No esperar que las lluvias cobren la factura
Cada año, en temporada de lluvias, los tuxtlecos andan con el “Jesús en la boca” debido al peligro que se cierne sobre su integridad física por lo que representa que varios de los ríos que atraviesan la ciudad se desborden.
También, en esta época, se registran percances que en muchas ocasiones terminan en tragedia porque no hemos aprendido a tenerle miedo a la naturaleza. El año pasado, dos hombres fueron “tragados” por una alcantarilla que se encontraba destapada a un costado de la Central de Abastos.
Hace dos semanas, otro hombre sufrió lo mismo tras intentar ayudar a un conductor que se quedó atascado por la lluvia, quien en esta solidaridad fue succionado por la alcantarilla ante las fuertes corrientes de agua. Como estos dos casos, existen decenas en la que la falta de precaución al no medir el peligro, los ciudadanos pueden perder la vida
En otros, la inconciencia forma parte de la posibilidad de una tragedia, como la que estuvo a punto de generarse en la colonia Bienestar Social, donde un maltrecho, descerebrado e insensato conductor de un colectivo, con pasajeros a bordo, desafió la intensa corriente del agua y a punto estuvo de ser arrastrados, de no ser porque la unidad se quedó atorada entre dos viviendas.
Lo que queremos dar a entender es que aún no se dimensiona el peligro que se corre cuando nos creemos muy valientes y desafiamos a la naturaleza. El peor error se comete cuando nos consideramos superiores, pero prácticamente en ningún caso se le puede vencer, pues no sólo es agua la que transita con una velocidad “endemoniada”, sino que ésta arrastra piedras, palos, basura y todo tipo de residuos que se encuentra a su paso, producto de esa mala educación que tenemos de tirar los desechos a la calle.
Los esfuerzos de Protección Civil en muchas ocasiones son infructuosos. La ciudadanía no entiende que más vale esperar una hora o dos a que pare de llover o baje la intensidad de la corriente, a formar parte de las estadísticas mortuorias.
En la capital chiapaneca hay por lo menos 23 afluentes o riachuelos que cruzan la ciudad, de poniente a oriente o de sur a norte para desembocar todos al río Sabinal y éste directo a las aguas del Río Grijalva que hospeda, a su vez, al gran Cañón del Sumidero, cuyos desechos llegan a concentrarse en el llamado tapón, que se localiza en la parte media del coloso.
De estos afluentes, un gran número de ellos se encuentran embovedados y ello significa que existe la posibilidad de que revienten si existiera una jornada de lluvias de varias horas, No nos queremos imaginar lo que ello podría provocar.
Tuxtla ya ha sido escenario de varias catástrofes y pese a los esfuerzos que se han realizado, por la condición en que se ubica la mancha urbana, siempre se estará expuesto a sufrir una calamidad. No se trata de ser alarmistas, pero sí de que se tenga en cuenta que tomar las previsiones necesarias puede salvar la vida.
Las autoridades citan que los más peligrosos son los afluentes de Cerro Hueco, Lomas del Oriente, San Roque, Poma Rosa y Bambú. La población que vive en sus alrededores sabe de qué se está hablando. Además, a pesar de que se haya ampliado y reforzado al Río Sabinal, el peligro para por lo menos 25 mil personas que viven a su alrededor es latente, así como para quienes habitan cerca de laderas.
También habría que tomar en cuenta que no sólo lo que la lluvia genere en la capital es un peligro. Las corrientes de agua que provienen del municipio de Berriozábal se suman a la conformación de este fenómeno.
Qué ha habido una pésima planeación urbana eso es cierto, sin embargo, es lamentable que a pesar de la experiencia que se tiene al permitir que se sigan talando los cerros que rodean a la ciudad, los permisos para las construcciones de conjuntos habitacionales continúan. No hay poder humano que sensibilice que esto no puede seguir así. Obtener prebendas por aprobar estos procedimientos más temprano que tarde cobrará la factura. Aún se está a tiempo de reconsiderar lo que se ha estado haciendo mal.










