A Grecia la quieren quitar de en medio
La política suele ser ruin cuando se lo propone, aunque la realidad es que eso ocurre con demasiada frecuencia. Rara vez da espacio a la conciliación. El ataque, el descrédito, la venganza, el desdoro y la estigmatización suelen convertirse en los “principios” que motivan las agresiones contra quienes hacen sombra o interfieren en el camino de otros personajes que anhelan un futuro promisorio para ellos y sus familias, porque creer que lo hacen pensando en el pueblo de México resulta cada vez más difícil.
Así se han escrito historias tan crueles como perversas que, con el paso del tiempo, si bien no se olvidan, al menos dejan de tener un impacto permanente, porque suele decirse que el tiempo todo lo cura.
Magnicidios como el cometido contra el entonces candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio, o acontecimientos como los ataques a las Torres Gemelas en Estados Unidos, son episodios de enorme relevancia que retumbaron y cimbraron las estructuras políticas de México y del vecino país del norte. Uno ocurrió en 1994 y el otro en 2001. Dos escenarios distintos, pero con un trasfondo político que marcó a sus respectivas sociedades.
Como estos, existen numerosos episodios que han obligado a “escurrir tinta” en los medios de comunicación, donde cada quien cuenta su verdad o la versión que considera más conveniente. Este afán por desacreditar y enjuiciar a priori suele responder a fines aviesos.
En la práctica, esto no se discute. Los escenarios políticos que se ventilan públicamente demuestran que prevalecen las confrontaciones y los ataques contra el adversario, con un único objetivo: apartarlo del camino.
Un caso que ilustra esta realidad es el que vive la alcaldesa de Uruapan, Michoacán, Grecia Quiroz. Desde el asesinato de su esposo, Carlos Manzo, los enemigos de éste se han convertido en sus más férreos adversarios, simplemente porque decidió asumir el lugar de quien fue uno de los alcaldes más combativos y que nunca dudó en exigir justicia para su pueblo.
Hoy, a Grecia Quiroz no sólo le han incumplido en la tarea de hacer justicia contra los autores intelectuales del asesinato de Carlos Manzo; también buscan cerrarle el paso hacia una eventual candidatura a la gubernatura de Michoacán, una ruta política que ha impulsado a través del Movimiento del Sombrero.
Sin embargo, no fue una decisión que buscara desde el principio. Fueron los acontecimientos trágicos los que la llevaron a recorrer ese camino: por un lado, para honrar la memoria de su esposo; por otro, para cumplirle a su pueblo, fiel a las enseñanzas de un alcalde cuyo principal “defecto” era ser honrado y transparente.
Por ello surge el recuerdo de Colosio y la inevitable comparación con Manzo, guardando, desde luego, todas las proporciones.
Hoy han intentado vincular a Grecia Quiroz con actos de corrupción; la han confrontado desde el Congreso del Estado de Michoacán, donde Morena mantiene la mayoría legislativa, y recientemente fue señalada por el presidente del Poder Legislativo, Baltazar Gaona García, de haber cobrado presuntamente como asesora mientras desempeñaba funciones dentro del Sistema DIF municipal. La acusación abrió un nuevo frente de confrontación política en la entidad.
Si ese fuera el caso, difícilmente podría compararse con los millones de pesos que suelen despilfarrarse en actos superfluos cuando se ejerce el poder. Sin embargo, ante dichas acusaciones, la alcaldesa se mantiene firme en su postura: “No tengo miedo”.
El enfrentamiento ocurre mientras las autoridades internas del Congreso revisan la información relacionada con los contratos y remuneraciones de la edil. Que se investigue, que hagan lo que tengan que hacer y que también se revise el proceder del legislador que lanzó la acusación.
Los ataques no cesarán porque saben que la alcaldesa representa una de las cartas más fuertes para competir por la gubernatura de Michoacán. Si efectivamente cobraba 30 mil pesos mensuales mientras presidía el DIF de Uruapan, que los devuelva y asunto concluido. No es lo mismo eso que adquirir una residencia valuada en más de 12 millones de pesos sin explicar de manera convincente cómo fue posible obtenerla en tan corto tiempo.
Está claro que no son comparables 30 mil pesos con una cantidad de esa magnitud. Y si resultara responsable de alguna irregularidad, que sea sancionada; pero que ello no implique limitar su derecho a participar políticamente.
En Chiapas existen alcaldes que han sido señalados por desviar miles de millones de pesos y aun así conservan el descaro de buscar nuevamente cargos públicos. El caso de Carlos Morales es un ejemplo. Nadie parece decirle nada; por el contrario, según él mismo presume entre sus allegados, recibe aliento desde Palacio Nacional. En fin, así es la política y sus peculiares arranques de transparencia.










