La disciplina familiar: tarea ardua

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas. [email protected]

En la familia, la disciplina se elige como un recurso instrumental para conseguir determinados fines: socialización del hijo, autonomía, rendimiento, autocontrol, etc. En cualquier caso, se trata de un concepto controvertido en el que influyen dos formas de entenderlo: por un lado, la disciplina como correctora de conductas inadecuadas y, por otro, como una estrategia para desarrollar y controlar las conductas deseadas.

La disciplina familiar ha sido y es una de las funciones de los padres. Estos son gestores del clima social familiar y del futuro de sus hijos. Esta función es compleja, al tener que integrar las conductas de los hijos teniendo en cuenta el estadio evolutivo en que se encuentran y las tareas a realizar.

Crear el clima familiar propicio para el desarrollo evolutivo de sus hijos, facilitar la comunicación e interacción, potenciar el aprendizaje, interiorizar las normas sociales, son las variables privilegiadas en la disciplina del hogar y que han de ejecutar los padres. El objetivo de la disciplina familiar no consiste en que los padres impongan su autoridad dictadora sobre sus hijos, sino en facilitar la evolución hacia una situación en la que el ejercicio efectivo de ese control, que lleva implícito toda disciplina, vaya haciéndose cada vez menos necesario.

A medida que los hijos vayan dándose cuenta de la necesidad de estructurar sus conductas personales y someterlas a ciertas restricciones, van mejorando sus posibilidades de integrar esos principios y restricciones en su propia vida. La disciplina familiar se debe basar en la comprensión inteligente de la conducta y norma por parte de los hijos y en un auténtico interés por el desarrollo de su personalidad. Pero también se fundamenta en la comprensión de los padres sobre el desarrollo evolutivo del pensamiento del hijo, para justificarle y razonarle el porqué de las normas.

Ser padre es una tarea ardua. Los padres son quienes ayudan a los hijos a crecer con la sensación de que se les tiene en cuenta y de que pertenecen a la familia. Enseñan a los niños habilidades sociales para la vida. Les ayudan a sentirse queridos. Encuentran el modo de que sus hijos se sientan especiales, únicos e importantes. Velan por su seguridad. ¿Y cómo se hace todo esto? Con disciplina. Quizás algunos padres piensan que la disciplina es un método que utiliza el castigo para obtener el control, pero la disciplina no tiene que ver con el castigo.

Más bien, la disciplina familiar tiene que ver con enseñar, educar, preparar, entrenar, moderar, construir habilidades y centrase en las soluciones. La disciplina es constructiva, alentadora, afirmativa, útil, afectuosa y optimista. Los niños no nacen con un manual de instrucciones, así que los padres necesitan encontrar un sistema que les permita confiar en sí mismos.

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