Humanismo permanente y fútbol

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

Evita la discriminación. El mes de junio es el mes de respeto a la Diversidad Sexual o del Orgullo LBGT, concretamente el día 28.

En redes se amplificó el artículo de Edmundo Cazas aparecido en El Universal, comentó que “Carlos Monsiváis había convivido con López Obrador a los 19 años”, disparando los comentarios homofóbicos.

En ese aspecto, existe la discriminación a la libre elección sexual y no debe de ser utilizado para denostar a un expresidente.

Ahora defenderé a la libre elección. Estoy convencido que en todas las familias hay predisposición genética a que haya varones y /o mujeres con preferencias sexuales hacia el mismo sexo.

Respetémoslos y valorémoslo.

Carnes, leches ricas en hormonas, alteran la formación del sistema nervioso previo al nacimiento, orientando el crecimiento de partes del cerebro hacia una orientación sexual que puede ser afín al mismo sexo.

La primera regla es que debemos respetar la decisión de cada ser humano.

Burlarse es vulgar. Nuestro nivel cognitivo se ve disminuido, es pobre o nos hace dudar de nuestra sexualidad. Cuando se burla de otra persona por ser homosexual, ¿no estará ocultando trasfondo homosexual?

¿Qué de malo tiene desear ser homosexual?

Lo malo es que lo niegues. Lo inhumano es el ataque constante a lo diferente.

Pésimo es Santiguarse. Lo positivo es evitar caer en la homofobia.

Concluiré con los susceptibles.

El fútbol es como una epidemia, una adición que acapara, anula a personas y actividades. En consecuencia, es para los susceptibles.

Es el mundial de Trump, por circunstancias suigéneris del momento y espacio, ¡no se distribuyeron equitativamente los 108 partidos!

El mundial en tres países tendrá 13 partidos en México, tres en Canadá y 78 en Estados Unidos.

Los partidos se realizarán mayoritariamente en Estados Unidos. Absolutamente racistas, clasistas, se trató como sub humanos o inferiores Somalia, Uzbekistán e Irán. Discriminados para las visas: Senegal, Haití e Irán.

La distribución la aceptaron las autoridades futbolísticas particulares de México. Ni gobierno ni partido político, sino los dueños del negocio.

El boleto: 1230 dólares para los partidos más demandados en Miami.

El pueblo mexicano, canadiense y estadounidense, están excluidos de acudir a los partidos. Cuando en 1994 las entradas al final del mundial costaban 475 dólares, en el último mundial estaba en 1600 dólares la entrada más cara para entrar a la final y ahora estará en $30,000 dólares.

¡Me quedo con el fútbol callejero!

Aquí en México, como en todo el mundo, observamos que los árbitros tienen un precio.

Marcan penales inexistentes para quien quieren que deseen que gane y omiten para los que desean pierdan. Como sucedió en el mundial del 2014, en el partido entre México y los Países Bajos.

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