Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Me veo en tus ojos
Cuando sueño el invierno,
aunque sé que es primavera,
añoro las noches tibias del otoño,
donde no soy joven ni viejo.
Entonces,
me veo en tus ojos,
y sé que se inicia el día,
la noche tardará en llegar.
Tus ojos me dan seguridad
me enseñan el camino a ti
y a un nuevo amanecer.
Me pregunto de qué estas hecha,
si mis sueños no te arropan.
Tus ojos no pueden soñarme
porque cuando somos uno
el tiempo, el tiempo se detiene.
He visto cómo maduras
He visto cómo maduras
en el lento latir de las horas.
La madurez de tus senos
la generosidad de tus caderas.
Árbol de la vida,
labios de granada.
Muslos redondos
con sabor a manzana.
Suave vientre donde los labios
descubren tu nombre.
Todo de cabeza
¡Todo de cabeza!
Aquellos años 68s.
Las buenas conciencias
tienen hijos y se soportan,
otros se separan,
buscan nuevas aventuras,
y descubren
cómo se vive la vida.
Los tiempos no lo marcan
los relojes, son los hechos,
las acciones que marcan
la vida.
Todo duele, como aquellos
años del 68.
Cómo es un poeta
La tarde de ayer
vi a uno bien vestido
con un traje gris,
camisa azul, zapatos lustrosos,
caminaba con sus pensamientos;
Tomó una servilleta, su pluma,
anotó sobre la blancura del papel
es poeta, digo, aunque se disfrace.
Nota: los poemas: Me veo en tus ojos y He visto cómo maduras, son del poemario Añoranzas Cotidianas, de mi autoría.










