Letras Desnudas

Mario Caballero

Sin querer me topé con una publicación en Facebook del diputado Javier Jiménez Jiménez, el mismo que fue secretario de Hacienda en el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, en la que decía estar agradecido por haber sido invitado al acto de entrega de la medalla “Antonio Augusto Cancado Trindade” al rector de la Universidad INFA, Óscar Lanuza.

Lo primero que pensé al ver esta publicación fue qué cínico, sobre todo al ver las fotos donde sale pelando el diente, en una actitud burlona, socarrona, como queriendo decir “mírenme que tranquilo estoy”.

Pero después lo pensé mejor: Javier Jiménez no es un cínico, sino un imbécil.

Lo digo con todo respeto. Imbécil no es un insulto propiamente dicho, sino un adjetivo que se usa para describir a una persona falta de inteligencia, alelado y poco apta para comprender la realidad que le rodea. Imbecilidad es lo que Javier Jiménez demuestra, a chorros, en dicha publicación. Y trataré de explicarlo.

DIMINUTO

Al decir diminuto no me refiero a su pequeñísima estatura, sino a su poco alcance intelectual, mismo que le impide ver más allá de lo que tiene frente a sus ojos. No puede percibir la tormenta que se cierne sobre su cabeza, que no sólo pone en riesgo su patética e insulsa carrera política, sino incluso su libertad.

Esto lo digo por el escándalo que explotó en días recientes en torno al llamado Grupo Tabasco y a su líder Adán Augusto López Hernández, que están presuntamente vinculados con delitos relacionados al crimen organizado.

Como bien sabemos, Adán Augusto fichó en su etapa como gobernador de Tabasco a Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad, de quien se reveló el pasado 12 de julio que estaba huido y perseguido nada más y nada menos que por la Interpol desde el mes de febrero, acusado de liderar el grupo criminal La Barredora, célula aparentemente vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación, señalada de cometer delitos graves y sembrar violencia en el estado sureño.

Aunque López Hernández haya dicho que nada sabía de las actividades ilícitas de su exsecretario de Seguridad, se conoce que Bermúdez Requena, apodado Comandante H, es una persona muy conocida en la capital tabasqueña, Villahermosa, y que muchas veces se cruzó en su vida política. Inclusive, hay informes militares que vinculan a Hernán Bermúdez con grupos criminales desde noviembre de 2019, un mes antes de que Adán Augusto lo designara secretario de Seguridad.

En este momento hay denuncias contra López Hernández por presuntos vínculos con el narcotráfico, específicamente con el grupo La Barredora, y esto está comenzando a tocar a los miembros del Grupo Tabasco, donde están incluidos exfuncionarios y funcionarios chiapanecos como Pepe Cruz, Sergio Aguilar Rivera, Jesús Domínguez Castellanos, Uriel Estrada Martínez, Ismael Brito Mazariegos y, por supuesto, Javier Jiménez Jiménez, quienes durante el proceso de designación de la candidatura presidencial de Morena decían a voz en cuello “estamos Agusto”, haciendo alusión a su respaldo al proyecto de Adán Augusto López.

Por eso, si fuera un poco inteligente, o mejor dicho, si no fuera un imbécil se daría cuenta que al mostrarse públicamente está actuando contra sí mismo, ya que en estas circunstancias lo mejor es llamar la atención lo menos posible.

Un político profesional se daría cuenta de esto a la primera. Pero el llamado JJ no lo es. Tan sólo se trata de un hombrecillo que se metió a la política por mera coyuntura. No tiene fundamentos, no tiene reconocimiento, no tiene trayectoria. Todo lo contrario, pesan en su contra señalamientos de corrupción, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito, que después de diez años y con tan sólo dos puestos en el gobierno, el de oficial mayor del Poder Judicial del Estado y luego secretario de Hacienda en la administración de Rutilio Escandón, se convirtió en uno de los nuevos millonarios de Chiapas.

TÍTERE

Y es tan imbécil (repito: lo digo con todo respeto), que no se da cuenta que en todo esto no fue más que un simple títere. Podrá tener una concepción distinta de sí mismo, pero en los hechos es claro que sólo sirvió a los intereses de sus jefes, siendo el principal de ellos Adán Augusto López.

Durante su gestión como secretario de Hacienda fue acusado de cometer diversas irregularidades. Como utilizar el cargo para exigirles moches y contratos de obra a sus homólogos para empresas ligadas a su familia. Ejemplo de ello es su yerno Bruno Anaya, quien fue proveedor de distintas dependencias locales, como el Instituto Estatal del Agua.

Asimismo, se le acusó de enriquecimiento ilícito. Prueba de ello es que pasó de vivir en una casa de interés social a una mansión de más de ocho mil metros cuadrados, con alberca, canchas deportivas y hasta un campo de fútbol profesional. La sospecha de su desmedido enriquecimiento radica en que sola esa propiedad, valuada en varios millones de pesos, no pudo lograrla con su sueldo de esos casi seis años como secretario de Hacienda, incluso sin tocar un solo peso de su salario.

También se le acusó de extorsionar a los presidentes municipales, a los que según les exigió contratos y tajadas de dinero en efectivo a cambio de dispersarles los recursos del presupuesto público.

A inicios de la administración anterior se dijo que a todos los funcionarios de primer nivel les pidió una buena lana, que sirvió para comprarle una residencia a Rutilio Escandón. ¿Sabe dónde? Sí, en Miami. Esto en agradecimiento por haberles entregado nombramientos como secretarios de Estado y directores.

Pero la mayor acusación en su contra fue la de desviar recursos del erario de los chiapanecos para financiar la campaña política de Adán Augusto López por la candidatura presidencial de Morena, quien por cierto terminó en un ridículo cuarto lugar.

De acuerdo con distintas versiones periodísticas, fueron varios cientos de millones de pesos los que se destinaron para este fin, cuyo principal encargado de dirigir y ejecutar esta operación fraudulenta en detrimento de los chiapanecos fue Javier Jiménez: el títere del Grupo Tabasco.

UN CONSEJO

De tal modo, lo más recomendable para él en este momento es quedarse calladito. Mejor todavía, seguir el ejemplo de su cómplice de grupo político Ismael Brito Mazariegos. Esto es, solicitar licencia para retirarse de la diputación local y huir del estado.

Cualquier político inteligente lo haría. Pero si él no lo hace sólo nos confirmará que en efecto es un imbécil.

PARA MAGDALENA

Querida prima, recordarás que hace algún tiempo mencioné que Luis Armando Melgar sería uno de los grandes protagonistas en las elecciones pasadas. Ciertamente, se convirtió en senador de la República y es el único legislador que ha realizado propuestas, gestiones y acciones concretas en beneficio de los chiapanecos.

Hoy quiero destacar que también ha sido el único que ha levantado la voz en exigencia de justicia por la crisis de seguridad y legalidad que se vivió en el gobierno pasado.

Esto dijo: “Lo que ocurrió en el corredor Chiapas-Tabasco no puede quedar en el olvido. Durante el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, Chiapas vivió una de las etapas más oscuras… [donde] el crimen organizado se apoderó del control de la frontera sur con total impunidad. Es urgente investigar al exgobernador Rutilio Escandón y sus vínculos con este corredor Chiapas-Tabasco, necesitamos justicia y legalidad, tope donde tope. En Chiapas, hoy sí tenemos compromiso y amor verdadero por esta tierra que tanto vale”. Alea iacta est.

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