Serie: En voz del autor…
Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas
Autora: Maribeyner Morales Vázquez
En los canales tranquilos de Xochimilco de la ciudad de México, vivía un ajolotito llamado Axvid. Tenía branquias como plumas rosadas y una sonrisa que parecía eterna. Axvid era curioso y le encantaba escuchar las historias que el agua en susurros le contaba, de sus viajes que llevaba de un lugar a otro.
Un día, mientras descansaba entre las plantas acuáticas, escuchó a unos científicos hablar desde la orilla del lago. Decían que él y su especie eran muy especiales. Axvid nadó con cuidado para escuchar mejor.
-El ajolote tiene uno de los genomas más extraordinarios, que lo convierte en un verdadero gigante genético-, dijo una voz.
Axvid se preguntó qué era un genoma. Así que decidió investigar. Habló con los peces, con las ranas y hasta con una vieja tortuga sabia. Finalmente entendió que el genoma es un ADN, como un gran libro de instrucciones que vive dentro de cada ser vivo. En ese libro está escrita toda la información que dice cómo crecer, cómo vivir y cómo sanar.
Lo sorprendente era que el libro de Axvid era enorme, mucho más grande que el de otros animales. Gracias a ese genoma tan grande y especial, Axvid podía hacer algo increíble: regenerar partes de su cuerpo. Si perdía una pata o dañaba su cola, su cuerpo sabía exactamente cómo volver a formarla sin dejar cicatrices.
Axvid se sintió orgulloso. Entendió que su genoma no solo era grande, sino también muy importante. No era magia, era ciencia escrita dentro de él.
Desde ese día, Axvid nadó por Xochimilco contando su historia. Les explicaba a los peces, a las ranas y demás, que todos los seres vivos tienen un genoma, pero que el suyo ayudaba a los científicos a aprender más sobre la regeneración y la vida misma.
Y así, el pequeño ajolotito Axvid siguió viviendo en el agua tranquila, cuidando su hogar y recordando que, incluso en lo más pequeño, pueden esconderse los secretos más grandes.










