Reconocer al otro: educación desde la otredad

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

La educación desde la otredad ha de orientarse desde el lenguaje y la comunicación, concebida esta como encuentro dialógico entre educadores y educandos. Una educación que parta de la otredad, ha de formar desde la diversidad y para la diversidad. Esto determina -en el acto pedagógico- propender a la integración dialógica de la diversidad de saberes, metodologías cognoscitivas, formas de innovación, procesos creativos, plurilingüismo, pluriestilismo, perspectivas éticas y estéticas.
Además, es pertinente la inclusión de nuevas maneras de comunicación pedagógica basadas en las tecnologías, pero sin que estas formas de interacción sustituyan, excluyan o eludan la comunicación dialógica, la presencia sociocultural de las conciencias, la presentificación del otro, la extraposición y el excedente de visión del otro.
La educación, desde esta perspectiva, supone un cambio verdadero de la educación, una educación auténticamente dialógica: no se trata de una metástasis educativa, sino que implica apartarse de sistemas pedagógicos engañosos que han enmascarado la exclusión y el olvido del otro.
Hoy en día, hay concepciones que explican tipos de pedagogía en las cuales el otro “aparece, desaparece y reaparece” desde una temporalidad y espacialidad pedagógica; las tres son: 1) la pedagogía del otro que debe ser siempre borrado, “en el tiempo y en su tiempo”, “en el espacio y en su espacio”; 2) “la pedagogía del otro como huésped de la hospitalidad”, estas dos primeras van contra la otredad; y 3) la pedagogía del otro que vuelve y reverbera permanentemente, es un tipo de pedagogía deseable frente a las otras.
Cabe señalar que se tiene que reconocer verdaderamente al otro como complementariedad ontológica, comunicativa, epistémica, ética y estética del yo, de la mismidad. Es el otro quien posibilita la totalidad y unicidad del ser humano; pero no se trata de la constitución del ser en sí mismo, es decir en su mismidad, sino de la constitución del ser-en relación: ser en el acontecer dialógico.
Por lo anterior, desde esta perspectiva no es posible la “negación”, “racialización”, “objetualización”, “homogenización”, “zoologización”, “inferiorización”, “subordinación” y “exclusión” del otro. Esto supone abandonar la fragmentariedad del otro creada por la Modernidad; de esta forma se podrá en el encuentro con él experimentar, en el acto pedagógico, su integralidad humana y vital.

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