¡Fin a las inundaciones en Tuxtla Gutiérrez!
El Diario de Chiapas cumplió en días pasados 48 años de estar en la preferencia informativa. Durante todo este tiempo, en estas páginas se ha documentado la exuberante naturaleza que se tenía y que lideraba la riqueza majestuosa en materia ambiental.
El recuerdo de esta fecha memorable se hace en alusión a cómo se encuentran hoy en día y al mismo tiempo se compara con lo que se presumía. Por ejemplo, con una selva lacandona que significaba como la mejor oferta para el cuidado y la preservación del medio ambiente.
Y justo es que este pulmón natural de México, en las últimas cinco décadas, ha sido el botín de hombres que se han enriquecido a costa de la naturaleza, pero que, con el paso del tiempo, han puesto en predicamento a las autoridades ambientales, por la tala inmoderada de sus recursos naturales.
Quien ha tenido oportunidad de sobrevolar la Selva Lacandona se ha percatado que existen grandes extensiones de arbolado que han pasado a mejor vida. La destrucción de extensas zonas boscosas para sacar de ahí madera preciosa en calidad y cantidad, ha ido modificando los ciclos agrícolas, la extinción de muchas especies de animales que sufren los estragos de esta práctica irregular, permitida por las autoridades del medio ambiente.
Pero esta situación no sólo se presenta en esta zona, ya que el Soconusco o la región Metropolitana han sido castigados en los últimos años por la deforestación irracional y como consecuencia de ello ahí están las constantes inundaciones que sufre la capital chiapaneca por la grosera deforestación que se hace de los cerros que la rodean. La construcción de fraccionamientos, la edificación de casas o el asentamiento irregular de colonias en la parte alta de la zona del Zapotal o en las zonas poniente y oriente de Tuxtla Gutiérrez, son las causas principales de que se registren estas desgracias.
Quien haya vivido en Tuxtla desde hace más cuatro décadas sabrá dar cuenta que lo que se asienta es una realidad. Con decirle que la ciudad capital y el municipio de Chiapa de Corzo prácticamente se han unido y solo los separa el puente Belisario Domínguez. Lo mismo sucede con Tuxtla y el municipio de Berriozábal, en la zona poniente, faltan pocos metros para que sus colindancias fronterizas estén pobladas.
La destrucción de zonas boscosas es una amenaza latente para la capital, para el Soconusco e Istmo-Costa, pues sus ríos y arroyos pueden provocar severas inundaciones, y como ha advertido la académica Silvia Hernández, el riesgo de desbordamientos de los afluentes puede ser causa de una tragedia mayor en estos tiempos.
En cada árbol que se arranca se expone la vida. Eso es justamente lo que pasa en la capital, donde la zona centro o en las colonias donde fluyen los más de 50 arroyos, muchos de ellos subterráneos o embovedados, el peligro es latente. Sobre el tema ya se ha hablado, pero no deja de sorprender que no se haya hecho nada para resolver la situación.
Por ello es destacable lo que la Asociación Nacional de Profesionales en Resiliencia propone y que las autoridades de Tuxtla Gutiérrez e incluso del gobierno del estado, no deben pasar como desapercibido: Un “Sistema de manejo integral y control del agua pluvial” para evitar inundaciones en la capital chiapaneca”.
Romeo Palacios Suárez dijo que este proyecto ya estudiado y analizado mitigaría en gran medida los graves problemas de inundaciones que caen sobre la ciudad. Además, el proyecto ya fue avalado por profesionales del Colegio de Ingenieros Civiles que también se asumen parte de la Asociación.
La construcción de cuencas en las partes altas de Tuxtla, evitaría que se sigan registrando tragedias, por ejemplo, sobre toda la desembocadura que transita por las colonias de la zona norte y que desembocan a un par de cuadras al poniente de la Fiscalía General del Estado.
Hemos modificado las condiciones naturales del terreno y por tanto se ha provocado que cada vez que llueva los escurrimientos superficiales se tripliquen o se cuadrupliquen y los escurrimientos que ya existen naturales como el río Sabinal pues sean insuficientes y se tenga que construir obras más grandes, dijo Romeo Palacios.
El costo promedio de esta obra sería de 3 millones de pesos, según estimó el ambientalista. Si el proyecto ya lo tiene en sus manos la autoridad municipal, no debería pensarlo mucho para poder a empezar a planear su construcción y esperar que para el próximo año se contemple como una obra prioritaria. Esos tres millones se tiran a la basura cuando se anda en campaña, como lo que están haciendo las corcholatas.
Además, a decir del ingeniero Palacios, serviría como zona de mitigación para alimentar zonas áridas, pero, sobre todo, controlar la caída del agua sin control que baja de las partes altas de la ciudad.
El Sistema de Manejo Integral y Control del Agua para reducir y solucionar los riesgos de inundación tiene que ser, sin duda, una alternativa que no se debe dejar pasar. Ojalá que algún candidato, de esos que se andan posicionando en el sentir de la gente, alce la mano para ayudar a cientos de familia que cada vez que llueve rezan para que no les pase nada.










