Exploraciones literarias desde la narrativa siniestra escrita por mujeres


ENTONCES ESCRIBO/Damaris Disner

Una de las acciones que más me agradan es contemplar, entendida desde su acepción de observar detenidamente. Y cuántas veces durante el día nos damos ese permiso. Cuando asistimos a un taller de escritura creativa abrimos esa posibilidad. Contemplamos, primero nuestro interior para hilvanarlo con lo que nos conmueve o atraviesa del exterior.

El sábado pásado tuvimos otra sesión del taller homónimo de esta columna “Entonces, escribo”. Y abordamos la narrativa siniestra, leyendo a tres escritoras mexicanas estupendas: Adela Fernández, Guadalupe Dueñas y Ámparo Dávila. Las ordené en grado de popularidad, por así decirlo. 

He de confesar que desconocía la existencia de Fernández. Sencillamente me maravilló, tanto que el primer día de leerla tuve pesadilla. Las tres narradoras forman parte de la Colección 25 para el 25 del Fondo de Cultura Económica. Pueden acercarse a cualquier Sala de Lectura que pertenezca al Programa Nacional para conocer sus atmósferas donde nada es previsible, el asombro que provocan los personajes, tan bien construidos, nos recrean un álbum familiar que podríamos imaginar en sepia y con retorcidas figuras. También nos sumergimos al Mito de Sísifo de Albert Camus y exploramos un poco a la sombra, a la que se refería Carl Jung.

Y como en cada sesión intento motivar a las y los participantes a enviar sus exploraciones literarias realizadas, después de la lectura, intercambio de resonancias de la misma y demás reflexiones, que surgen con una taza de café en mano. 

En esta ocasión comparto el texto ficcional escrito por Alicia García Sarmiento, inspirada en la poética de lo siniestro. Que lo disfrutes y te invite a cuestionar la actualidad.

Con aroma floral cítrico/Alicia García Sarmiento

Los aromas siempre me han gustado. Creo que son embrujantes, puedes llevar pasajeros a otros mundos. Por ello, puntualmente, me perfumo dulcemente con un toque cítrico antes de las diez. Los desayunos exquisitos siempre van acompañados con el último suspiro, pero con un toque floral cítrico. Ese día no podría ser la excepción.

Despertar, ver el jardín, moverme con el viento. Acechar un poco las visitas después de la hora cero, contemplar el cielo al perfumarme y que se enamoren ciegamente, hasta hibernar con la llegada del otoño. Creo que no siempre los huéspedes dentro de mis flores pueden contar lo que sucede, por estar embriagados de mis dulces jugos. El sabor codiciado de todos los despistados, esos que están dispuestos a probar un poco de polen para su último respiro.

Disfruto aplastarlos con mis pétalos, como tú con tus dedos a las hormigas. Solo que yo los dejo tan secos que parecen semillas de higos para los pasteles de noviembre.

Sé que alguno podrá defenderse algún día, pero, por ahora, solo espero al siguiente.

Contacto: [email protected]

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