Xóchitl Gálvez, ¿la esperanza de México?
La triste y al mismo tiempo reconfortante historia de Xóchitl Gálvez la tiene hoy en los cuernos de la luna. Todo porque le cerraron la puerta de Palacio de Gobierno y como consecuencia de ello, cientos de miles de mexicanos le abrieron su corazón para impulsar a la Presidencia de la República. ¡Casi nada!
La narrativa que ha caracterizado a la mujer indígena del estado de Hidalgo, para salir adelante a base de esfuerzo y mucho sufrimiento, pero siempre acompañada de una inteligencia sobresaliente, la ha posesionado hoy en día como una política de ideas firmes, transparente, y principalmente, honesta, sin señalamientos de estar coludida a los cotos de poder.
La irrupción de la senadora para estar en una primera instancia en las preferencias electorales para gobernar la Ciudad de México, y en menos de dos semanas, posesionarme como la figura principal de la oposición para hacerle frente a las corcholatas de la Cuarta Transformación, le da mucha esperanza a la alianza Va por México para competir al tú por tú para la Presidencia de la República.
Está claro que eso no basta, la senadora tendrá que pasar varias pruebas, pero lo que sí es elocuente es que en este momento es el prospecto mejor posesionado y mal harían los de arriba, los conservadores, en tratar de ponerle piedras en el camino para eliminarla de la candidatura.
Bien dice Xóchitl que no tiene dinero, que no tiene padrinos, y que no los necesita porque si algo saber hacer es luchar con todo para vencer obstáculos y vaya que ha tenido los ovarios suficientes para retar al presidente de México por la cuestionada versión de que ella dijo que se quitaran los programas de asistencia social.
Durante casi cinco años, el presidente AMLO ha sabido manejar la comunicación para tener a raya a sus adversarios. Nada fácil cuando se trata de gobernar un México complejo, con muchos problemas, pero un solo error de cálculo ha bastado para que una mujer le haya robado la agenda nacional e internacional por el show que hiciera la senadora frente a Palacio de Gobierno, luego de que no la dejaran pasar a la mañanera para exponer su verdad.
A partir de ahí, la mitad de México, hoy conoce a la mujer que de niña vendió gelatinas, que salió huyendo de su pueblo natal de la violencia, que llegó a vivir a un cuarto de azotea a la Ciudad de México, que se graduó de ingeniera, y como dice ella, sin plagiar ninguna tesis.
Hoy los analistas la conocen como mujer entrona, que no se achica ni se agacha ante los poderosos, que tiene conocimiento de qué cojea el país; su incursión en el gobierno de Vicente Foz le permitió recorrer todos los rincones de México, de quedarse a dormir en chozas donde no había ni agua para tomar.
La califican como “retadora, disruptiva, entrona, que rompe los esquemas de la clase política”, pero tiene algo importante en contra: no es la candidata ideal de la alianza Va por México. Los partidos PAN, PRI y PRD, y en una de esas si se incluye Movimiento ciudadano, no la tenían en el radar y ello rompe lo imaginario que se tenía.
¿Dónde quedarían Santiago Creel, Enrique de la Madrid, Silvano Aureoles, Beatriz Paredes, Ricardo Anaya, Miguel Mancera, Damián Zepeda? Hoy la senadora ha puesto en una gran disyuntiva al poder mismo y a la oposición.
Lo que es innegable es que, en ella, los mexicanos, con su apoyo incondicional que se ha marcado en las redes sociales, ponen en una encrucijada a los partidos opositores. Si Morena hasta el momento la lleva de gane, con esta insurrecta indígena que no es ninguna improvisada, lo estará ya pensando en cómo eliminarla.
El dilema es tan grande, que varias voces la han animado a decirle que no se preocupe, que, si la batean, sería la única candidata independiente en la historia de México que podría tener el apoyo de medio país. Es exagerado creerlo, pero tampoco no hay que dejar de considerarlo.










