Juan Toledo / Diario de Chiapas.

 Detrás de una puerta discreta, un grupo de personas se reúne todas las tardes para compartir experiencias, temores y logros. No hay distinción de edad, profesión ni condición social. En este espacio, operado bajo los principios de Alcohólicos Anónimos, el único requisito común es la voluntad firme de detener el consumo de alcohol.

El alcoholismo es reconocido por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad crónica y progresiva que impacta la salud física, la estabilidad emocional y las relaciones familiares. Sin embargo, el estigma social y el rechazo suelen postergar la búsqueda de ayuda, llevando a muchos a tocar fondo antes de aceptar el problema.

El pilar fundamental de la agrupación radica en el apoyo mutuo y el programa de rehabilitación basado en los Doce Pasos. En estas sesiones, la honestidad y el anonimato garantizan un entorno seguro donde cada participante puede expresarse sin ser juzgado. La guía de quienes llevan años en sobriedad fortalece la convicción de los nuevos integrantes para mantenerse alejados de la bebida, bajo la consigna de vivir «un día a la vez».

A lo largo de décadas, la presencia de estos grupos comunitarios ha representado una alternativa accesible y constante frente a las adicciones.

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