• En Chiapas, la posibilidad de guardar dinero para el futuro no es una cuestión de voluntad, sino de supervivencia.

Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
En Chiapas, la posibilidad de guardar dinero para el futuro no es una cuestión de voluntad, sino de supervivencia. Mientras el ahorro formal muestra ligeros avances a nivel nacional, en la entidad esta práctica aún un reto colosal, frenado por salarios insuficientes y una informalidad que asfixia el bolsillo de las familias.
​De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) y la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2024, el panorama es crítico: en México, el 30 por ciento de la población admite que sus ingresos son insuficientes para cubrir sus gastos mensuales sin recurrir al endeudamiento.
Pero para los chiapanecos, el ahorro no es una prioridad, sino un “lujo” que pocos pueden costear, debido a la brecha entre Chiapas y el resto del país.
El estado se mantiene como la entidad con el porcentaje más alto de pobreza laboral en México. Aproximadamente el 61 por ciento de la población percibe ingresos que ni siquiera alcanzan para adquirir la canasta básica alimentaria.
​A esto se suma una estructura laboral frágil. Mientras el ahorro formal en el país alcanzó el 29.8 por ciento en 2024, en Chiapas las cifras se desploman debido a que el 77 por ciento de los trabajadores se encuentran en la informalidad, careciendo de prestaciones básicas y acceso a cuentas de nómina o AFOREs, aun y cuando trabajen para empresas.
La baja infraestructura financiera, especialmente en las zonas rurales, ha obligado a los ciudadanos a buscar alternativas fuera del sistema bancario. El ahorro en el estado se divide en dos vías marcadamente distintas.
La informal es la más recurrente pero riesgosa, porque se hace mediante tandas, efectivo en casa o cajas locales.
Mientras que el ahorro formal está limitado casi exclusivamente a las principales ciudades del estado, donde existen instituciones bancarias.
El fenómeno del ahorro en México no sólo es una cuestión de ingresos, sino también de género y cultura.
Las estadísticas revelan una disparidad notable: mientras el 55.2 por ciento de los hombres logra ahorrar, solo el 49.3 por ciento de las mujeres tiene esta posibilidad.
​Incluso para quienes logran separar una parte de sus ingresos, el respaldo es mínimo. El 57.3 por ciento de los ahorradores sólo cuenta con un fondo equivalente a una quincena de sus ingresos o menos.
En el extremo opuesto, apenas un reducido 10.3 por ciento de la población posee un fondo de emergencia que podría cubrir más de tres meses de sus gastos básicos.

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