- La regulación enfrenta una paradoja: la tecnología avanza más rápido que la preparación de quienes deben enseñar a utilizarla.
- El 91 por ciento de los docentes consultados en Chiapas manifestó interés en recibir capacitación sobre inteligencia artificial. Entre los estudiantes, la cifra llega a 76 por ciento.
iner González / Cinthia Ruiz / Edén Gómez / José Salazar / Marco Alvarado / Fotos: Erick Bustillos / Diario de Chiapas
Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
Más del 90 por ciento de estudiantes y docentes en Chiapas conoce la Inteligencia Artificial (IA) generativa y alrededor de 60 por ciento ya la utiliza; ocho de cada 10 alumnos recurren a ella para generar textos, mientras más de 75 por ciento desconoce si existen reglas para regularla.
La discusión sobre limitar celulares, tabletas, redes sociales e IA en las escuelas llega a Chiapas con una realidad que rebasa a las aulas: la tecnología ya forma parte del aprendizaje, pero la capacitación, la supervisión y las reglas avanzan a otro ritmo.
La tecnología está adentro
La IA dejó de ser una posibilidad para convertirse en una herramienta cotidiana de estudiantes y docentes.
En Chiapas, más del 90 por ciento de quienes participaron en la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa en la Educación Superior conoce estas herramientas y alrededor de 60 por ciento señaló que ya las utiliza.
Entre los estudiantes, el uso más extendido es la generación de textos: ocho de cada 10 recurren a la IA con ese propósito.
El dato abre una pregunta que ya no pueden esquivar las instituciones educativas ¿Cómo evaluar el aprendizaje cuando una plataforma puede elaborar en segundos una tarea que antes exigía investigación, lectura y redacción?
Daniel Cano, docente de TIC, inglés, finanzas y negocios, advierte que el problema aparece cuando la herramienta deja de ser apoyo y se convierte en sustituto del estudiante.
“Ya no saben hacer algo si no lo pueden pasar por ChatGPT o por Gemini”, señaló.
Para el profesor, regular no significa cerrar la puerta a la IA, sino enseñar a utilizarla sin delegarle capacidades que corresponden al alumno.
Celular: herramienta y
distracción
La misma discusión alcanza a los teléfonos celulares y las tabletas. Ángel Enrique Montoya Martínez, docente de secundaria y de la Escuela Normal del Estado, reconoce que los dispositivos pueden facilitar el acceso a información y apoyar el aprendizaje, pero advierte que su uso sin límites puede convertirse en un distractor permanente.
El problema, sostiene, no está en el aparato sino en el criterio con el que se utiliza. Por ello plantea establecer reglas claras dentro del aula: definir cuándo el celular puede ser una herramienta académica y cuándo debe permanecer fuera de la actividad.
La tecnología, dice, no debería desplazar el valor de los libros ni el esfuerzo que implica consultar, comparar y procesar información por cuenta propia.
El riesgo no termina
en el salón
Para la psicóloga infantil Norma Meléndez, el debate tampoco puede reducirse al rendimiento escolar.
Celulares, videojuegos, redes sociales y plataformas de IA forman parte de un entorno digital en el que niñas, niños y adolescentes pueden quedar expuestos a contenidos no adecuados para su edad o a interacciones con personas cuya identidad desconocen.
La especialista sostiene que las herramientas tecnológicas no son buenas ni malas por sí mismas: el factor determinante es el uso, el tiempo de exposición y el nivel de supervisión de los adultos.
Por ello, madres, padres y tutores deben conocer las plataformas que utilizan sus hijos, establecer límites y acompañarlos en el aprendizaje digital.
Capacitación, el otro
pendiente
La regulación enfrenta una paradoja: la tecnología avanza más rápido que la preparación de quienes deben enseñar a utilizarla. El 91 por ciento de los docentes consultados en Chiapas manifestó interés en recibir capacitación sobre IA.
Entre los estudiantes, la cifra llega a 76 por ciento: más del 75 por ciento de los actores educativos consultados, además, desconocen si existen normas institucionales para regular el uso de la IA generativa en las actividades académicas.
El conocimiento de estas herramientas tampoco implica dominio. Ninguno de los grupos consultados supera una autocalificación de 5.5 sobre 10, respecto a su capacidad para utilizarlas.
Para Cano, cualquier regulación debería comenzar con los profesores. Un docente que no conoce las herramientas difícilmente puede explicar a sus alumnos sus alcances, límites y riesgos.
Chiapas parte con
desventaja
La discusión tiene una dimensión que no puede ignorarse: la brecha digital. De acuerdo con la ENDUTIH 2025 del INEGI, sólo 53.9 por ciento de los hogares chiapanecos contaba con conexión a internet, frente a 78.3 por ciento a nivel nacional.
Esto significa que mientras algunos estudiantes utilizan IA para resolver actividades académicas, otros enfrentan dificultades incluso para conectarse.
La regulación, por tanto, tendrá que considerar una realidad desigual. No todos los alumnos tienen el mismo acceso a dispositivos, conectividad o acompañamiento familiar.
Daniel Domínguez, académico de la UNACH, agrega otro elemento al debate: el uso excesivo de pantallas puede favorecer el sedentarismo y afectar la interacción social y el desarrollo de habilidades.
Chiapas entra al debate
La presidenta de la Mesa Directiva del Congreso de Chiapas, Alejandra Gómez Mendoza, respaldó la propuesta para establecer límites al uso de celulares y redes sociales; además, destacó que la entidad participará en los foros de análisis.
La legisladora sostiene que la medida no debe entenderse como un intento por sacar la tecnología de las aulas, sino como una forma de ordenar su utilización y darle una finalidad educativa.
También llamó a docentes, madres, padres de familia y sociedad a participar en la discusión para que las decisiones respondan a las necesidades de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
El reto es no
quedarse atrás
La discusión apenas comienza, pero los números ya muestran que la tecnología llegó primero que las reglas.
Más de 90 por ciento conoce la IA, alrededor del 60 por ciento ya la utiliza y ocho de cada 10 estudiantes la emplean para generar textos. Al mismo tiempo, nueve de cada 10 docentes quieren capacitación y más de tres cuartas partes de la comunidad educativa desconocen las reglas existentes.
El desafío será encontrar un equilibrio entre protección y aprendizaje. Porque prohibir el celular puede resolver una distracción durante una clase, pero no enseña a utilizarlo responsablemente. Y cerrar la puerta a la IA tampoco impedirá que los estudiantes la encuentren afuera.
El reto para las escuelas no será apagar pantallas, sino recuperar el control sobre ellas. La regulación tendrá sentido sólo si consigue algo más difícil que prohibir: formar estudiantes capaces de usar la tecnología sin permitir que la tecnología piense por ellos.










