Ebrard y sus vanos intentos por desbancar a Claudia

Bien dicen que en política no hay nada tema que no sea visionario, calculado. Es decir, ante un embate de uno de los actores políticos, el que lo lanza tiene medido las posibles respuestas y en consecuencia su plan para contraatacar.

Justo es lo que sucede en las campañas disfrazadas de las “corcholatas”, las cuales se han caracterizado por ser oscuras, light, algunas con mítines ‘inflados’ o con un discurso copia fiel al del presidente de México, como es el caso de la puntera Claudia Sheinbaum, que, aunque sigue en la lista de las preferencias electorales, se nota a mil kilómetros de distancia que no levanta.

Atrás de ella, pisándole los talones, Marcelo Ebrard busca por todos los lados acorralarla para dar el salto final rumbo a la carrera para ver quién puede ser quien gane las encuestas. Y es precisamente en esta parte de los recorridos, donde el ex canciller intenta someter a la ex jefa de gobierno de la Ciudad de México, obligándola a debatir para que la ciudadanía conozca realmente el potencial de cada uno de ellos.

A sabiendas de que se la lleva de calle, en el sentido de que es un hombre más enrolado en la política, Ebrard no alcanza a dar ese último estirón, pues la “corcholata” simpatía de Palacio de Gobierno no ha caído en su juego y bajo el argumento de que los enemigos son los de enfrente no los de casa, no accede a jugársela en un debate.

Además, lo llama a respetar los acuerdos de la competencia de selección del aspirante presidencial de Morena, pues entre los seis competidores del partido guinda se firmó “un documento que dice que entre nosotros no debe de haber debates”.

Lo escrito, todos sabemos, puede ser una norma, pero también puede representar un arma que se utiliza para exhibir la debilidad del contrincante, así sea del mismo equipo.

Y justo es acá donde a la señora Sheinbaum Pardo le faltan tablas que le restan puntos, pues muy fácil hubiese sido que aceptaba la propuesta del ex canciller a la hora que quisiera y donde quisiera, pues si hay un convenio dictado desde Palacio Nacional, era obvio que el propio dirigente del partido Morena tendría que salir a calmar las aguas y desautorizar lo planeado entre ambas corcholatas.

Significa ello que, hacia el exterior, la única mujer que puede ser la presidenta de México por Morena, refleja debilidad y falta de carácter para competir contra sus oponentes.

Derivado de esta negativa que le ha restado momios a Claudia Sheinbaum, el ex canciller buscó los reflectores contra Xóchitl Gálvez, la puntera del Frente Amplio Va por México, quien no le dijo que no, pero que no era el momento, ya que no es aún la candidata oficial, y por tanto hay que esperar.

Una respuesta más que política, sobria y entendible de acuerdo a lo que se está jugando, pues la panista fue más inteligente al responderle que Marcelo es un hombre muy inteligente, que por lo tanto sería un debate muy bueno, pero que no son los tiempos.

Y justo lo que dijo al inicio de este escrito, el ex canciller juega sus cartas para tratar de alcanzar y rebasar a la puntera. Señala que todos le tienen miedo para confrontar ideas. La desesperación de Ebrard es tal que hasta manda el mensaje de que el debate con Xóchitl puede ser a través de Tik Tok o en las redes sociales.

Ni una ni otra puede ser, pues lo importante de este encuentro tendría que ser presencial, en un auditorio donde haya reglas y que sea organizado por el Instituto Nacional Electoral. A la panista la intentan acorralar para descarrilarla del tren en el que se ha subido y que de ir en el vagón de atrás ahora, contra todos los pronósticos, acompaña al maquinista, al frente del ferrocarril.

Los cierto es que los tiempos se le acortan al ex canciller, pues tiene un mes y días para hacer algo que ponga en jaque a Claudia, ya que en lo que respecta a Xóchitl, su ocupación es ganar las encuestas para ser la candidata del Frente Amplio y ya después, con el tiempo suficiente al día de la elección, buscar rebasar a quien resulte ganador por parte de Morena.

De no reinventarse, Marcelo se irá rezagando en las preferencias. Hasta ahora sigue su juego de involucrar a la oponente del Frente, pero está claro que no caerá, pues por lo que se ve, le reditúa más popularidad y votos de simpatía, el que se esté “peleando” con el presidente de México, quien ha sido su principal coordinador de campaña, a menos que en un tiempo razonable nos tape la boca de que su estrategia ha sido para desacreditar y descarrilar a los conservadores.

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