Enrique Flores Amastal Ciudad de México

La lluvia que toca tu piel

La lluvia que toca tu piel

en ese acto cotidiano

de bañarte, jabonando

tu cuerpo virginal,

en tanto palomas

levantan su vuelo

y sólo el canto del silencio

acompaña tus sueños

de aventura.

Debo delinear tus labios

como el solitario en su isla,

su palmera lo ayuda a sobrevivir

y sueña con su amada.

Dime Celi: ¿Somos náufragos

de un deseo? ¿…nos consume?

Aléia, dame  tu mano 

Aléia, dame tu mano,

no utilicemos la palabra

para comunicarnos.

Caminemos en silencio,

que la música del mar

llene nuestros cuerpos.

Que el agua toque tu piel,

nos nombre.

Quiero ver en tus pupilas

la espuma de las olas rompiéndose.

Deja que el viento ondule

tus cabellos, te arrulle,

se lleve el dolor,

ese dolor que te aprisiona

como fantasma

en tus noches en vela.

Une tu mano a la mía

y soñemos.

Te quiero como adolescente

Te quiero como adolescente

que tiene su primer afecto,

su primer beso,

su primera muerte.

Vamos a tomar un café

un helado o acaso un té.

Quiero tus besos,

pero a lo mejor bastan tus manos

no lo sé.

Aléia dame tu mano y Te quiero como adolescente, se tomaron del libro de mi autoría, ALÉIA, contigo culmina mi vida. Págs.: 21 y 39, respectivamente.

Enrique Flores Amastal

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