Recualificación social o gentrificación: fragmentación y segregación

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

La reconstrucción simbólica de las ciudades está rodeada de conceptos como autenticidad, originalidad o singularidad; el conocimiento y los saberes técnicos refuerzan la idea de la necesidad de nodos estratégicos espaciales y la formalización de políticas de atracción a través de la revitalización de los centros urbanos. Esta nueva lógica, que combina la importancia de la centralidad espacial y el control de algún recurso específico para extraer rentas de monopolio, atraviesa a la cultura como un tipo especial de mercancía en las ciudades contemporáneas. Se trata de una serie de inversiones públicas y privadas en lugares determinados, que promuevan un espacio urbano para convertirlo en valor de cambio con alto potencial, promocionando un determinado capital simbólico que genere rasgos distintivos y, por tanto, rentas de monopolio.
La Recualificación social o gentrificación, es una idea que viene aparejada a dinámicas de fragmentación de la ciudadanía, de individualización y de globalización y, por supuesto, a nuevos estilos de vida y consumo distintivos que se reflejan en la manera de entender la ciudad, que también se ve fragmentada y segregada socialmente por las distintas identidades emergentes.
Una de las estrategias urbanas generalizadas bajo esta mirada, es la construcción simbólica de una ciudad que crea, una ciudad de arte; es una combinación entre un clima empresarial sólido y un clima personal afectivo apropiado, con el que poder tener a la “clase creativa”, aunque la lógica, por tanto, siguen siendo las ciudades globales.
El rol que ha adquirido la producción cultural va unido a su espectacularización y el aprovechamiento del fuerte tirón de la cultura para “redecorar” ciertas partes degradadas del centro de las ciudades. Por tanto, esta economía urbana cultural, trata de establecer una serie de tramas entre los sujetos del territorio, la ciudad, la cultura y la política. Así, las nuevas formas de gobernanza urbana que los poderes públicos utilizan para capturar con más eficacia formas de creatividad social, contienen nuevas formas relacionales, tanto en el ámbito laboral como en el económico o social.
En el nuevo campo de la creatividad y la innovación, estos conceptos se convierten en los nuevos engranajes donde los habitantes se convierten en espectadores, es decir, un dispositivo del espectáculo como herramienta de la nueva civilidad del ciudadano urbano. En este contexto, es la instrumentalización del concepto de cultura la que modifica al lugar y sus sentidos, confeccionando un ciclo donde emerge lo que es considerado transgresor, el sobreestímelo, lo alternativo para que funcione como lluvia de ideas colectivas y así poder cosificarlo.

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