El mar sigue devorando tierra

•          Ha destruido a su paso estructura del Malecón, panteones y viviendas en Puerto Madero

José Cancino/Diario de Chiapas

Tapachula.-Chiapas ha perdido más de medio kilómetro de playas, principalmente en el Tapachula, de acuerdo con investigaciones realizadas por especialistas en esta parte del territorio mexicano.

La erosión, ha señalado en varias ocasiones el investigador Vicente Castro Castro, miembro del Centro de investigaciones para Mesoamérica (CIM), adherido a la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), comenzó hace más de una década, con la modificación de la línea de costa, a la llegada de la dársena de Puerto Chiapas.

La intromisión del océano Pacífico ha dejado una estela de destrucción que paulatinamente avanza. En Tapachula y Mazatán –este último municipio, con dos bocabarras–, el agua salina ha destruido y acaparado hectáreas de sembradíos y ranchos privados que representan una pérdida al patrimonio de productores de la zona.

EL MAR SE TRAGA CONCRETO

En septiembre de 2012, pobladores de San Benito exhumaron 40 restos humanos del panteón municipal, para evitar que las olas arrastraran con las tumbas y lo único que quedaba para honrar a sus difuntos.

Las familias depositaron los restos en bolsas negras y las trasladaron a un nuevo sitio de sepulcro. La tarea de “rescate” fue fructífera.

Para octubre de ese mismo año, el mar arrasó con gran parte del camposanto y se llevó consigo capillas, huesos humanos y sólo dejó la tristeza de lugareños que no pudieron salvar las estructuras ni sedimentos de sus seres amados.

El 14 de septiembre de 2021, el mar tomó por asalto a pobladores de Puerto Madero. Las letales olas arrasaron con una estructura edificada durante el sexenio de 2012 a 2018, que se había anunciado como un impulso al turismo y la protección para los lugareños.

El malecón quedó hecho pedazos y enormes trozos de concreto regresaban a mar adentro para dejar el perímetro devastado, como si hubiese sido escenario de una zona de guerra.

El agua arrancaba de raíz los cimientos de este corredor turístico que había sido utilizado para actividades lúdicas, esparcimiento y deportivas de pobladores en el sur de Chiapas.

No ha sido el único cimiento arrancado de la tierra. Varias viviendas fueron destruidas por la furia del mar en 2015 y, más en la actualidad, casas de descanso, con vista al Pacífico, quedaron reducidas a escombro y de pie, pero rotas por dentro.

VIVEN A DIARIO CON EL MAR FURIOSO

Para Gabriela, una mujer de 50 años habitante de Puerto Madero, es común ver cómo el agua penetra tras el muro de contención creado para frenar la fuerza del mar. El dique de enormes rocas ha cedido ante la furia del agua y ha dejado ventanas abiertas por donde se filtra tierra adentro.

“No se puede pararlo (al mar). Va a seguir entrando porque mire cómo arrastró ya muchas rocas que según servirían para detenerlo”, explicó mientras vigila a dos niñas ataviadas con ropa playera que carcajean cuando la brisa llega hasta sus rostros.

Allí también está Teresa, acompañada de su pequeño hijo Dylan, quien temeroso observa por primera vez el gruñir del mar. A decir de las dos mujeres, desde inicios de agosto suena “picado”, un regionalismo que utilizan para referirse a la fuerza con que las olas despegan y aterrizan en tierra.

“De 10 a 11 de la mañana el agua mantiene lleno el malecón. Como ha estado escarbando las orillas del muro, está deteriorada (la estructura)”, apunta la mujer que pide a las autoridades atender esta situación cuanto antes.

Para los palaperos de la zona, el agua les pisa los talones. Han perdido áreas donde anteriormente había mesas y sillas en las cuales los comensales disfrutaban ver caer el sol.

El reclamo del Pacífico es inminente y la destrucción poco probable detenerla. El mar todos los días advierte que, en cualquier momento, va a engullir todo lo que encuentre a su paso.

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