Pozol: La bebida que alimentael alma del sureste

Marco A. Orozco Zuarth

(Primera de
dos entregas)
Al mediodía, en un rincón cualquiera de Tuxtla Gutiérrez, una mujer con el rostro tallado por los años menea con destreza su jícara. El contenido, espeso y pardo, gira como un remolino silente, al ritmo de una costumbre ancestral. Ese movimiento -el “meneadito del pozol”- no es solo una preparación, es un acto ritual. Con ese gesto, la historia de los pueblos mayas, soques y chontales revive cada día y, la memoria del maíz y el cacao se pone en boca de quienes aún saben saborear el pasado.
El pozol no es una simple bebida. Es una herencia viva que fermenta entre la cultura, la resistencia y la identidad de los pueblos del sureste mexicano. Su nombre viene del náhuatl pozolli, que significa “espumoso”, pero su alma es maya. Mucho antes de que llegaran los conquistadores, los pueblos originarios de Chiapas y Tabasco ya preparaban esta mezcla sagrada de masa de maíz y cacao, a la que los soques le llamaban cacáhujcuy, los tzeltales mats’, los chiapanecas naa’ nbima y naa’ nbima yasi, los chontales buk’a.
Aquella preparación, que los mayas consideraban esencial para el cuerpo y el espíritu, era tan vital que colocaban una porción en la boca de sus muertos para que pudieran alimentarse en el viaje hacia el otro mundo.
El pozol es hijo del maíz, el dios vegetal de Mesoamérica y hermano del cacao, alimento de nobles y guerreros. En sus inicios, era preparado por mujeres sabias que cocían el maíz con cal, lo molían sobre metates y formaban bolas envueltas en hojas vegetales. A la sombra de la ceiba, las mujeres pasaban este saber de generación en generación, mientras los hombres partían con una bola de pozol en la mochila y una jícara colgada al cinto, listos para cruzar selvas, ríos y caminos reales.
Este brebaje, espeso y nutritivo, calaba en el cuerpo con una frescura que desafiaba al calor infernal del trópico. En tiempos coloniales, los conquistadores españoles lo probaron, lo observaron con recelo y luego lo relataron con asombro…
Continuará.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *