Letras Desnudas
Mario Caballero
Resulta que Ángel René Estrada Arévalo ha estado propagando en restaurantes de la capital chiapaneca que se encuentra afinando los detalles del proyecto de salud del próximo Gobierno del Estado. Y asegura que estará en el gabinete del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar como secretario de Salud.
Eso es lo que se llama no tener madre, ni tantita.
La sola intención de Estrada Arévalo de volver al poder tras su penoso, corrupto, indolente y detestable desempeño en el gobierno de Pablo Salazar, es un escupitajo a la cara. Una burla imperdonable a la memoria e inteligencia de los chiapanecos.
Todavía es más tolerable el cinismo de algunos políticos que fingen empatía para no dejar ver su indolencia frente a las necesidades de la gente humilde, o de los que tratan de ponerse en los zapatos del ciudadano aunque le asqueen, o los que abrazan a los indígenas pese a la sensación de basca que les provoca. Es más, se puede uno tragar la demagogia de los que dicen ser como los votantes, así sea de dientes para afuera.
Pero lo de Ángel Estrada es una mentada. Que pretenda regresar como secretario de Salud ni siquiera puede considerársele como un gesto de desvergüenza, ya que hasta el político más cínico suele mostrar un poco de pudor y sensibilidad ante el dolor ajeno. Él, en cambio, fue capaz de hacer escarnio de los que ha ofendido.
MALDITO PASADO
En 2000 fue designado titular de la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado. Pablo Salazar Mendiguchía le entregó la responsabilidad de proteger la salud de los chiapanecos mediante la implementación y ejecución de las mejores acciones y políticas para la prevención de enfermedades, la seguridad sanitaria y lograr el estado de bienestar de toda la población.
Empero, Estrada Arévalo dirigió la dependencia con la misma lógica con que Salazar gobernó Chiapas: abuso de poder, autoritarismo y corrupción. No por nada Pablo terminó en la cárcel acusado de abuso de autoridad, peculado, asociación delictuosa, ejercicio indebido del servicio público y uso ilegal de 104 millones de pesos del erario del estado.
Entre las principales acusaciones contra Ángel Estrada es haber inflado la nómina de la institución con sus familiares, amigos y compadres, quienes gozaron de jugosos sueldos, puestos de alto nivel de decisión y algunos cobraron sin trabajar durante los seis años de su gestión.
Asimismo, se le acusó de desvío de recursos públicos. Lo cual se dice fue la causa principal por la que todos los hospitales y centros de atención médica del estado carecieron de insumos médicos, medicamentos, equipo y personal calificado.
De acuerdo con una nota publicada en su momento por Ángel Mario Ksheratto, periodista que fue perseguido judicialmente por el gobierno de Pablo Salazar por ejercer un periodismo crítico, Estrada Arévalo ofreció “un sobrante” que según existía en el organismo a su cargo para cerrar el trato de la compra de la franquicia del equipo de fútbol Jaguares de Chiapas.
No se dijo a cuánto ascendía ese supuesto sobrante, pero seguramente fueron millones de pesos que bien pudieron ser aprovechados para equipar los hospitales públicos, o contratar personal o adquirir medicamentos. No olvidemos que en ese sexenio se registraron numerosas muertes de niños, madres y recién nacidos, especialmente en comunidades rurales e indígenas, donde en los centros de salud no había ni siquiera una pastilla para curar la fiebre o la diarrea.
MUERTES DE RECIÉN NACIDOS
Si esto de por sí ya era bastante grave, no se compara con las muertes de 35 recién nacidos en el Hospital K de Comitán, entre diciembre de 2002 y enero de 2003, en las que Ángel René Estrada estuvo implicado y por las que el 25 de abril de 2004 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió la recomendación 24/2004, dirigida a Pablo Salazar, tras acreditar que hubo atención médica inadecuada en ocho de los infantes fallecidos.
Según el testimonio de 40 personas, entre familiares de las víctimas y personal médico, el señalado hospital no contaba con instrumental, medicamentos, equipo e insumos, siendo las áreas más afectadas la gineco-obstétrica y pediatría, lo cual contribuyó a la ineficiente atención de los bebés.
¿Por qué no se suministró lo necesario a dicho centro médico si se conoce que durante la administración pablista hubo suficiente presupuesto?
La respuesta la dio el mismo exsecretario de Salud, quien declaró que el recorte a ese hospital se debió a que éste estaba ubicado en la tierra del exgobernador Roberto Albores Guillén, considerado el archienemigo de Pablo Salazar.
Es decir, ese nosocomio fue abandonado por absurdas disputas políticas en las que ningún ciudadano, y menos esos 35 recién nacidos, tenía nada que ver.
Murieron, sí, por una impropia atención médica, pero cuya razón de ser estaba en la negligencia de un funcionario, Ángel Estrada, quien prefirió que inocentes perdieran la vida, por un deleznable tema político, en lugar de cumplir con su responsabilidad.
Para mayor inri, trascendió a nivel mediático que ante la muerte de los primeros niños le ordenó al entonces director del hospital que los sacara de ese centro asistencial, tratando de evitar un escándalo en contra del gobierno.
“Primero está mi gobernador –dijo- que esos chamacos que de todas maneras se van a morir de hambre”.
No es todo. Distintas fuentes revelaron que cuando el director le llamó para informarle que la situación se había complicado, pidiéndole incluso su intervención ante el gobernador Salazar para el préstamo del helicóptero del gobierno, conocido como “El Chamula”, para trasladar a los neonatos, pues existía la esperanza de salvarlos, dicen que Estrada Arévalo montó en cólera y le respondió que se las arreglara como pudiera. Simplemente, le valió.
Se comenta que ese médico tuvo que huir del estado, ya que la administración de Pablo Salazar lo acusó de ser el responsable de las muertes de los recién nacidos.
El tres de enero de 2003, el ombudsperson de Chiapas radicó de oficio la queja número CEDH/COM/002/01/2003, por la denuncia aparecida en un programa de radio de una estación local en el que se informó sobre la muerte de los infantes por presunta negligencia médica en el Hospital Regional de Comitán.
Y el 13 de enero del mismo año, la Secretaría de Salud emitió un diagnóstico en conjunto con la entonces Procuraduría General de Justicia, la Contraloría General del Gobierno de Chiapas y la Organización Panamericana de la Salud, que establecía que en reiterado hospital no se contaba con la infraestructura y los recursos humanos suficientes para atender la demanda de cuidados de los neonatos.
Sin embargo, Salazar y Estrada Arévalo hicieron caso omiso de ambos documentos. Es más, Mariano Herrán Salvatti, entonces procurador del estado, recibió la instrucción de engavetar el caso para obstaculizar la investigación de las muertes. Por tal razón, el caso sigue impune.
¿EN LA NUEVA ERA?
Vuelvo al inicio. Ángel René Estrada Arévalo no tiene madre al pretender volver por sus fueros a pesar de su reprobable pasado. Menos aún en una administración, la de Eduardo Ramírez, que no merece ser poblada por funcionarios con cuentas pendientes con la justicia. O, por lo menos, con la justicia moral de toda la colectividad.










