Querida Fátima, de Colectivo Varinia

Eddie Rinctoya / Enviado Especial

Guadalajara, Jalisco

Hay películas que, incluso después de terminarlas, siguen doliendo. Querida Fátima es una de ellas.

En la edición numero 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara -una edición que nos llevó de sala en sala con historias distintas pero necesarias- hubo una película que golpeó de una forma distinta. Una historia que desearíamos que no existiera en la vida real, pero que está ahí, porque la realidad no se puede controlar. Al escribir sobre este documental, vuelvo a la frase que Lorena Gutiérrez, madre de Fátima, pronunció con una fuerza que se queda clavada: “La justicia se construye escuchando”.

Hoy hablamos de Querida Fátima, documental del Colectivo Varinia, gran ganadora del FICG 41 con el Premio Mezcal a Mejor Película Mexicana, Mejor Dirección y Premio del Público.

¿De qué trata?

Una década después del asesinato de su hija Fátima, de apenas 12 años, víctima de un brutal feminicidio, Lorena Gutiérrez se planta frente a Palacio Nacional para exigir una audiencia con la primera mujer presidenta de México. La película dirigida de forma colectiva bajo el liderazgo de la propia Lorena sigue esos días de lucha, memoria y resistencia.

Un documental desde adentro

El Colectivo Varinia está conformado por Lorena Gutiérrez, Jesús “Don Chucho” Quintana, Rodrigo Reyes, Dawn Valadez y Su Kim.

Narrado en voz en off por Lorena y Don Chucho, el documental nos sumerge en una historia marcada por el dolor más profundo: el de unos padres que perdieron a su hija. Mientras los escuchaba, recordé algo que siempre me han dicho: no existe una palabra en el diccionario para nombrar a quienes pierden un hijo, porque ese dolor es inimaginable. Por “leyes de la vida”, los hijos deberían despedir a sus padres, no al revés.

Cada instante que narran sobre estos diez años solo confirma algo que ya sabemos: aunque muchas personas buscan justicia en México, ese camino está deformado y perdido. La historia que vemos es triste, fuerte y desesperante, sobre todo cuando escuchamos las respuestas -o la ausencia de ellas- de quienes deberían garantizar justicia en un país donde, como recuerda el documental, cada día se asesina a 10 mujeres, aunque las cifras oficiales intenten decir otra cosa.

¿Qué haces cuando ya no tienes miedo?

Cuando la justicia se vuelve promesa vacía, cuando lo único que llega son palabras al aire, cuando honrar la memoria de tu hija te trae amenazas anónimas… ¿Qué queda? Queda resistir. Queda hablar. Queda no olvidar.

Querida Fátima es una denuncia pública contra el intento de borrar miles de feminicidios en México, contra la minimización de familias quebradas que nunca vuelven a ser las mismas. Incluso aparece la historia de una madre de Chiapas, recordándonos que este dolor atraviesa todo el país.

Como dice el documental: estos asesinatos suceden porque nunca hay culpables, porque no se obtiene justicia. Y un país donde eso ocurre, está condenado a un ciclo sin fin.

En Recomendación

El cine documental nos permite llegar a lugares donde no podemos estar presentes. En este caso, al salir de la sala, uno entiende que Querida Fátima busca que no dejemos de mirar. Que no dejemos de escuchar. Que la memoria de una niña de 12 años no se diluya entre cifras ni expedientes. El cine, cuando es necesario, nos obliga a detenernos y a sentir el peso de lo real. Y quizá ahí, en ese pequeño temblor que deja la película, comienza también una forma de justicia: la que nace cuando una historia se vuelve imposible de ignorar. Esta historia es contada por quienes aman a Fátima y por quienes nunca la olvidarán.

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