Hernán León Velasco
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
El 13 de noviembre de 2013, Tuxtla Gutiérrez vivió un momento que pertenece tanto a la historia como al asombro. Jane Goodall, la gran etóloga inglesa, visitó el Zoológico Miguel Álvarez del Toro, acompañada por Federico Álvarez del Toro, hijo del fundador del recinto. Aquella tarde, la selva africana extendió su aliento hacia la selva chiapaneca.
Entre los recintos, Jane se detuvo ante un cachorro de tapir y, con la ternura que une la ciencia al afecto, le dio leche tibia en un biberón. La fórmula había sido preparada por Rosario Aquino, encargada de la guardería de crías del zoológico, quien conoce el arte de alimentar la vida desde su primer aliento. Esa escena -la mujer que ha estudiado los chimpancés de África ofreciendo leche a un tapir chiapaneco- se convirtió en un símbolo: la empatía no tiene fronteras, la compasión tampoco.
Durante su recorrido, Jane se interesó especialmente por el mono saraguato, el cantor de la selva chiapaneca. En esa conversación, Federico Álvarez del Toro le habló de su sinfonía “Ozomatli”, compuesta en 1982, cuyo nombre en náhuatl significa mono. En esa obra incorporó los cantos, rugidos y gritos de los monos de la selva, transformando el lenguaje animal en música y haciendo que la naturaleza se volviera orquesta. Jane escuchó con asombro: ambos comprendían que el conocimiento y el arte nacen del mismo origen: de la escucha profunda del mundo.
Ella reconoció en Federico la herencia luminosa de su padre, Miguel Álvarez del Toro, pionero en la conservación de la fauna chiapaneca. Y él vio en ella la encarnación de una ciencia humanizada, capaz de mirar a los ojos del otro sin juzgarlo ni someterlo.
Desde su juventud en Tanzania, Jane Goodall demostró que los chimpancés sienten, piensan y sueñan. Les dio nombres y descubrió en ellos un reflejo de nosotros mismos. Su visita a Chiapas fue la prolongación natural de esa búsqueda: comprender que toda forma de vida es una palabra del mismo idioma universal.
El 1 de octubre de 2025, Jane Goodall falleció a los 91 años, pero su gesto permanece. En el zoológico donde ofreció leche a un tapir, en las notas de Ozomatli donde aún resuenan los saraguatos, en cada mirada que descubre hermandad en lo distinto, vive su legado: el conocimiento nace del asombro y, el asombro es la raíz del amor.
25 de octubre de 2025.










