Posibilidades de aprendizaje funcional y discapacidades intelectuales

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Admitir lo diferente, incluso entre quienes lo son, no constituye ningún riesgo de equívoco. La experiencia demuestra la diversidad de características que poseen los alumnos con discapacidad intelectual y, el hecho de lo diferente, es una marca ineludible desde el momento en que nace un individuo e incluso desde antes.

Los modelos de clasificación de la discapacidad intelectual son casi tan diversos como los especialistas que han abordado el tema y, aunque clasificar no es una palabra apropiada para los dedicados al mundo de la educación especial, sí se reconoce la necesidad de dotar de claridad a un término tan complejo como el de “discapacidad intelectual”, puesto que permite utilizar un lenguaje común entre los profesionales y las familias.

A pesar de la diversidad de enfoques en la clasificación y sin ser excluyentes, se proponen los cuatro siguientes: etiológico, basado en las causas de la discapacidad y con un carácter médico-biológico; psicométrico, que parte de la puntuación obtenida en un CI situado en un continuo cuantitativo; adaptativo, considerando las conductas que las personas afectadas pueden desarrollar de manera autónoma; y estructural, referido a las capacidades afectadas, que intenta predecir los niveles de conocimiento escolar que serán capaces de adquirir en el curso de su aprendizaje.

Sin embargo, es necesario no centrarse en uno de los enfoques más utilizados en el ámbito escolar como es el psicométrico, puesto que, admitiendo las limitaciones que tienen las pruebas que miden la inteligencia, las capacidades intelectuales de los alumnos -al menos desde este punto de vista- pueden objetivarse, estableciendo grados que expresan el nivel de discapacidad (ligera, media, grave y profunda).

No obstante, además del grado de discapacidad, se debe contar con otros elementos que caracterizan el hecho de ser diferentes. La persistencia en el trabajo, la motivación intrínseca y el esfuerzo personal puestos al servicio del aprendizaje, compensan en no pocas ocasiones, la propia discapacidad. Estos elementos compensadores no surgen de la nada, sino a partir de un complejo sistema de relaciones sociofamiliares que conforman la personalidad del alumno. En ámbitos donde exista afecto, aceptación mutua, sentido de la responsabilidad en el trabajo, apoyo, valoración del esfuerzo, etc., es más fácil conseguir éxitos. Por el contrario, existen situaciones familiares que facilitan poco o que incluso dificultan el desarrollo de las capacidades intelectuales. En bastantes ocasiones, la falta de estímulos familiares, el rechazo afectivo, los valores, etc., son razones que pueden agravar la situación personal de los alumnos y sus fracasos de aprendizaje en general, tanto de aquellos que tienen discapacidad intelectual como de los que no la tienen.

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