Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Puedo amarte hasta la muerte
Puedo amarte hasta la muerte
y escribir sobre ti toda la vida.
Traerte una rosa cada noche
y así, convertirte en bella.
Impedir que vendas tu cuerpo
porque un insensato le ha puesto precio
y veo por tu comentario
que su oferta la piensas en serio.
Conociendo tu escultural anatomía
de hermosos senos turgentes
vientre suave como una loza
y tus muslos camino a la gloria.
¿Qué hacer? Por un instante, pregunto
cuando al parecer esa propuesta
se ha sembrado en tierra fértil
mi impotencia, son mis cadenas.
No basta mirar al cielo
y contar una a unas sus estrellas.
No basta silenciar las palabras
si la propuesta se ha pegado tu cuerpo.
Cuando ocupe tu pensamiento
pondré el tiempo en ausencia
para entonces tu ser brillará
como el verbo ilumina la palabra.
Porque amar es tan antiguo
que por pensar ser fácil y sencillo
se cree no es necesario ser creativo
y en la vida se puede ser mercenario.
El mundo está en el besar tus labios
eternos guardianes de lo eterno,
ahí las mariposas inician su vuelo
y en vuelo raso cruzan los pantanos.
Joven mujer de los ojos bonitos
cuando parta a otra dimensión
quedará el recuerdo en tu pupila.
Seguiré contigo en la conciencia
y si acaso no descubriera tu cuerpo,
con la luvia de un acto cotidiano,
será entonces en poderoso sueño.
Hoy dije que te amaba
Aunque, no digas eso, dijiste.
Dije soy honesto contigo
y hay congruencia conmigo.
La incertidumbre se cubrió de silencio
pero no logró borrar lo dicho.
En el universo, el espacio
rítmicamente se sacrifica.
El mundo femenino es eterno
incomprensible para el hombre.
Dadora de vida, protectora
geografía del mundo, es tu cuerpo.
Enrique Flores Amastal










