Escritor invitado: Dr. Fernán Pavía Farrera
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.
Edgar Colmenares Sol [email protected]
El Doctor Fernán Pavía Farrera fue un destacado médico, investigador y cronista chiapaneco nacido el 20 de agosto de 1920 en Tuxtla Gutiérrez. Su carrera profesional abarcó más de seis décadas, durante las cuales realizó importantes contribuciones a la medicina, la investigación científica y la cultura de Chiapas y México.
Formación Académica: Médico cirujano y partero por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1944. Trayectoria Profesional: Médico clínico y director hospitalario en diversas instituciones, incluyendo el Hospital General y el Hospital Juárez en la Ciudad de México, y el Hospital Domingo Chanona en Chiapas. Pionero en la Campaña Nacional contra el Cáncer y primer citólogo de la iniciativa. Investigador y autor de más de 60 publicaciones sobre temas médicos y científicos.
Reconocimientos y Premios: Premio Chiapas en Ciencias (2014), Doctor Honoris Causa por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) en 2023, Medalla al Mérito Médico Chiapas (2020), Pergaminos Bernal Díaz del Castillo, Fernando Castañón Gamboa y Juan Rulfo, Medallas Rosario Castellanos, Valentín Gómez Farías, Ángel Albino Corzo y Joaquín Miguel Gutiérrez.
Aportaciones Científicas: Investigaciones sobre el asma y la vacuna BCG, proponiendo una relación directa entre ambas; Tratamientos innovadores durante la pandemia de COVID-19, defendiendo la medicina basada en evidencia; Propuesta del uso de la Rifampicina como tratamiento para casos graves de neumonía por COVID-19.
Legado del Dr. Fernán Pavía Farrera. El tiempo lo acompañó como un río profundo y obstinado. En sus ojos estaba la claridad de quien ha visto pasar guerras, pandemias, las sombras del siglo pasado y la luz del conocimiento. Fue médico y cronista, pero sobre todo, testigo de la fragilidad y de la fuerza humana, testigo del cuerpo doliente y de la esperanza que cura. Con sus manos atendió todos los dolores: anestesió, operó, auscultó, consoló. No le bastaba una especialidad, porque sabía que la vida no se fragmenta. En su quehacer cabían todas las ramas de la medicina porque en su tiempo así era la atención y, en sus libros -más de cincuenta- quedó la huella de su curiosidad inagotable, esa sed de abarcar la totalidad del saber. Ahora nos duele su partida, pero no es ausencia: es presencia transformada. Su vida fue un largo diálogo entre la ciencia y la historia, entre la carne enferma y la palabra escrita. En su centenario largo vimos encarnada la tenacidad de Chiapas y el espíritu universal que no se resigna al olvido. Lo despedimos con gratitud, como se despide a un maestro que no se va del todo. Porque en cada página suya, en cada vida que tocó con su vocación, late todavía la misma certeza: que la medicina es más que un oficio, es una forma de amor. Hoy y siempre queremos recordarlo también en su cumpleaños, con esa corona de rosas y un canasto de frutas en las manos, con la paz en la mirada y la alegría dibujada en una sonrisa sincera. Porque en esa imagen sencilla se revela toda su grandeza: un hombre que, después de 105 años, seguía celebrando la vida con la misma serenidad con que la había servido.
Su partida a los 105 años deja un vacío en la comunidad médica y científica de Chiapas y México, pero su legado continúa vigente en la práctica clínica y académica.
Escribe: Hernán León
Velasco,
28 de septiembre, 2025.










