así como el seguimiento de estos casos por parte de las autoridades

Meléndez refuerza este llamado, tanto a la sociedad como a las autoridades para visibilizar a estos niños como sujetos de derecho que necesitan una red de apoyo sólida, pues el vacío dejado por la madre se convierte en un abismo de vulnerabilidad que puede comprometer el desarrollo integral y la estabilidad emocional de estas nuevas generaciones de huérfanos.

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