Excélsior/E. Cruz
En México, aproximadamente el 18.4% de los adultos vive con diabetes tipo 2 (DM2), una enfermedad que en muchos casos progresa sin síntomas visibles, lo que retrasa su diagnóstico y tratamiento.
Una de las complicaciones más frecuentes es la retinopatía diabética, en la que el exceso de glucosa daña los vasos sanguíneos de la retina. Al inicio no presenta síntomas, pero con el tiempo puede causar visión borrosa o pérdida progresiva de la vista. En México, esta afectación está presente en hasta el 40% de los pacientes con diabetes, convirtiéndose en la principal causa de ceguera en la población económicamente activa.
La neuropatía diabética es otra secuela silenciosa que afecta a los nervios, principalmente en manos y pies. Inicia con hormigueo, ardor o entumecimiento y, conforme progresa, puede causar pérdida total de sensibilidad, lo que facilita lesiones, úlceras e infecciones que pueden terminar en amputaciones. A nivel mundial, hasta el 30% de las personas con diabetes presenta esta complicación.
El pie diabético representa una de las consecuencias más complejas y costosas de tratar. Se produce por una combinación de mala circulación, daño nervioso y heridas que no cicatrizan adecuadamente.










